Trece AÑos

Trece años para jugar a levantar castillos en el aire, trece años para tantear el primer amor, trece años para divertirse y entristecerse por cualquier cosa, trece años para correr alocadamente detrás de los primeros sueños, trece años para sufrir las primeras desilusiones, trece años para ser amado, protegido, para ser reprobado, censurado; trece años para sentirlo todo con la intensidad del que tiene toda la vida por vivir.

¿Qué puede pasar por la cabeza de un niño de trece años para que sea capaz de matar salvajemente a un profesor con un machete y tratar de hacer lo mismo con los que hasta ahora eran sus compañeros? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Cuándo perdimos de vista al niño sin darnos cuenta de que un asesino se asomaba al balcón de sus ojos? ¿Cómo es posible que se hable ahora de una lista negra, de intenciones de ejecutar a los profesores en un futuro no muy lejano, de rarezas de personalidad? ¿Dónde estaban los apoyos que se supone que este niño necesitó cuando se observaron sus primeros desequilibrios? ¿En qué pensaban y qué hacían sus padres cuando el niño de trece años se declaraba partidario de las armas y de la violencia en sus devaneos en la web?

Preguntas y más preguntas que nos estrangulan la garganta sin dejarnos aire suficiente para respirar, preguntas para una infancia que se nos escapa de las manos sin que encontremos respuestas mientras dejamos que nuestros niños y niñas se conviertan ante nuestras propias narices en monstruos inimaginables.

Trece años, ciento cincuenta y seis meses, cuatro mil seiscientos ochenta días. ¿En qué momento perdimos el control y se nos olvidó cuidar del niño que crecía sin medidas ni gobierno? ¿Cuándo confundimos la libertad con la falta de autoridad suficiente?

Trece años no es más que un pequeñísimo soplo en el vendaval de una vida, de una vida por hacer que ha destruido otra vida que también estaba por llenarse de suspiros, sollozos y risas. Vidas que ya no son más que muerte cierta y muerte en vida.

Hoy todos los que nos dedicamos a la educación estamos consternados, nos sentimos huérfanos de principios y seguridad, afligidos por trece años de condena, conmocionados ante semejante cataclismo, desamparados y faltos de sueños y energía para continuar con la tarea más bonita e importante de todas: “un acto de amor, un acto de valor” (Paulo Freire).

Juan Carlos Pérez García (Maestro)

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2 Comentarios

  • Superandoloimposible

    Fantástico artículo. Creo que toda España está asombraba por este trágico suceso. Yo tampoco sé qué estamos haciendo mal, pero me gustaría averiguarlo. Creo que hay falta de amor y de valores en el mundo, mucha falta. Un besoo.

    21/04/15 08:04

  • Jucapega1963

    Gracias por tu comentario, Superandoloimposible.

    01/05/15 12:05

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