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El Puente

El poblado de Vactrikok, no tenía nada de particular. Su gente era tranquila, dedicada al trabajo del campo y la cría de ovejas y cabras, como muchos otros pueblos de la región. Lo único que lo hacía diferente de los demás era el puente.

Si, un puente antiguo de piedra impecablemente construido por el imperio romano. Tremendamente resistente, compacto, hermoso, una verdadera joya de la ingeniería humana. Su arco majestuoso era el punto de unión entre las dos orillas del rio Mekof.

El Rio Mekof, atraviesa una amplia llanura en pendiente. En verano tiene aguas tranquilas, pero en invierno, sus aguas profundas se vuelven caudalosas y terribles, pues las constantes y copiosas lluvias que caen en las distantes montañas en que nace, descienden con tal furia y violencia que es imposible cruzarlo, salvo por el puente de Vactrikok, el único en ciento cincuenta kilómetros a la redonda.

Hacía dos años que había estallado la guerra. Ahora la amplia región del Mekof era esencial para las partes beligerantes. Pero la guerra por el río se libraba lejos.

El frente de batalla de la ribera sur distaba unos quinientos kilómetros de distancia de Vactrikok. Por este motivo el poblado estaba protegido por solo 15 soldados, al mando del teniente Huber Stanwich.

Estando tan lejos el frente de la ribera sur, era imposible que el poblado fuera atacado por los enemigos, ni siquiera mediante bombardeo aéreo, pues la mayoría de los aviones enemigos estaban desplegados muy lejos. La base aérea enemiga mas cercada estaba a mil trescientos kilómetros de distancia y no contaba con naves con suficiente autonomía de vuelo para una misión tan lejana.

Sin embargo nadie se había percatado, que la noche del 16 de julio, un grupo de bombarderos se adentró novecientos kilómetros sobre las nubes de las vastas llanuras del Mekof. Los bombarderos, con tanques adicionales de combustible, remolcaban veinte planeadores llenos de comandos altamente entrenados. Los meteorólogos enemigos habían descubierto una excepcional corriente de viento del mes de julio, capaz de llevar a estas singulares naves muy cerca del puente una vez que sus remolcadores las soltaran,

Las naves aterrizaron aparatosamente la noche del día 17, más cerca de lo que todos pensaban, a unos treinta kilómetros de Vactrikok. Con capacidad para once comandos incluyendo al piloto, y tres bajas al aterrizar, el grupo enemigo quedó conformado en tierra por un total de 217 hombres perfectamente armados y equipados. Tras cubrir los aviones (ya inservibles por el impacto), los conamdos se dividieron en dos grupos, para atacar los dos flancos inmediatos de la ribera sur del puente. El ataque se ejecutaria la noche siguiente, el dia 18.

Frente al puente, inmediato a la ribera norte a la distancia adecuada, sobresalía un bunker de concreto armado, algo así como la más mínima expresión de una sección de la poderosa línea Maginot. En la cúpula había una ametralladora Browning M2 calibre .50 (cuyo apodo militar es: Mamá dos), capaz de disparar quinientos cincuenta proyectiles por minuto, con un alcance eficaz de 1.800 metros y uno máximo de seis kilómetros. El arma dominaba el área del puente desde una rendija horizontal.

Cuando el joven Mika de ocho años, hizo señas a los soldados que estaban en el Bunker, estos le dijeron que subiera por la parte trasera. Alegre el muchacho subió. Ya dentro echó una mirada, vio una pesada viga de acero recostada en el interior, y una buena cantidad de cajas de municiones, luego saludó los a cuatro soldados que allí se encontraban: Johns de Tennessee, Giulianni de Nueva Jersey, Pérez de Florida y Mcferson de Minnesota.

- Mi madre horneó treinta panecillos para ustedes, dos para cada uno. También le envía un tarro de café  dijo el muchacho.

Aquellos panecillos caseros y el café eran el cielo. Recordaban el hogar distante dejado atrás para luchar en tierras lejanas.

El niño fue hacia la ametralladora y como todos los días de los últimos seie meses, preguntó:

- ¿Cómo funciona?

Mcferson, volvió a explicarle, como cada día, total, por aquellos panecillos y el café, valía la pena repetir lo mismo por toda la eternidad. Si el niño no entendía, mucho mejor para ellos. Volveria con mas panecillos y café.

Pasado un rato Mika preguntó por el teniente Stanwich. Ante la pregunta Giulianni le respondió que estaba con los otros hombres patrullando al otro lado del puente.

Al rato, la se oyó la voz de la madre del niño que estaba al pie del bunker:

- ¡Mika, ya es de noche, es hora de ir a casa para dormir!

En ese instante uno de los soldados que miraba por la rejilla observó movimientos al otro lado del puente, era el teniente Stanwich que regresaba con los otros hombres.

