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La Puta "s" No Funciona

Me levanté contento, inhalando el rico olor de la mañana. Noté que la felicidad mañanera en la que me hallaba embebido era inamovible. Tonto error el mío. Perpetuamente habrá huella de mala leche, por parte del hado, claro. Me dirigí a la computadora, la prendí y le recé. Al finalizar mi plegaria, me acomodé para mecanografiar como cada mañana. Pero me llevé una terrible conmoción; ¡una debacle para mí!. Me di cuenta de que la 19ava letra del jodido abecedario en el teclado no funcionaba.
-¿Qué puedo mecanografiar omitiendo la 19ava letra del abecedario? –me pregunté, al tiempo que me tocaba la barbilla.
Llegó –pronto- la idea de que únicamente podría mecanografiar: "mi mama me mima". Muy fácil, me dije, nivel pollito. Yo puedo teclear algo mejor. Dado lo anterior, me acomodé bien en la poltrona y tecleé el cuento que cuento a continuación:

El pollito que amaba a la lorita

Hablaba la familia de religión en el bufete, nimiedad, dijo para él el pollito. Abatido tenía el cuerpo, luego de correr de la boca del gato de mierda durante todo el día. Pero, había algo, que le devolvía la energía, algo lindo y embriagador: era el recuerdo de paquita, la lora. Pollito quería "engullirla enterita"; lamer aquel piquito y aquella colita emplumada. Todo el tiempo que no corría del gato, lo dedicaba a lo onírico que era recordarla. La había contemplado por un breve periodo por medio de la ventana y caló tanto en él, que moría por verla. Pollito era un tipo muy inteligente; reconocía el peligro que corre un pollito al crecer. Por lo que trazó la meta de verla pre-mortem. La manera de hacerlo era ir al domicilio contiguo y explorar.
En plena canícula la familia aprovechó para ir a la playa, por lo que pollito agradeció la oportunidad de ejecutar el plan. Horadó la puerta del gato, para ir al exterior. Una vez allí, notó lo caliente de la acera. Al llegar a la puerta del domicilio contiguo, pollito agradeció al hado, por lo benefactor que fue con él, ya que la puerta también tenía una puerta para gato. Horadó la puerta, y dentro percibió el ruido gutural que hacía paquita, la lora. Fue guiado por el ruido. Llegó a un patio muy muy majo, y duda no cabía, paquita era la que colocaba a aquel patio en dicho nivel. Cuando llegó a ella, le conmovió encontrarla tan linda allá en lo alto, tan perfecta, tan aderezada, tan... tan paquita, la lora. Pollito trepó, y trepó y trepó, y volvió a trepar, ¡joder!, dijo, y continuó trepando, trepaba y trepaba y no dejaba de trepar. ¡Maldito piojo! –dijo en un momento- y continuó trepando. Recordó la canción del pollito, que rezaba: el pollito dice pio pio pio cuando tiene hambre cuando tiene frío. Nada tan alejado de la realidad como aquella canción –dijo- y continúo trepando. Trepaba y trepaba y no dejaba de trepar, como veía que podía, no llamo a nadie. Trepó. Y pollito llegó. Llegó y el corazón le tronaba, pero no por haber trepado, era por paquita que el corazón le tronaba. Le vio, primero, la colita, y continuó viéndola. Movió la patita y noto lo mojado del terreno ¬–nunca me ha ocurrido- dijo.
Pollito la rodeó, pegó el cuerpo al de ella, y notó que la colita de paquita, la lora, le impedía llevar a cabo la faena romántica, por lo que la apartó. Paquita la lora, notó el bulto, el nódulo, dentro de ella y ni bien lo notó, dio un grito parecido al rayo, pero, ya era tarde, pollito, ya la había capturado y no podía mover parte alguna. Pollito movió el cuerpo frenéticamente; arriba, abajo, abajo, arriba, a la derecha, a la izquierda, adentro, afuera, de costado, en ángulo, como pollito tomando agua, como el helicóptero, ¡CÓMO COLIBRÍ, incluso!; pollito aprendió en la práctica. Lo invadió la reflexión de mecanografiar un libro titulado: "mil y un meneo de pollito"
Al finalizar la faena, paquita, la lora, cayó, muy, muy, agitada al terreno. Y pollito quedó atónito, petrificado. No lo creía. ¿Y ahora qué? –dijo-. Lo siguiente que hizo fue bajar. Bajo y bajo, y bajo, y continuó bajando. Y bajo y bajo y como vio que podía, no llamo a nadie. Bajo. Y una vez abajo, emprendió rumbo al domicilio que lo vio nacer... Pollito huyó.
El atribulado relato culmina con paquita, pariendo, ante la mirada atónita del dueño, un lorito amarillo y con un padre perdido, pollito.

...


Al finalizar el relato, lloré. Lloré y lloré y no dejaba de llorar. ¿Cómo puede haber alguien tan malo como pollito? –me dije- alguien tan prepotente. Alguien que no ve por el primogénito que creó. ¿Cómo? ¿¡Cómo, joder, cómo!? Cuando de pronto, el teléfono timbra y una voz dice:
¿Cuándo reconocerá al hijo que engendró, maldito?, ¡venga a firmarlo!
Jemi1906 de marzo de 2016

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