La Experiencia

Publicado por Kico el 16 de octubre de 2011.
Yo vivo en un geriátrico, tengo una patología mental y no tengo recursos para hacer una vida independiente, llevo aquí tres años y me gustaría compartir con vosotros mi experiencia. Quisiera plantear este viaje como un relato sobre mis vivencias y dibujar desde la primera persona esta odisea.
Son las seis de la mañana, me he desvelado y como me está pasando últimamente no puedo volver a conciliar el sueño. Mis pensamientos se centran en la experiencia que tengo con otros seres, dos de ellas son en apariencia la manifestación consciente del universo, una es la originaria y de ella surgió la otra, son una energía con dos conciencias. Ellas, creo que fueron las que se me manifestaron como luces el 21 de Febrero del 2009. Recuerdo bien la fecha por que días antes de que ocurriera vi un destello de luz en un calendario en ese día, así que estaba sobre aviso de que ese día ocurriría algo, y así fue, a última hora del día, cuando ya creía que no ocurriría nada, dos formas de luz vibrantes se situaron en la cama, una más tranquila y amarilla que se mantuvo sobre la cama y otra más activa y naranja que iba de la cama a la almohada, y de la almohada a la mesilla. No supe que pensar, que querían decir esas luces, fue con el tiempo que creí saber algo. Como digo estaba centrándome en sentir a estos seres, comprobando que a medida que pasaban los días mi actividad mental se aceleraba. Llevaba ya semanas que me estaban bajando la medicación pero aun tomaba una gran cantidad de risperdal. Por un lado me resultaba grato tener más contacto con estos seres, pero por otro estaba empezando a tener pensamientos exagerados; del tipo, pensar una cantidad e irme al infinito o al todo o a la nada, me hacían sentirme muy incomodo y a veces me resultaban difíciles de manejar y me agobiaba.
Estuve en este proceso más de una semana viendo luces, escuchando voces y pensando en que si el universo era perfecto tendría un final y sintiéndome responsable de encontrar una solución. Hablé con la directora y ella me aconsejó que viera a nuestro psiquiatra, este al relatarle una parte de los pensamientos me insinuó de ir al psiquiátrico, yo le dije que no creía que fuera necesario llegar a tanto, este habló con el psiquiatra de zona y me dieron una nueva medicación, medicación que fue haciendo efectos poco a poco, esta medicación es seroquel, ella ha hecho que desaparezca totalmente las comunicaciones mentales con todos los seres mentales con los que mantenía contacto y desde entonces he tomado la escritura con más ganas.
Vivir en un geriátrico es una experiencia, es cierto que la mayoría de las personas que viven en él son muy mayores y suelen tener dolencias graves y resulta difícil comunicarse con ellos. Pero hay un reducido número de personas que no están tan deteriorados, con los que te puedes relacionar y luego estamos los mentales, personas mayormente jóvenes que tenemos una u otra dolencia mental, no tan grave como para precisar control o una exagerada sedación. Como digo vivir en un geriátrico es una experiencia, es cierto que mayormente los que estamos aquí estamos en uno u otro grado abandonados, suponemos una carga para nuestras familias y creen que el mejor lugar para nosotros es este. Aquí tenemos nuestras necesidades físicas cubiertas pero hay un gran deterioro de nuestras necesidades emocionales, es fácil llegar a convertirse en un ser insensible, privados del afecto de los seres que presuntamente nos aman.
A medida que he ido viviendo aquí he experimentado diferentes emociones, al principio sentía rabia contra mis familiares por haberme abandonado aquí, lo cierto es que venía de una situación muy crítica, tres meses antes, estando un tiempo sin tomar la medicación y bebiendo, tuve un episodio psicótico que no pude manejar, y acabé tirándome por la ventana del apartamento de la familia, me salvaron los tendederos de caer al vacío cuatro pisos. Ante esto, después de estar tres meses en el psiquiátrico, mi familia no quiso hacerse cargo de mí y prefirieron que ni volviera al apartamento, ni fuera a la casa familiar con mi madre, yo en aquel momento no lo entendí, no había dañado a nadie más que a mí y no creía que supusiera un peligro para nadie. Después con el tiempo recapacité y comprendí que mi madre estaba ya mayor y no se merecía un psicótico en su casa. Lo cierto es que yo con la medicación adecuada soy una persona normal pero han sido ya muchas veces las que, o bien porque creía que era el momento o porque lo creían los médicos, dejaba o bajaba la medicación provocándome otro brote.
Ahora desde mi estabilidad mental veo claras algunas cosas, que no hay una sanidad pública adecuada para los enfermos mentales, necesitamos unos medios que la sociedad no se puede permitir, para proporcionarnos una atención digna, talleres ocupacionales, espacios al aire libre, por otro lado no llegan las nuevas terapias a los hospitales, la psiquiatría se ha basado en la ingesta de pastillas, olvidándose de trabajar con el individuo a un nivel emocional, dándole la oportunidad de trabajar en profundidad con su enfermedad. Yo creo que como yo habrá muchos enfermos que seriamos permeables a un trabajo más cercano al espíritu, poder profundizar en nuestra psique y conocernos mejor.
Mi enfermedad comenzó en Diciembre de 1989, en el trascurso de una borrachera, estando solo en casa, me deje llevar por la letra de una canción y estrelle la botella contra la pared, me puse a orinar por las paredes y abrí los regalos que tenía mi madre preparados para mis sobrinos, eran regalos absurdos, injugables. Cuando llegó mi madre se puso de los nervios y me llevaron al psiquiatra de guardia, me ingresaron en el Ramón y Cajal de Madrid y me dieron un tratamiento de choque, me pusieron una inyección que dolía horrores, me preguntó el enfermero “has visto la luz” y yo le dije que sí y me puso otra, no recuerdo mucho mas, que me desperté en planta y que estuve unas semanas, no recuerdo que me hicieran un estudio o una valoración profunda o que me preguntaran que pensaba cuando hice aquello, lo que sé es que de ahí, salí con el diagnóstico de esquizofrénico paranoide.