Los cuatro soldados que estaban en el bunker tomaron al niño de la mano y en un acto imprudente, bajaron todos con él para recibir a sus compañeros y darle las gracias a la madre, acercándose cada vez más al puente.

Justo antes de que el teniente y sus hombres pisaran el extremo sur del puente, comenzó una lluvia de disparos.

Las balas enemigas dominaron el lugar. Stanwich cayó muerto con cinco de sus hombres, mientras los restantes, sorprendidos, tomaban posición en el puente. ¡Había que evitar que el enemigo pasara!.

En la otra orilla, Johns y Perez corrieron y se posicionaron en el extremo norte del puente, para repeler la acción enemiga, reforzar a sus compañeros y dar tiempo a y Mcferson y Giulianni de, activar la ametralladora y poner a salvo a la mujer y al niño. Mientras corrían, el enemigo preparaba una lluvia de disparos de morteros contra el bunker.

Los dos hombres tomaron de la mano al pequeño y a la madre, y se dirigieron al bunker. Antes de entrar, Giulianni cayó muerto y Mcferson estaba gravemente herido. Al traspasar la puerta, un tiro de mortero hizo impacto en la parte trasera, generando una fuerte explosión que cerró la puerta, no sin antes introducir parte de la onda expansiva al interior de la fortificación.

Afuera, la desigual lucha continuaba. Aquellos pocos soldados, desesperados trataban de evitar el paso del enemigo. Uno de ellos logro activar el radio y llamar a la base principal informando de la situación. Se le indicó que no se disponía de apoyo aéreo porque los aviones estaban desplegados en una misión distante. La ayuda solo era posible por tierra y tardaría unas ocho horas en llegar.

Ante el terrible estruendo de las armas los habitantes del poblado salieron de sus casas, y huyeron despavoridos. Solo quedaron los combatientes.

Cuando el humo se disipó en el interior del bunker, la madre, aun aturdida por el golpe buscó al pequeño Mika. Observó la viga había de acero caída sobre el cuerpo del soldado y del niño. Mcferson estaba muerto, el niño estaba bien, pero quedó prisionero bajo el peso del metal. La madre desesperada, trató de sacarlo, pero aún superando el límite de sus fuerzas no pudo.

- Mamá, es imposible que yo salga de aquí, déjame y vete, sálvate tú - dijo el pequeño al ver el esfuerzo imposible de su progenitora.
-
- La madre, con los ojos llenos de lágrimas miró a su pequeño. Por aquellos tiempos estos enemigos, no tomaban prisioneros. A pesar de su condición civil, la muerte estaba asegurada.
-
Mika, tan pequeño, solo viviría ocho años y en los últimos dos solo escuchó historias de devastación y guerra. Completamente desguarnecidos, en minutos quedarían completamente solos, pues afuera, los disparos del lado norte del puente eran cada vez menos. A lo sumo, en ese instante quedarían uno o dos defensores en pie. ¡Técnicamente, el puente estaba perdido!.

- ¡Mamá vete! repitió el niño

La mujer miró a Mika con ternura, acarició su cabeza y le dijo con voz suave:

- Mi pequeño Mika, ahora vas a contarle a tu madre sobre lo que aprendiste en estos días&

Dos días más tarde, el general Rich Ferguson, prendía uno de sus habanos favoritos. Un Joven pidió permiso para hablarle, el cual le fue concedido:

- General, disculpe, soy la persona que estuve de guardia en la radio cuando se nos reportó el ataque al puente de Vactrikok&. Señor lamento que hayamos perdido el puente.

El general Ferguson frunció el ceño, miró al muchacho y sonrió, entonces preguntó:

- ¿Y quién ha dicho que perdimos el puente? y agregó el puente sigue siendo nuestro muchacho.
-
El joven, con cara de sorpresa y alegría, expresó:

- ¡Señor me alegra que la ayuda llegara mucho antes y que hayamos expulsado al enemigo!. Sin embargo el general indicó:

- No llegamos antes, al contrario, en vez de ocho horas tardamos doce y cuando llegamos ya no había enemigo que expulsar.

- ¡Pero Señor¡&entonces& ¿cómo ha sido posible? -Interrogo el joven y el general respondió:
-
- Muchacho, hubo un pequeño detalle con que el que los atacantes no contaron. En ese bunquer había un niño de ocho años en peligro de muerte y una madre desesperada por salvarlo. También estaba nuestra Browning M2 calibre .50 a quien los militares llamamos "Mama dos". Quizás con una sola madre hubieran podido, pero, desde el momento en que la dos mamás se unieron, simplemente... perdieron el puente.




Nota del Autor:
Este Relato forma parte de mi libro titulado "Historias de la Fragua" que pueden visualizar en la siguiente dirección:
http://www.autoreseditores.com/libro/8777/jose-alfredo-pulido-gonzalez/historias-de-la-fragua.html
15 de enero de 2017

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