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Seiko 3000 - Capítulo 98 - El Cascabel

Hacía frío. Un frío como nunca antes había soportado. Las montañas de Montepez parecían un verdadero muro natural y muchas de sus laderas eran impracticables. Conseguir ocultarse durante años en cuevas hechas por Fran era una tarea ardua pero al menos se estaba cómodo y al resguardo de las frías noches de aquella región y de los ventosos días de invierno.
Fran no se sentía así desde que vio como su hermano asesinaba a su familia en el propio avión del que escapó minutos antes. Desde aquel momento, su corazón dejo de latín con tanta fuerza como antaño. Su propio hermano le había arrebatado su familia.
Al volver a encontrar a Eloise de nuevo, con su mirada ámbar penetrante y su esbelta figura, el corazón volvió a bombear sangre caliente a sus venas calentando su pálido cuerpo. Deseaba, que una vez resuelto el conflicto de los Aimier, casarse con ella. Se había sentido culpable desde que hubiera dejado marchar a sus padres aquel día que le dejaron el Libro de Pandora y huyeron con otro.
El abandonarla supondría que no valdría para nada más. Ni para sus parientes Aimier ni para nadie.
- Que mono…- dijo Eloise sujetando un canto rodado del tamaño de su palma de la mano. Lo había cogido de la estantería de muestras de la abandonada sala de operaciones de la bóveda de Erebo.
- Ten cuidado con eso, no parece nada bueno – le espetó Fran
- Pero si no pasa nada – dijo Eloise. Sin saber porqué, la pequeña piedra se partió en dos y empezó a salir un fluido verdoso de el impregnando las manos de la joven.
- ¡Oh, mierda! – Gritó Fran - ¡Ayudadme!
Mientras pedía ayuda a los demás con gritos de auxilio. Eloise se desplomo sobre sus rodillas. El líquido viscoso le empezó a serpentear entre los dedos y poco a poco iba subiendo por sus muñecas.
Fran se abalanzó encima de la muchacha tratando de mantenerla despierta. Se veía que perdía la conciencia y el brillo de sus ojos. Trataba de mantenerla consciente con palmadas si darse cuenta que parte del liquido contaminante se coló entre sus ropajes y le afecto a ambas manos.
- ¿Qué pasa? – preguntó Salvador con la pistola en ristre. El resto del equipo le seguía atrás. Cassandra pego un grito cuando vio que el líquido que les afectaba emitía un resplandor verdoso. Hasta ese momento Fran no se percató de lo que le sucedía.
El líquido intentaba introducirse en su piel pero algo en su interior se lo impedía. Sin embargo, el contacto le quemaba la piel. Alcoida dio un paso adelante y recito una oración sanadora.
“Halitos de esperanza. Remedios espirituales. Hacer que estas personas puedan ahuyentar sus males”
Como si de un sueño se tratase el líquido desapareció de sus manos y la sensación de quemazón también. Levantando a Eloise y poniéndosela en sus hombros, Fran descubrió que las manos de ambos tenían la misma quemazón.
- ¿Qué demonios era eso? – preguntó Roberto preocupado
- Creo que lo sé… - dijo Salvador guardando el arma.
Entre Salvador y Fran ayudaron a Eloise a tumbarla en una camilla limpia que había en la sala. Tras ello se dirigió al estante de las muestras
- Lo estudie gracias a un compañero de armas durante mi entrenamiento militar en Delta Valley – cogió una roca del tamaño de un puño y se lo mostró – Esto es una Amanista, una roca 100% mineral y valorada en millones.
Arrojó la piedra de nuevo al estante y cogió otro canto rodado como el anterior.
- Esto es una Oblea. Contiene una sustancia toxica relacionada con el Seiko pero que es invasiva. Se rumorea que se trata de una bacteria buscadora de huéspedes. El resultado lo tenéis ahí mismo – dijo señalando hacia Fran y Eloise, dormida.
A Salvador le resulto curioso encontrar un bote con unos guijarros de borde aserrados que se movían misteriosamente entre ellos.
- Eso se llama Mortaja – dijo Alcoida. Lo había visto antes – Se trata de una macro-bacteria que se alimenta de carne y de elementos orgánicos. Es tan peligrosa que nadie a querido experimentar con ella. Salvo los Ustules con ciertos amigos mios…
Tras imaginárselo todos un instante, eliminaron el tenebroso recuerdo mirando a Salvador. Estaba mirando de reojo otra roca. Gris, picuda y del tamaño de una pelota de golf.
-Así que esto es el Filium – dijo tras un largo rato – Jamás lo había visto.
Kas se le acercó y vio que había una nota cercana. “No dejar manipular por Ustules”
- Es un catalizador –explicó Salvador con los brazos cruzados y con una mirada amenazadora – Sirve para que los conjuros Ustules sean más rápidos y más potentes. Ojala pudiera eliminarlo.
- ¿Por qué no puedes? – preguntó Kas
- Esta maldito – contestó Alcoida viendo que su hermano encolerizaba por momentos – Si lo tocamos, al ser una parte de Troyana, moriríamos al instante.
Pero Salvador cambió de gesto. Un resplandor dorado detrás de unas pesadas rocas brillo indicándole el lugar de una pequeña y redonda roca amarilla.
Se inclino a recogerla y al cogerla sonó un timbre suave y tintineante.
Un cascabel.
-Esto es…
- ¿Un simple cascabel? – dijo Roberto
- No – dijo Alcoida, tan asombrada como su hermano – se trata de Aurum. Lo contrario de Filium. Es como un bote de esencias mágicas de los Aimier. Mejor dicho un tarro de esencias del planeta.
Salvador encontró un importante objeto en su búsqueda.
Tras recuperar a Eloise, el grupo se fue de la Bóveda de Erebo por un conducto al sur
11 de mayo de 2011