Después de esto mientras estuve en Madrid tuve múltiples ingresos en el que antiguamente llamaban “Alonso Vega” de estos ingresos no tengo más que un leve recuerdo. La mayor parte de mi vida la he pasado entre drogas y fármacos. He sido un politoxicómano la mayor parte de la vida y algunos creen que mi problema mental ha sido causado por el consumo de drogas. Con relación a esto tuve un par de episodios en los que la abstinencia de heroína me desemboco en una crisis psicótica, una fue cuando estando trabajando en la empresa de artes graficas de mi cuñado y estando consumiendo heroína regularmente, un día decidí dejarlo, en aquel tiempo creo que estaba sin medicación y hacia una vida normal con la salvedad que consumía heroína todos los días. Al día siguiente de haber dejado la heroína pedí la furgoneta para hacer un porte a un amigo, hicimos el porte con normalidad, una mudanza y después nos fuimos a tomar unas cervezas y unos porros, a mí los porros no me suelen sentar muy bien y ese día fue extraordinario, después de dejar a mi amigo Ricardo, me derrumbé, me sentía perdido, cogí la furgoneta y me fui en dirección a casa por la m-40, me bombardeaban montones de pensamientos sin sentido y en un momento determinado me detuve en una rotonda convencido de que mi viaje había llegado a su fin, que mi vida acababa allí mismo, paré la furgoneta y me alejé camino a ninguna parte y entonces pensé, si tengo que ir a algún lado mejor ir con la furgoneta, desande los pasos y volví a montarme en la furgoneta y continué camino, me perdí y llegué a un poblado gitano en Barajas, atravesé el poblado y me adentre en el campo, de repente perdí el control del acelerador y el freno, entonces solo podía hacerme cargo de la dirección como si una fuerza extraña se hubiera apoderado de la furgoneta, fui dando tumbos manteniendo la dirección a duras penas, hasta que choqué con unas piedras al lado del camino. No fue un gran golpe, pero suficiente para dejar inutilizado el vehículo, yo me quede dentro, estaba convencido de que unos seres extraterrestres vendrían a rescatarme. Pase la noche dentro, me preguntaba por qué no venían, confundía las luces del exterior con las luces de estos supuestos rescatadores, estaba angustiado, pasaban las horas y la ayuda no llegaba, me desmorone, no podía entender que no vinieran. Amaneció y todo cobró una nueva luz, ellos no vendrían. Baje de la furgoneta convencido de que estaba en otro planeta, de que en la noche había viajado a otro mundo, y me alejé siguiendo el tendido eléctrico, vi a lo lejos unas maquinas, pensé que era mejor alejarse de los seres humanos y continué, en el camino me encontré en medio de ninguna parte una furgoneta y un coche calcinados llenos de agujeros de bala, pensé que estos habían sido los vehículos que habían utilizado mis antecesores para llegar a este nuevo mundo, continué y llegué a un conjunto de tres chalets llamados los Álamos, salté la valla y entre en el primero, no había nadie solo un grupo de perros que ladraban encerrados en un vallado, había una piscina y me desnude menos los calzoncillos y la camiseta y me metí hasta la cintura, el agua estaba helada, saque a la perra y unos cachorros del vallado y deje encerrado al macho que parecía más agresivo, cuando me hube secado salte la valla del otro chalet y me puse a inspeccionar, tampoco aquí había nadie. Creí convencido que en ese chalet se encontraba Walt Disney, y me puse a abrir grifos y a mover cosas, convencido de que daría con la clave para despertarlo de su largo sueño. Cuando di por finalizada la tarea fui al tercer chalet, me detuve en una esquina mientras un coche entraba en ese momento al tercer chalet, del coche se bajo una mujer y me pregunto quién era, yo le dije que un familiar, imagino la impresión que tuvo que tener esa señora cuando vio en casa de su vecino a un extraño en calzoncillos. Ella se metió en el chalet, imaginé que para llamar a la policía, el caso es que al rato llegaron, como no había robado nada ni había causado ningún desperfecto me llevaron a casa, por la tarde después de localizar la furgoneta mi cuñado me llevo al hospital y de allí al Alonso Vega donde estuve unas semanas hospitalizado hasta que me normalicé.
Ahora cuando miro estos episodios desde la distancia me doy cuenta del desbarajuste mental que he tenido, y con que facilidad me desequilibraba, como iba enlazando un pensamiento con otro hasta perder el control, veo lo importante que es tener una medicación adecuada y lo frágil que es mantener el equilibrio. Soy consciente, en estos procesos, de la importancia de una persona que traiga lucidez al enfermo, pero es cierto que cuando el enfermo está entrando en un brote le resulta difícil compartir sus pensamientos íntimos y se ve abocado a vivir la crisis en soledad. He echado en falta a los profesionales que me ayudaran a manejar mis pensamientos, que me enseñaran a poner límite a mi locura, en ese sentido me he encontrado muy solo y ha sido a través de la experiencia que he encontrado mis limites, a veces con mucha dificultad.
