Palomitas (un Cuento de Navidad)

Mi pregunta siempre era la misma, todos los años: - ¿A qué huele la Navidad, abuelo? Y él me respondía siempre igual, incluso cuando los vapores de la demencia paseaban ya, sin remedio, por su cerebro:

- ¡Diantre de chico este! ¿A qué va a oler, mocoso? La Navidad huele a anís aguado y a papel. Y así, año tras año, aparentando ser el cascarrabias que nunca fue, jamás modificó su respuesta hasta el día de su muerte.

Hoy sigo escuchando los gritos, las carreras a lo largo del pasillo de la vieja casa de mis abuelos, la olla rodando con estrépito, y la pava en pepitoria, que cocinaba la abuela Petra por Navidad, desparramada por el suelo de la cocina..., después silencio, solo silencio y lágrimas, muchas lágrimas.

Aquella Navidad el espíritu de mi abuelo se quedó dormido y echó a volar despacito, acompañado por un ejército de palomitas de papel mojado con anís, que impregnaron para siempre con su aroma mis recuerdos.

- ¡Mamá, mamá, el abuelo está muy quietecito, no se mueve, no dice nada, y no deja de mirar fijamente a sus palomitas!

Era yo el que, muy bajito, susurraba esas palabras, asustado entre los brazos de mi madre. Tenía ocho años y no entendía que mi abuelo se hubiese marchado sin tan siquiera despedirse de mí. Quedó allí, sentado en su sillón de orejas, mirando fijamente a sus palomitas preferidas, una de anís custodiada a ambos lados por otras dos de papel que él mismo había estado haciendo, como de costumbre, durante aquella tarde.

Se llamaba José, pero todos le conocían como el Palomitas. José el Palomitas vivió siempre rodeado de ellas, y así murió también. No recuerdo un solo día que no le acompañasen, que no estuviesen cerca de él. Me contaba que, siendo muy niño, su padre le había enseñado a hacer palomitas de papel con periódicos viejos y papel usado, que llevaba y traía en sus idas y venidas a la chatarrería para ganarse unas perras; ya que la tierra no daba lo suficiente para saciar el hambre familiar.

También me contaba que no todas las palomitas eran de papel, que había algunas tan seductoras como la voz del atardecer, otras tan dulces como los besos de la noche, y solo unas pocas tan olorosas como la piel de un nuevo amanecer. Palomitas en vasos, en copas, que su mujer preparaba mezclando anís, agua y amor a partes iguales. Palomitas que le cautivaron, que le embriagaron de vida incluso en los peores momentos.

Entonces también me hablaba de la guerra y de esas otras palomas, las mensajeras, a las que había criado y educado durante décadas, en su juventud; con las que enviaba cartas de amor a la abuela desde Sevilla, cuando estuvo trabajando allí, a jornal, en una fábrica de plátanos; y que más tarde le requisarían los nacionales, reclutándolas para que llevaran mensajes menos emotivos, más prácticos. El pobre nunca pensó que sus palomas pudieran volar llevando mensajes que causarían la muerte a cientos de personas.

Después de aquello solamente se dedicó, con manos cada vez más expertas, eso sí, a las palomitas de papel, mucho más delicadas e inofensivas, con las que mataba solamente el tiempo y los malos recuerdos; y a las palomitas de anís, que su mujer seguía preparando en dos pequeñas copas que llenaba de anís barato hasta una delgada línea roja donde comenzaba la batalla con el agua. Esas fueron sus únicas guerras.

Por eso hoy, cuando las luces de la ciudad nos deslumbran hasta cegarnos, cuando las galerías comerciales y la televisión imponen su estudiado servicio de compra-venta, cuando Papá Noel ya solo viaja por internet y los Reyes Magos utilizan sus teléfonos móviles para transportar los regalos de una chiquillería cada vez más saturada de todo; cuando mi hijo me pregunta: - ¿A qué huele la Navidad, papá? Yo siempre le respondo lo que mi abuelo, José el Palomitas, me decía a mí: ¡Diantre de chico este! ¿A qué va a oler, mocoso? La Navidad huele a anís aguado y a papel.


A mi abuelo Pili (antes José).
A mi abuela Ana (siempre la Andaluza).

A todos los abuelos que han podido disfrutar de sus nietos,
...y a los que no tuvieron esa suerte.

28 / diciembre / 2016

Etiquetas:

2 Comentarios

  • Nani

    Ufff precioso, emociona al que lee...

    Un saludo

    Nani

    28/12/16 08:12

  • Jucapega1963

    Gracias, Nani. Me alegra que te haya gustado. Saludos.

    28/12/16 09:12

Mas de Jucapega1963