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Seiko 3000 - Capitulo 91 - El Tercer Libro de Pandora

Eloise tardo bastante en cavilar y en darse cuenta que, el joven de 11 años al que veía como una amenaza, era Fran, bastante más crecido pero más pervertido de lo que se hubiera imaginado.
- ¿¿Qué?? ¿Qué haces tú aquí?
- Tranquila, supe por tus padres que andabais en Balcania y vinimos a buscarte
- ¿Por qué? ¿Para qué? – Eloise estaba al borde de la desesperación
- ¡Eh! Tranquilízate… ¡Eloise! – dijo Salvador zarandeándola un poco.
- Venís a matarme… ¡Cómo hicisteis con mi familia!
- No… ¡No!
Pero, por más fuerza que hizo Salvador, no pudo retenerla y se marchó adentrándose en la selva. El espectro azul se desvaneció hacía un buen rato.
- No podemos dejar que se escape – dijo Fran
- La has asustado, imbécil – dijo Roberto – Ahora nos costara dar con ella más de lo necesario. Ahora te quedas aquí con Cassandra.
- ¿Ehhh? – Dijo la Deltario indignada - ¿Por qué? ¿Y por qué con él?
- Por que te lo ordeno… Alcoida, Salva, nos vamos
Y los tres se adentraron en la oscuridad dejándoles solos en pos de Eloise.
Mientras se lanzaban en búsqueda de la rauda Niala, Roberto no pudo evitar preguntar a los Aimier.
- Ese barco… Seguro que era de La Fuerza…
- Me extraña – blandió en contra de Roberto – La Fuerza no disponía de medios marítimos en el año 83, al menos, en Balcania…
- ¿Cómo sabes eso? – le preguntó, agotándose de hablar y de correr a la vez.
- Me documente gracias a Matías…
- Típico de mi hermana – dijo Salva con una gran sonrisa – Si en su mano está, siempre cabe una cosa más.
Y alejándose cada vez más no percibieron que Eloise, lejos de huir, les seguía.
- No son peligrosos, pequeña – dijo un fantasma de color gris a su espalda.
- Pero saben quien soy y de que soy capaz…
- Pero… ¿acaso eso no es bueno? – dijo otro fantasma verde, algo más joven.
- Van detrás del libro…
- ¿Del libro de Pandora? – preguntó el consabido fantasma azul de antes
- Exacto –afirmó Eloise – Aunque según como van, irán derechos a la trampa de los ladrones…
- No, Eloise – dijo el fantasma Azul, interponiéndose entre su objetivo, aunque avanzando igual que ella – Basta de tonterías y rencores ya preescritos…
- Nada de eso – y Eloise avanzó más rápido que los espectros, dejándoles atrás.
- Jericó… - dijo el fantasma verde, resoplando – Siempre tan estricto
- Eloise no se deja domar así como así – dijo el viejo fantasma gris – Aunque su mente es pura su manera de actuar es alocada e intempestiva
- Abuelo, esos comentarios sobran… - dijo Jericó
- No respondas así a Abra – dijo el joven fantasma verde
- Hugo, sabes tan bien como yo, que a esa chica le falta un hervor
- No lo dudéis – dijo una clara voz a su espalda. Una silueta femenina de un brillo naranja vivo les sorprendió a todos los espectros.
- Sarah – dijo Jericó intentando aclarar lo sucedido – Eloise se ha envalentonado…
- Lo sé… Esa manera de actuar les ayudara mucho a sus amigos a partir de ahora
- ¿Sus amigos? – dijo el joven Hugo
- La esencia del planeta ha elegido que el líder Aimier se lleve a nuestra guardiana.
- Si es voluntad de Gea… – dijo un derrotado Jericó – Así sea…
Y los espectros se desvanecieron.