La peor experiencia la tuve entre Altea y Benidorm entre 2003 y 2004. La cosa empezó bien, diría que francamente bien, estaba en Madrid y me acababan de cambiar la medicación por risperdal, mi respuesta fue buena y al contrario de lo que me pasaba anteriormente me entraron ganas de trabajar, empecé a buscar trabajo, ingenuamente pensé que si decía que tenía una minusvalía me sería más fácil encontrarlo, estaba en un error, cuando decía que tenía una minusvalía por enfermedad mental no me hacían ni la entrevista, incluso cuando en el trabajo requerían a alguien con minusvalía no me querían. Así que pensé, llega el verano, podríamos irnos mi madre y yo al apartamento de Altea y allí busco trabajo, seguro que lo encuentro, me hacen un contrato de un año, me compro un coche y me arreglo los dientes… casi salió así, a la semana de llegar pregunte al conserje de los apartamentos y me dijo que los vecinos estaban montando una lavandería industrial y buscaban gente, hable con Tere la dueña, le expliqué que buscaba trabajo y que tenía una enfermedad mental y ella me preguntó que si podía manejar maquinas, le dije que sí y me contrató, hasta aquí todo bien pero poco a poco empezaron a venir los problemas, yo quería comprarme un coche, pero es que, aquí, me obligaban a que me lo comprara, así que hice una compra precipitada y conseguí una patata de coche, en el trabajo no iba muy bien los jefes eran unos ladrones que abusaban de los empleados, a mí me mantenían el sueldo a cambio de recoger a las compañeras y llevarlas al trabajo, nos daban solo 15 días de vacaciones y la mitad de las pagas extras, además el risperdal estaba empezando a darme efectos secundarios, se me estaban empezando a inflamar los pezones y llegué a tener una galaxtorrea, (la secreción de leche por los pezones) a sí que la psiquiatra de Altea decidió quitarme el risperdal, sin darme nada a cambio. Al poco tiempo empecé a tener pensamientos delirantes, creí que las lavadoras me hablaban, que las sabanas y toallas tenían espíritu propio y fui perdiendo la razón. El coche dio problemas, se me gripo de viaje de Madrid a Alicante, en Almansa, me supuso un pastón arreglarlo, lo peor es que lo arreglaron mal y se volvió a gripar, yo había cogido la baja, y tenía tiempo libre, cogí el coche y fui a Benidorm, estaba afectado la falta de medicación y al alcohol estaban haciendo mella en mi, el coche empezó a fallar, lo medio aparqué en una calle y murió, me fui a tomar cervezas al bar de al lado, al rato alguien me dijo que la policía estaba con mi coche, yo Salí del bar y fui a hablar con la policía. El coche estaba con las ventanillas abiertas y con la radio puesta. ---Este coche es suyo,- Me pregunto el agente,
- Si es mío,
-A ver documentación del vehículo,
Le entregué todos los papeles aunque al parecer faltaba el resguardo del último recibo del seguro, en ese lapsus le dije a uno de los guardias que tenía una enfermedad mental, entonces me hizo una denuncia para verificar que yo era apto para conducir un vehículo, se llevaron el coche y allí me quede a las tantas de la noche, sin dinero y sin un sitio donde recogerme. Me puse a andar y después de un rato llegué a un sitio inesperado entre unas torres a pie de playa, había un chalet rustico, sin vallado. Entré y me puse a husmear, estaba convencido de que en otra vida ese chalet había sido mío. Me subí al tejado y empecé a colocar las tejas que el viento y la lluvia habían descolocado, convencido de que estaba arreglando mi casa, pasaba la noche y yo empezaba a tener frio y sueño, era Febrero y aunque es el Mediterráneo a esas horas hacia relente. Mire en el garaje, estaba abierto y me puse a rebuscar, casi todo era de mediados de siglo, cogí algunas cosas y me acople en la piscina, me acurruque como pude y pase lo que quedaba de noche a la intemperie. Por la mañana me despertó un hombre que parecía ser el guardián de la casa venia con otro y juntos se pusieron a poner una barra de aluminio, sin sentido en la parra, parecía más que estaban desarrollando una parodia para tener una escusa de estar ahí y echarme, así que pensé que ya era el momento de irme, fui a la paradas de taxi y cogí uno, no le dije que no tenía dinero para que me llevara, cuando estábamos llegando le dije que tenía que subir a casa por dinero y así hice subí a casa cogí dinero y baje a pagarle. Y esa fue una parte de la experiencia, yo estaba en pleno brote, con desajustes mentales, viviendo una historia paralela a la realidad.
A los pocos días volví a Benidorm, quería volver a ver el chalet, pasé la tarde en Benidorm y cuando llegó la noche fui al chalet. Todo estaba tranquilo, parecía que el guardián había recogido lo que yo había sacado del garaje. Intenté entrar en el interior pero todo salvo el garaje estaba cerrado. Alrededor del chalet habían árboles y plantas, me fije en que bajo un olivo habían aceitunas como si las hubieran amontonado a sus pies, cogí un cubo del garaje y recogí unas cuantas. Era muy extraño, era como si ya estuvieran curtidas. Las cogía a manos llenas y entre ellas había palos como los que se le añaden para dar sabor, había incluso ajos. Parecía como si alguien las hubiera tirado estando ya hechas. Cogí agua del pozo y las puse a macerar. Volví al garaje y me puse a husmear, había una caja embalada y me puse a imaginar lo que podía haber dentro, quizá un tesoro, tal vez figuras de gran valor, abrí la caja y me encontré unas cacerolas bien guardadas envueltas en papel de periódico. Seguí buscando por los cajones y encontré una pitillera