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El Viejo Baco

Sentado sobre una piedra, frente a viñedos cuya mirada no alcanza a ver, se observa las manos arrugadas, vacías; los pies cansados, callosos, viejos. Y su ya escasa memoria recuerda dulzonas vaharadas de mosto caliente en lagares lejanos y calurosos meses de septiembre.

La agradable sensación de la pulpa y los hollejos entre los dedos de pies aún jóvenes, criados entre vides propias y ajenas, se asoma a su mirada; donde unos ojos de diferente color, tinto el uno y blanco el otro, herencia maldita de su padre, siguen observándolo todo como agracejos en busca de un sol rebosante y vivificador. Mirada generosa para unos, insondable para otros, inquietante para casi todos, que desencadena dulces y amargos tragos entre aquellos que le rodean.

La lucha tenaz y orgullosa por arrancar de la tierra y de las vides el fruto de sus sueños, siembra de luces y sombras una existencia marcada por la angustia del tiempo y las cosechas, por la paz y el reposo de los caldos. Y así, postrado frente a sí mismo, tejiendo y destejiendo fragancias y sabores cual resignada Penélope, reviviendo eternamente su propia locura; el más festivo y alegre de los dioses, señor del éxtasis, dueño de arrebatos y delirios, envejece en barricas de roble añadiendo a su sabiduría secretos y complejos aromas que jamás revelará a las legiones de simples mortales que le aclaman y vitorean.
06 de julio de 2018

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4 Comentarios

  • Luia

    Excelente, Jucapega.

    Saludos

    06/07/18 03:07

  • Jucapega1963

    Gracias, Luia. Saludos.

    06/07/18 07:07

  • Regina

    Me gustó mucho tu texto, recordé viejos recuerdos con él. Saludos cordiales.

    07/07/18 06:07

  • Jucapega1963

    Gracias, Regina. Un saludo.

    07/07/18 09:07

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