Los chicos se dieron cuenta tras pasar una gran pradera, que lago no marchaba bien. Alcoida lo percibió antes y detuvo a Roberto antes de que éste cayera en una profunda grieta. Quien lo vio después, fue Salva pero era demasiado tarde. Sólo pudo concentrar en un paso corto toda su fuerza en el pie y llegar al otro lado.
De milagro.
Sorprendido del salto gritó a Alcoida que volvieran al refugio. Ahora era su turno. Desenfundó su pistola y avanzó con extremo sigilo a través de la espesura de la selva. No iba por ningún camino. Solo avanzaba hacia la presencia a un objeto. Algo muy conocido y que estaban buscando. El tercer libro de Pandora.
Descubrió la entrada a una caverna pequeña justo delante de él y se atrevió a entrar. La caverna era pequeña pero corta. Al final había un pequeño altar con varias velas a su alrededor. Guirnaldas de flores rodeaban el altar de piedra y una estatuilla de madera, con forma de divinidad con los brazos abiertos presidía un mural con diversos temas de caza y labranza. ¿Habría hecho todo esto Eloise?
El cuadernillo, más grueso y más nuevo que los dos anteriores estaba unido con los cordeles ya habituales pero sus páginas no habían obtenido el tono ocre del primero y el segundo e intuyo que algo no funcionaba.
Una roca enorme sello la gruta atrapando a Salva dentro de ella.
- Si deseas proseguir, algo deberás herir…
La voz procedía de algún punto dentro de gruta. Y no era la voz de Eloise.
Si los ojos no le engañaban, la estatuilla del mural era la que estaba hablando.
- Si deseas algo, sigue buscando…
Y empezó a notar que él aire se agotaba. Las velas consumían más oxígeno y antes de lo que hubiera pensado, habría muerto ahogado.
- No tardes mucho más, ya que terminaras muy mal…
Sus ojos se fijaron en tres cosas que podía “herir”. La estatuilla, alguna vela o el propio libro. Puesto que eso era lo que él quería, quiso acabar con todas las velas salvo una. Pero la pistola no le funcionaba.
- Si necesitas su fuerza, jamás saldrás de ésta…
Y la pistola se le cayó. Hincó la rodilla derecha. Las fuerzas le estaban abandonando y pronto llegaría su final. Jamás pensó que una pariente le hiciera eso. O tal vez… Que un Aimier cayera ante una trampa… tan sencilla.
- Sucumbirás a la oscuridad, cuando ni una vela quede más
La mitad de las velas ya se habían consumido cuando, aún falto de aire, se dio cuenta de que debía “herir”. Se levantó y sacó su espada del alcalde. Su peso era considerablemente superior que las anteriores veces y le constó un triunfo situarse delante del altar. Si quería salvar el libro, antes debía…
- Con un solo intento más, todo acabará…
- ¡Basta de fantasías! – bramó Salvador con furia.
Y descargó su espada contra el altar. Partió el libro en dos. Junto con el altar…
- La prueba de un Aimier cumplida está, y su recompensa obtendrá
Y el Aimier se derrumbó.
Tardó bastante en despertarse. Eloise estaba a su lado, manando lágrimas sobre él. Cuando se reclinó observó que estaba fuera de la gruta, ahora con una siniestra iluminación de una única vela. ¿Le habían sacado… o estaba muerto?
A su alrededor no había nadie más y Eloise lloraba, sin parar de frotarse los ojos.
- ¿Eloise?
De pronto, como si hubiera visto como resucitaba un cadáver, Eloise le miró atónita
- Pe… Pero… Pero… ¡Si estabas muerto!
Salvador se levantó como si nada hubiera pasado.
- Ya ves, sigo vivo y coleando
- Eso es… imposible… No tenías pulso…
- Ahora ya sabes por qué soy un Aimier
Y Eloise, arrodillada e impresionada vio como delante de Salvador apareció el libro de Pandora, intacto.
- ¿Y ésto? – dijo cogiéndolo con delicadeza.
- Es la prueba de Gea que los espectros me ordenaron... Para que “tú” la pasaras…
14 de septiembre de 2009