con tabaco y papel de fumar, el tabaco estaba muy seco pero me anime a liarme uno, fumé y empecé a toser, estaba fortísimo. Lo guardé para una emergencia y me fui a dar una vuelta, por los alrededores, cerca había un pub ingles entré y me tome una cerveza, eran las 11:00 de la noche y aquello estaba concurrido, la mayoría eran ingleses, yo me fui a un rincón de la barra y observé. No lejos de mí, habían un chico y una chica que hablaban, el chico gesticulaba mucho y parecía que estaba enfadado, la chica le miraba indiferente y de vez en cuando me regalaba una mirada picara, en un momento dado el chico miro hacia mí y zarandeo a la chica levemente yo me di por aludido termine mi cerveza y me fui. Me dirigí a la playa, me quite las zapatillas y anduve por la arena, era una sensación agradable sentir la arena fresca entre los dedos de los pies me acerque a la orilla y me senté. Pensé en la suerte que tenía, que quizá después de otra vida había encontrado la que quizá fue mi casa. Quien sabe la de experiencias que habría vivido en esta misma playa, quizá con una mujer y dos o tres hijos. Me levante dispuesto a tomar posesión de mi casa y me dirigí al chalet. El chalet tenía dos entradas, una por la playa y otras por una torre de apartamentos. Me dispuse a pasar la noche, vi en el techo del garaje una tumbona de mimbre, la descolgué y la puse en el porche de la entrada y me tumbé dispuesto a pasar la noche, tenía más ropa así que pasé menos frio que la vez anterior. La tumbona era muy incómoda, se me clavaban las tiras de mimbre por todo el cuerpo. Di una y mil vueltas hasta que se me hizo de día. Cuando salió el sol cogí la tumbona y la lleve a la playa, la dejé allí para el que quisiera cogerla. Estaba muy contento tenía la sensación de que un espíritu femenino estaba conmigo. Me fui a tomar un café y a esperar a que abrieran las tiendas, quería comprar algo a ese ser femenino que sentía estaba conmigo. Cuando abrieron las tiendas fui a una zapatería y me deje llevar por la intuición, vi unas botas de ante con cordones que me gustaron para mí, y para ella elegí unos deportivos blancos de la talla 36, Después fui a una tienda de licores y compre una botella de Amaranto, con la compra hecha me fui a Altea. Tenía cita con la psiquiatra y no quería llegar tarde. Cuando llegué esperé mí turno y pasé a la consulta de la psiquiatra, empezamos a hablar, me pregunto que qué llevaba en las bolsas yo le dije que, unas botas para mí, unas zapatillas para mí amor que estaba en espíritu conmigo y una botella de vino para celebrar nuestro encuentro. Ella alarmada me dijo que creía que me convenía pasar unos días de descanso en un balneario, que pensaba que yo necesitaba reposo. Me engaño por miedo a que yo no quisiera ir a la unidad de psiquiatría de un hospital,. Yo acepte creyendo que era cierto, que me iban a mandar a un sitio paradisiaco con aguas termales, espere la ambulancia que me llevo al hospital y allí llegué.
No recuerdo casi nada de lo que ocurrió en la unidad de psiquiatría, más que al que era mi compañero de habitación, era también el hijo del portero del edificio cercano a donde me requisaron el coche. Creo que aquí me empezaron a dar risperdal en inyección, parecía que los efectos secundarios eran diferentes y no me producía galaxtorrea . A las pocas semanas salí, yo no me sentía estable, creo que dejé la medicación, y volví a tener episodios psicóticos. Me enteré de que el grupo “police” tocaba en Benidorm y me fui una tarde a comprar la entrada. Fui al quiosquillo de la plaza triangular a por la entrada, cuando llegué, vi que no tenía dinero suficiente, tenía la cartilla de la CAM, así que me fui a las oficinas centrales que estaban al lado. Era tarde, pero la puerta estaba abierta, subí por los pisos pero no vi a nadie. El último piso estaba en obras, de repente escuche un ruido, miré por el hueco de la escalera y vi subir al guarda de seguridad, me escondí tras una caja y no me vio. La sala estaba llena de cajas casi todas con adornos navideños, me puse a desembalarlos y a col ocarlos por la estancia, encendiendo velas y atrayendo el espíritu de la navidad. De repente alguien bajo desde el ático, ahí era donde vivía el portero con su familia, era su hijo que bajaba la basura.
-Quien eres, me pregunto.
-Alguien seré, le conteste.
Y él salió escopetado para su casa, yo aproveche y Salí corriendo escalera abajo, Salí a la calle y me perdí por Benidorm. No sé que llegaron a pensar, se mete un intruso en el banco y se pone a adornarlo con figuritas de navidad, seguro que pensaron que era un loco, y no iban desencaminados.
A los días conseguí la entrada para el concierto y el 3 de Junio de 2004 en la noche me dispuse a entrar al concierto, iba con una bolsa de playa, dentro, una botella de chivas y un vaso de plástico. En la entrada los guardias me dijeron que no se podían introducir botellas al concierto, que si quería pasar tenía que dejar la botella allí, yo le dije que sí, pero que si podía venir a rellenar el vaso de vez en cuando, me dijeron que no había problema. Así que entré para dentro con mi vaso lleno de whisky con cocacola y muchas ganas de pasármelo bien, era temprano, no habían empezado ni los teloneros, me acabé el whisky y fui hacia la puerta a rellenar el vaso, en el pasillo dos gorilas me cerraron el paso.
-Por aquí no puedes pasar, me ladraron.
-Voy a la puerta a llenar el vaso, les dije.
-Por aquí no puedes pasar, somos policías, me dijeron en tono amenazante.
-Si lo que queréis es pegarme, pues pegarme, les insinué.
