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Seiko 3000 - Capitulo 99 - El Primer Hermano: Varios, El Atacante

La pobre Andrea no sabía dónde meterse. Aquella bestia roja rugía constantemente y la obligaba a taparse los oídos cada dos por tres impidiéndole soltarle una buen ráfaga de plomo.
- Maldición…. Ahora entiendo la mala fama de este lugar
Era casi imposible acertarle y durante las dos horas que estuvo enfrentándose a él, sólo se dedicó a huir de sus espantosos rugidos. Ahora estaba escondida en un camarote semihundido de un viejo patrullero balcano con el agua a la altura de sus muslos. Detestaba mojarse pero por trabajo, eso le importaba un pimiento.
A las 2 horas de haber encontrado un escondite y de idear una estrategia de volver por tierra a Balcania, oyó un grito de sobresalto.
Salvador jamás había visto una bestia que le inspirase tanto terror. La criatura les pilló de improviso de la caverna que conectaba el Erebo con una zona nublada. Fue Roberto el primero en dispararle. Las balas del rifle apenas le hicieron retroceder. Era una bestia acorazada con una brillante piel de rubí.
- ¡Salva! ¡Vamos! – dijo Alcoida intentando espabilar a su hermano – ¡O te matará!
Salvador veía muy complicada la batalla que se les avecinaba. Por más que disparasen Rober y él, las balas le rebotaban sin que la criatura se inmutase, Mientras Eloise se escabullía de sus zarpas retándole a seguirla, Fran intentaba por cualquier medio en darle caza con cuchillos ocultos en su ropa. Cassandra, con unos reflejos innatos y tremendos se cruzaba siempre en el camino de la bestia. Aunque su golpes parecían delicados, en realidad eran devastadores golpes y tan precisos como los cortes de un cirujano. Alcoida había conseguido obtener más poderes mágicos con los que asistir al grupo aumentando sus mejores habilidades. Puntería, fuerza, rapidez…
Pero Salva estaba desquiciado. Ni con su espada ni con la espada del Alcalde podía dañarla. En cambio, la bestia le contraatacaba con fiereza.
Estuvieron más de media hora luchando con valentía pero el cansancio de la caminata anterior junto con la extenuante batalla les hacia mella. La criatura dio una vuelta completa y consiguió que todo el grupo coincidiera delante de él. Alcoida se percato de aquella estratagema y conjuro un escudo. A pesar de que lo hizo pronto, el escudo no evito que el envite de un fulgor descomunal de la criatura les empujase lejos de allí. Rober y Alcoida cayeron cerca uno del otro mientras que Eloise y Fran cayeron al mar.
- ¿Dónde ha caído mi hermano? – pregunto Alcoida nada más levantarse.
Salvador había atravesado cinco chapas de un acorazado. En el último momento se puso por delante de todos para hacer de escudo humano y recibió gran parte del impacto. Gracias a su fuerza interior había resistido el ataque a pesar de salir despedido como si hubiera sido embestido por un camión de 30 toneladas. Tras atravesar el barco con extrema facilidad reboto sobre el agua y cocho contra algo más blando. Agradeció que fuera así el final de ese tremendo viaje. Empezó a incorporarse y palpo lo que parecía un cojín.
- Que raro – estaba palpando más sin saber que era – Hay dos, pero uno es diferente tiene como menos relleno…
Andrea Xexeina le devolvía una mirada asesina.
- ¡DEJA DE TOCARME EL PECHO, SO GUARRO! – Y le golpeo con la misma fuerza que había hecho el primer hermano. De la tremenda fuerza voló por los aires y cayó a plomo sobre la criatura.
El impacto sobresalto a todos y se dirigieron a donde había caído Salva. Su grupo y Andrea le encontró frotándose la barriga y encima de la criatura, que había perdido el sentido.
- ¿Pero cómo? – Se preguntaba Fran
- Menudo viaje – decía Salva dolorido – De haber sabido que la bestia se eliminaría así preferirá que lo hubieras hecho tú, Fran.
Todos se rieron excepto Fran. Y Andrea.
- No tiene gracia – dijo la cazadora con voz tensa.
- Por cierto, no nos conocemos – dijo animadamente el soldado – yo soy Salvador Aimier. ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?
Andrea parecía tener un humor de perros. Acababa de salir del bote donde estaba escondida cuando de pronto un tío salió rebotado del agua y le empezó a manosear las tetas. Si era conocida como la exploradora que no le gustaban los gatos, también era porque no le gustaba el roce con los hombres (sobre todo por culpa de su hermano y sus bromas pesadas)
- Para vuestra información os diré que este bicho me lo iba a cargar yo. No sabía que tanta gente quisiera llevarse el botín de estas tierras- dijo con los ojos cerrados.
- ¿Estas tierras? – Preguntó Eloise - ¿Dónde estamos?
- ¿No sabéis donde estáis? – Preguntó escandalizada - ¿Pero acaso sabéis contra qué os estáis enfrentando?
Andrea no se podía creer que unos cazadores no supieran nada de nada de lo que estaba pasando. Ella paso por un naufragio y las vio con una bestia que la superaba en altura, peso y voracidad.
- Creo que sabemos contra lo que nos enfrentamos, chica… - dijo Salvador intentando convencerla. De pronto la bestia se fue incorporando poco a poco. Los demás ahogaron un grito.
- Sa… Salva… La…. La…. – Balbuceaba Alcoida. Atónita por lo que veía.
- ¿Qué pasa chicos? ¿Acaso no llevo razón?
Salva no podía ver la criatura porque la daba la espalda en ese momento. Justo era cuando la bestia, malherida y furiosa gruñía de odio.
- ¡Maldita sea! ¡HAZ ALGO! – grito Andrea desesperadamente.
Y sin pensárselo, más bien, inconscientemente, desenfundó su arma y disparó delante de las narices del soldado Aimier.
La bala le paso rozando la mejilla derecha y fue directa entre los ojos de de la malvada criatura. La bala le reventó los sesos y el primero de los tres hermanos se desplomó.
Mientras se desvanecía en un sinfín de luces, los demás dirigieron sus miradas hacia la mejor pistolera que habían visto jamás.
KeitaroPublicado el 08 de agosto de 2011
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