Y así hicieron, me cogieron entre los dos y me sacaron para afuera, y ya fuera me dieron una somanta palos, junto con otro que se les unió, y entre los tres me dieron un palizón. En mitad de la paliza mire a uno y le dije, “no te das cuenta que te esas pegando a ti mismo” y me soltó un puñetazo en la cara. Cuando se cansaron de pegarme me metieron en un coche y me llevaron a comisaria, pasé allí la noche y a la mañana siguiente me llevaron ante la jueza de instrucción. Los policías habían testificado que yo les había pegado, insultado y amenazado, me soltaron en espera de juicio. Tenía la cara desfigurada y la sensación de que de esta acababa en la cárcel. Estaba desorientado, me sentía impotente y con una sensación incomoda de rabia. Me daba cuenta con que impunidad tres policías podían agredir a un ciudadano por diversión y quedar exentos de toda culpa, abalados por sus testimonios falsos. Con el tiempo me entere que una antigua doctora de cabecera de Altea,vio todos los hechos, llegue a pensar en denunciar a los policías pero lo deje pasar. El caso es que yo ya no estaba bien y la madrugada del 6 de Junio del 2004 fui al edificio donde mi hermana tenía un piso que estaban construyendo. Era las 7:00 de la mañana del domingo, me acerque a la obra y quite el alambre que mantenía la puerta cerrada, en ese momento un vecino del ático del piso de al lado me llamo la atención, a mi me sentó muy mal, que le importaba a él donde iba, así que fui a su portal y empecé a llamar a su casa, no me contestaban así que me fijé que en el tercero se alquilaba una casa, cogí con toda mi mala leche y subí a la obra para saltar al piso que se alquilaba, para subir a casa del hombre que me había llamado la atención. La puerta del tercero estaba cerrada así que subí al cuarto y baje por un tragaluz. Me asome a la terraza y vi que era posible saltar, así que cogí un alargador y una taladradora por si me podían hacer falta, las metí en una bolsa y salté, me di cuenta nada más saltar que esto era un paso de un solo sentido, que ahora ya no podía dar marcha atrás, era imposible volver a la terraza del edificio en construcción sin caerse al vacío, entre en la terraza del piso que se alquilaba y fui a la puerta de la terraza, estaba cerrada, ¡estaba atrapado!. Mire por todos lados la manera de entrar, cuando ya estaba desesperado las cortinas se descorrieron y un hombre se asomó, yo le grite, ¡Me he quedado encerrado llamen a los bomberos o a la guardia civil!. Eran dos hombres, uno se había ido y al otro le dije que estaba trabajando en la obra y que tuve que saltar a la terraza. El hombre no me retuvo, Salí del apartamento y me subí al último piso, yo estaba obsesionado con hablar con el hombre que me increpo, llegué a su puerta y llamé, nadie me contesto, me fui. Cuando llegué al bajo cogí unos documentos de los buzones (unas escrituras) pensando que si cambiaba las cosas de sitio algo cambiaría, salí a la calle, me seguía el hombre del apartamento, fui al cubo de la basura y tire las escrituras, el hombre fue detrás y las recogió. Empecé a soltar el cable a lo largo de la calle, cuando se acabo saqué la taladradora y cuando iba a dejarla en el suelo unos guardias civiles me detuvieron. Me llevaron a los calabozos del cuartelillo. Recuerdo que estaba muy enfadado y que le dije a un guardia civil que si sabia rezar ya podía ir empezando. Mientras estaba en la celda me ataviaba con el papel higiénico, en los brazos, en la cabeza, en las piernas, dando un pase de moda como si fuese Rambo a los guardias civiles cuando salía al baño. Por la noche estuve haciendo canticos que me imaginaba, canticos que por la mañana vi que había afectado a la chica que estuvo en la celda contigua, ella era una chica de color, se había arrancado parte del pelo de la cabeza, quizá con mis canticos había invocado algún poder ancestral que a ella le afectó. Me llevaron a las dependencias de los juzgados, allí continué con mis canticos y bebiendo mucha agua, salía a orinar, bebía y me volvían a encerrar, así estuve horas, hasta que subieron al juzgado de instrucción número 8, el mismo que llevaba las dirigencias de lo de los policías. No recuerdo lo que paso, pero me llevaron a otras dependencias a pasar la tarde y la noche, al parecer esas dependencias son especiales, creo que en ellas llevan a los que van a ingresar en prisión, solo había tres celdas y de allí nos mandaron directamente, el 8 de Junio del 2004 a la cárcel de Font-calén.
En la entrada nos cachearon todas las pertenencias y nos hicieron ducharnos, después nos adjudicaron una celda preventiva y ahí nos fuimos juntando de tres en tres. Yo entré en una solo y en lo que llegaban los otros estuve haciendo manualidades, cogí papel higiénico e hice un Cristo, sentía que ya había llegado el momento de bajarlo de la cruz, le hice una compañera y ritualicé su unión y la bajada de la cruz encima de la cama, después en la ventana que daba al modulo 1 puse papel higiénico formando la estrella de David, al rato vinieron los guardias a decirme, que, qué había hecho que los moros del modulo 1 estaban revolucionados que lo que fuera que había puesto en la ventana que lo quitara, miré por la ventana y allí estaban en los pasillos, enervados y fuera de sí. Saque la mano por la ventana y quite la estrella y los musulmanes se calmaron, al rato vino el primero de mis compañeros de celda, era un rumano grande y fuerte, no hable mucho con él. Después llego el otro, un chico español muy espabilado que me levanto casi todo lo que tenía, yo no opuse mucha resistencia creí que lo que tenía que compartirlo con él. Pasamos la noche y al día siguiente nos dividieron en grupos y nos llevaron a cada grupo a un modulo. A mi grupo nos llevaron al modulo 3. Fuimos al modulo que estaba dividido en dos y en la entrada yo me perdí, me llamaron por megafonía yo aparecí por el otro modulo y me recriminaron que nada más llegar ya me estaba haciendo notar. Me habían asignado la celda 48, cuando llegué había mucho lio, otro quería ocupar mi lugar en la celda, bajé al despacho y confirme que esa era mi celda volví a subir con el funcionario e hicimos que el intruso se fuera a la suya, no le hizo mucha gracia, (ya me había ganado un enemigo). Ya más tranquilamente, mis compañeros y yo tomamos posesión de la que iba a ser nuestra casa. Un colombiano, un chico de la provincia y yo, esos éramos, no por mucho tiempo los habitantes de la celda 48. Yo en este tiempo tenia diálogos mentales con otros seres, una noche estando yo acostado en la litera superior, que era la mía y estando; el colombiano debajo de mi y el alicantino debajo de este, una voz me dijo mea, y me meé sin ningún freno, las literas a parte de un colchón de gomaespuma no es más que una superficie de metal agujereada y así paso que empape a mis dos compañeros consiguiendo que se irritaran y echaran pestes de mí. Pasaron la noche acurrucados en la puerta esperando que en cualquier momento empezara a mearlos desde lo alto. Después de esto el chico colombiano busco asilo entre los suyos y dejo la celda 48.
En el patio las cosas eran de otra manera, yo hacía unos días había cogido de una ventana una carpeta azul, creía que eran documentos dirigidos a mí, cuando lo cierto que eran documentos de un tal Francisco sobre sus juicios e historias, el caso es que estaba paseando por el patio y me acerque demasiado a un grupo que estaba sentado en el suelo, tanto que uno de ellos me soltó un puñetazo en toda la cara, me caí al suelo y la carpeta se desparramo, entonces vino él se mostro realmente como mi primer enemigo y le dio una patada a los papeles burlándose de mí. Yo me levante y fui recogiendo todos los papeles, mientras este les daba patadas. Cuando termine se me acerco un hispano,
-A ese que te ha pegado le tenemos ganas, solo hace falta que lo digas y vamos a por él.
-Tranquilos yo resuelvo mis asuntos a mi manera, le dije queriendo evitar una pelea.
Pasaron los días y yo me centre en prepararme tés con las bolsas que otros desechaban, ponía agua a calentar al sol y cuando estaba tibia me servía un té. Eran días de calor y yo mantenía un dialogo con el sol, le decía que ya se expandió una vez, terminando con todos los planetas, que ya no le permitiríamos volverlo a hacer que controlara su evolución y permitiera a la vida desarrollarse y expandirse por el sistema solar, que si no lo hacía le sacaría tarjeta roja y le enseñaba una tarjeta de aviso, en esas historias estaba yo cuando una noche mi compañero de celda empezó a decir entre dientes que en el patio me iba a reventar, que cuando saliéramos fuera me iba a enterar. Lo decía como si no fuera conmigo, mirando para otro lado. En la celda habían muchas pastillas yo empecé a prepararme combinados y hacia que me los tomaba, en un momento dado cogí y rasgue el colchón con la chapa de un mechero, mi compañero pensó que tenía un pincho y que iba por él, se me abalanzo, en ese momento cogí un trozo de palo de escoba que había en la ventana y apunté con la punta a su cuello, por suerte le di de refilón y no le partí la tráquea, el quedo tumbado sobre mi mientras llamaba a los guardias y yo le decía “yo vuelvo” se lo decía pensando en que si me mataba volvería. Vinieron los guardias y me llevaron a las celdas de castigo. Las celdas de castigo son un pequeño modulo aislado del resto donde hay celdas individuales con un gran ventanal enrejado que da a un patio interior. Para entrar te desnudan y te hacen hacer flexiones por si tienes algo en el ano, después te asignan una celda y ahí te dejan unas horas o unos días. Hay alguno que pasa su condena en ese modulo, los que están aislados o los que están protegidos, personas que están amenazadas de muerte y no hay otro lugar en la cárcel donde puedan estar seguras.
Al día siguiente me soltaron y me mandaron a mi modulo. Yo no tenía ropa, ni peculio, ni ningún tipo de asistencia, un día me fui a duchar, para ducharte tenias que pedir permiso al jefe de las duchas, un marroquí musculoso, me dio permiso, yo me duche con el bañador puesto, cuando me despisté me di cuenta que me habían robado el pantalón, salí fuera y allí estaban un grupo de presos riéndose de mí, entre ellos mi enemigo. Me quede en bañador y estuve deambulando por todo el patio así, hasta que me sacaron un mono blanco con el que me vestí.
Con el tiempo me llamaron para juzgarme por lo de los policías, yo no me entere del juicio, después supe que me habían condenado a año y medio de cárcel, después me juzgaron por lo de la casa, otro año y medio de condena y por ultimo por la agresión a mi compañero de celda otro año y medio más, total una condena de 4 años y medio, a lo largo de este proceso me puse en contacto con mi amigo Ricardo no quería que mi madre se enterara y se llevara un disgusto. Pedí a mi amigo que se pusiera en contacto con mi hermano Antonio creí que como él había estado en prisión 14 años sabría cómo ayudarme. Seguramente sabia pero no movió un dedo, así que mi amigo con su pareja Begoña , Pepe y Marta y Carlos y su pareja Nadia, mis amigos, se juntaron para buscarme y pagar un abogado que me sacara de allí. Mientras yo me iba complicando la vida dentro de la cárcel. Un día me puse a jugar con los cables de la luz y de la antena de televisión, hasta que junte los cables de la corriente a los cables de tv e hice un corto que fundió las televisiones de la galería, los presos cuando se dieron cuenta de lo que había pasado me empezaron a amenazar de muerte si no es porque una puerta de barrotes nos separaban me hubieran despellejado hay mismo. Me llevaron de nuevo al modulo de castigo y allí estuve por la tarde y toda la noche, hasta que decidieron mandarme al modulo 1.
El modulo 1, es más grande que el modulo 3, Hay más gente y más actividad, más movimiento de drogas y más juego de cartas. Nada más entrar un chico vestido con unas bermudas y unas zapatillas de apóstol me recibió con cordialidad, me regalo un paquete de tabaco y me hizo sentirme como en mi casa, este me presentó a un ex boxeador que estaba medio sonado y juntos nos fuimos al patio. Creamos expectación, nos pusimos a contar historias y los presos empezaron a hacernos corro, hablábamos de cualquier cosa, y estos curiosos y a falta de algo mejor nos escuchaban, al rato cuando se dieron cuenta de que lo que decíamos no tenía mucho sentido se fueron disolviendo, pero la sensación que me quedo fue grata, sentir que otras personas podían prestarte atención a lo que tuvieras que decir me hizo sentir importante y con cierto valor. Pasaron los días e hice cierta amistad con un capo de la cárcel, un colombiano al que le caí bien, controlaba el teléfono y cuando quería llamar me hacia un hueco y me facilitaba saldo para llamar. Un día decidí hacerle un truco de magia, en la tranquilidad de la celda, cogí un pañuelo y lo partí en cuatro y puse tres pinturas de colores una en cada trozo de tela y me las metí en los bolsillos, una delante a la derecha, otra atrás a la izquierda y la tercera atrás a la derecha, tenía un sombrero de paja y en el puse el cuarto retal del pañuelo, bajé de la celda y fui a buscar a mi amigo colombiano, le pregunte.
-¿Quieres que te haga magia?
- Si, si como no
Yo le dije, tienes que pensar en un color, te pongo este pañuelo, le dije enseñándole el fondo del sombrero, y el color se manifestara en la parte de mi cuerpo que tú elijas. Así hice le puse el pañuelo en la cabeza, volví a poner el pañuelo en el sombrero cuando terminó de pensar en el color y le hice elegir.
-¿Delante o detrás?
-Detrás, dijo él
-¿Izquierda o derecha?
-Derecha, eligió
Y saqué un paquetito con la tela del pañuelo del bolsillo trasero derecha del pantalón, lo desenvolví con cuidado y le pregunte.
-¿Es este el color que has elegido?, mostrándole una pintura azul
-sí, si ese es el color, hostias tíos que este tío hace magia, empezó a decir y los presos empezaron a pedirme que les hiciera magia. Tranquilos puedo hacer un poco de magia cada vez,
-A mí, a mí dijo un amigo del colombiano. Hice el mismo ritual y le pedi que eligiera, eligió el bolsillo trasero derecho, saque el pañuelo y le mostré la pintura verde.
-Ese es mi color, lo ha acertado, grito el chico
-¿Como lo haces?, me preguntaron
-No sé, es magia, les dije.
-Házmelo a mí, me pidió otro chaval
-No sé si podre, quedan pocos colores, ya ha salido el azul, el verde y el rojo no le tengo, yo pensaba en que solo me quedaba el amarillo que era una pintura pequeña que estaba dentro de una tapa de rotulador.
-venga inténtalo, me pidió el chico casi con lastima
Le hice el ritual y el chico eligió el bolsillo delantero derecho, yo saque la pintura con mucho cuidado intentando sacarla de la tapa, pensando que él había elegido el amarillo, no podía, y en eso el chico dice.
-Sí, si es mí color, el color morado, dijo lleno de emoción.
Yo me quede a cuadros, si que había habido magia esa tarde. Se corrió la voz y la gente quería que le hiciera magia, me llevaron un día al economato, yo con toda mi buena disposición quise hacer algo con monedas, pero me quedo un churro. Ahí termino mi vida como mago.
Me cambiaron de celda, me encontré en ella a un chico en la litera de arriba que se autolesionaba con cuchillas, no se hacía cortes profundos, pero parecía que encontraba cierto alivio a su rabia y frustración. También había otro chico, yo instintivamente me puse a buscar las cuchillas que tenia escondidas por toda la celda y las tiraba por la ventana mientras el orto chico le distraía, en un momento dado este se dio cuenta y se puso a gritar, vinieron los guardias y me sacaron de la celda, ya no volví me asignaron otra celda, estaba solo, pero duro poco tiempo, al día siguiente vinieron dos chicos que eran amigos, había un tercero que le llevaron a otra celda, estos desde el primer momento no hacían más que decir que su amigo estaba mal, que no lo estaba pasando bien en la celda con gente extraña, yo les dije que si querían que pidieran que le trajeran a esta celda y yo me iría a otra y así hicimos, yo me fui a otra celda y ellos tres se quedaron juntos.
Una mañana salí al patio estaba más alterado de lo habitual, me dio por pensar que un tipo que estaba tumbado escuchando radio, era en realidad de la cia y estaba, a traves de la radio, escuchando nuestros pensamientos, cogí y fui a la fuente, llene un preservativo de agua y me dirigí hacia él, cuando llegué a su lado le estampe el preservativo lleno de agua en la cara, se levanto y me encajo un directo que me mando al cubo de basura. Vinieron los guardias y me llevaron a un pasillo aislado y me encerraron ahí con una botella de agua, y me dijeron que me quedara sentado en el suelo, yo cogí el agua y me fui a regar las plantas, en esto que viene un preso de confianza.
-Tú donde estas, no te he dicho que estés ahí sentado, ¿Dónde está la llave?, ¿donde la has metido?
-Yo no he cogido ninguna llave, le dije
-¡Hostias! la llave tiene que aparecer.
-Si yo no digo que no, pero yo no la tengo.
-Dios como no aparezca que lio, y tú no te muevas de ahí, decía mientras se iba, cerrando el portón tras de sí. El pensaba que yo había hecho algo para hacer desaparecer la llave, después me enteré que en una celda de ese pasillo se la habían dejado olvidada, cosa extraña porque solo había tres llaves para todo el modulo. Al rato vinieron y me hicieron recoger mis cosas, cosas que había ido recolectando de lo que dejaban los otros presos en los barrotes de las ventanas para cogerlas después, y me llevaron al modulo de enfermería, allí me metieron en una celda de aislamiento, estuve dos días aislado hasta que por fin me soltaron con el resto de presos enfermos, a mí hacía ya unas semanas que me estaban dando risperdal inyectado, pero no me estaba haciendo mucho efecto y decidieron darme plenur(litio) parecía que con eso estaba más estable, pero yo seguía con mis diálogos con otros seres. En el modulo de enfermería no éramos muchos, 10 o 12 cada uno de un padre y de una madre, quiero decir que éramos muy diferentes, en cuanto patologías, había desde cojos a enfermos mentales. Yo realmente debería de haber estado en psiquiatría, un anexo a la cárcel donde los presos tienen más libertad, es mas yo no debería ni haber entrado preso, porque lo mío fue una injusticia, pero bueno eso no se podía cambiar.
Estando en enfermería me llamaron para ver a mi abogada, la abogada que habían buscado mis amigos, yo no me enteré muy bien de lo que me decía, algo de que para hacer un recurso tenía que hacer un escrito en mi nombre y que para eso le hacía falta que firmara en un folio en blanco, yo deseoso de salir le firme hasta cinco, sin darme cuenta que lo que ella estaba haciendo era quitarme mi poder para usarlo más adelante como conviniere al bufete. Por suerte salvo una carta en la que yo aceptaba su minuta, firmada por mí, no me llego nada mas, imagino que porque nunca he tenido bienes, si no, seguro que hubieran intentado limpiarme.
La experiencia en el modulo de enfermería era más tranquila que en los otros módulos, aun así había movimientos de drogas y algún que otro encontronazo. Para conseguir hachis se mandaba un paquete de tabaco vacio con una piedra, unas monedas dentro y un mensaje con alguna palabra en árabe, yo no llegue a saber que palabra era, y se manda al patio del modulo 3, allí están los marroquíes traficantes, recogen el paquete ven el mensaje y si es todo correcto te vuelven a mandar el paquete, con las piedras para que hagan peso y el trozo de hachis, estos negocios no se hacían muy a menudo, normalmente los españoles no se fiaban de los marroquíes.
Al entrar en la cárcel hacia un mes que había dejado de fumar tabaco, y con el estrés y los nervios volví a empezar a fumar, al principio como no tenía dinero fumaba colillas, no solía pedir porque es raro que en la cárcel los presos den tabaco. Cuando fui al modulo de enfermería vi que había plantas de hierba buena y empecé a recolectarlas para ponerlas a secar y fumarme las, al poco tiempo hicieron una limpieza de malas hierbas y matojos y me quitaron mi cosecha, por aquel entonces ya había arreglado mi historia con el banco y ya me mandaban dinero. Hable con el psiquiatra y le pedí que me volviera a mandar al modulo 1 le dije que ya estaba más estable y que quería tener una convivencia más abierta y con más gente, el acepto y me mando al modulo. Cuando entre el preso de confianza que la vez anterior me dio un paquete y me trato también, volvió a hacerlo. Me mandaron a una celda con un chico joven y con un marroquí que me daba muy mala espina, les quise animar y les dije que tuvieran un pensamiento, les di un trozo de una biblia y les dije que la abrieran por donde quisiesen. El chico joven leyó para sí y después le pregunte, te ayuda el texto a aclarar el pensamiento que habías tenido. El chico dijo que si, el marroquí leyó y dijo que no, que había preguntado cuando saldría de allí y no le había dicha nada la biblia.
Yo me sentía muy mal no quería estar en esa celda más cuando el chico joven se fue, pensar en tener que convivir yo solo con el marroquí me daba terror. Así que me fui al patio, cogí una boquilla de tabaco, la queme, la aplaste y me puse a hacerme rasguños en el brazo izquierdo, cuando me vieron me llevaron a enfermería, vieron que solo eran unos rasguños y me volvieron a mandar al modulo, me llevaron a la celda. Yo no quería estar ahí en esa celda con ese animal, pasaban las horas y él se puso a dar golpecitos con el pie en los barrotes, yo me estaba poniendo de los nervios y tampoco me atrevía decirle que parara, en el momento de mayor tensión sonó la puerta.
-Levántate, me dijeron, te vas a enfermería.
A mí se me encendió el cielo, volvía a casa, lejos de esta tensión…
Ya era tarde y los compañeros estaban acostados. Me pusieron en una celda con otro preso, me pregunto.
-¿Qué te ha pasado?
-Que ya no sabía estar allí y quise volver.
-¿Y qué has hecho?
- Unos arañazos en el brazo, nada grave.
-¿Y cómo estás?
-Ahora mejor, ¿y qué tal por aquí?
-Por aquí bien, tranquilo.
-Me alegro, bueno voy a dormir.
Me sentía contento, esperanzado de que me pusieran en la misma celda que a un chico con el que se podía hablar.
Pasaron los días y surgió la posibilidad de apuntarme a estudiar, entre en el nuevo curso, fui a las clases y allí me encontré con una chica que parecía lesbiana. Ella insistía en que era una mujer cogiéndose los minúsculos pechos, para convencerme de que la hiciera caso, tenía el pelo corto y más apariencia de hombre que de mujer. Yo la empecé a hacer algo de caso y no preste atención a la profesora e interrumpía la clase con comentarios fuera de lugar. El caso es que esa fue la primera y última vez que estuve en clase. Ya no me volvieron a llamar.
Empezamos algunos de los internos a hacer un trabajo psicológico con más gente que venía de fuera. Parecía interesante, cuando termino la primera sesión me preguntaron, ¿qué conclusión has sacado de tu experiencia? Yo les dije que la principal conclusión que había sacado era que no podía permitirme estar sin medicación, que realmente tenía una dolencia que me impedía hacer una vida normal, y que tenía que estar medicado. Y esa fue la enseñanza con la que me fui a enfrentarme con mi enfermedad.
Al poco tiempo me llamaron la tarde del 26 de Octubre del 2004 para que fuera a lo que ellos llamaban “a jueces” para que me comunicaran algo. Qué alegría la mía cuando me dijeron que salía en libertad, volví a la celda, recogí mis cosas y espere hasta que me condujeron a la puerta de entrada y allí abrieron el portón y junto a tres presos más nos devolvieron la libertad. Habían pasado cuatro meses y 18 días.
Aquí termino mi larga experiencia con este desajuste mental, sé que fue una historia difícil de digerir y que estaba realmente perdido, aun así yo aprendí mucho de la vida y de mí con estas historias y creo que mi locura no fue en vano.







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