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Amargura

A veces siento como si quisieran terminar de descuartizar la poca paz interior que me queda, y me pregunto, ¿tanto me odian?
Pienso, y sé que no me odian, ninguno de ellos, porque nunca les di razones para hacerlo. Es entonces cuando me hago la pregunta correcta: ¿tan poco les importo? Porque puede ser que no me odien, o incluso que me quieran. Pero si algo es seguro, es que mi integridad emocional no les interesa en lo más mínimo. O tal vez ni siquiera piensan en ella. Simplemente hacen lo que quieren, sin pensar siquiera en si están lastimando a otros. Solamente reparan en sus propios asuntos, no reflexionan en las consecuencias de sus actos.
Cuando me preguntan como me siento, se me hace difícil encontrar las palabras: ¿pisoteada? ¿Ignorada? ¿Traicionada, tal vez? ¡Fueron tantas las promesas que vertieron sus labios! Todas vacías, todas huecas, todas corrompidas y aplastadas por los hechos que les sobrevinieron. Y he aquí que no hacen nada por remediar esta caótica situación, sino todo lo contrario. Dicen que escucho lo que quiero escuchar. Sé muy bien lo que oí. Y no hay nada que ellos puedan decir para hacerme cambiar de parecer.
Una y otra vez tratan de demoler los cimientos de mis esperanzas, sofocando mi libertad, coartando todos mis intentos de poder ser feliz y conseguir algo de calma. Lentamente, como el hielo, me van congelando, hasta que, en algún momento, los latidos de mi corazón van a dejar de existir en esta tierra.
Ah, pero el frío se convierte en fuego con mi cólera que, aunque reprimida, arde con llamas incandescentes, como un árbol seco. Algún día, una de las ramas, vencida por las lamientes flamas de mi rabia, caerá sobre otras y, entonces, comenzará un incendio difícil de extinguir. Pero mientras tanto, tengo que sentir pasar los días, uno tras otro, con la lentitud del tiempo, en la que cada segundo se cuenta en dolor, o en muda tristeza.
Dicen que exagero, que las cosas no son como digo. ¡¿Quiénes son ellos para decirme tal cosa?! No saben nada, porque yo sé que, en realidad, su mente es tan demencial como la principal causa de mis tristezas y mis temblores.

Quisiera correr, lejos, muy lejos. Y gritar, gritar hasta que mis pulmones queden en carne viva. Liberar este cruel dolor, este sufrimiento implacable, de golpes constantes, tan secos y llenos de desconcierto. Sin embargo, me mantengo casi inmutable. Mi única reacción visible está en mi propio rostro, de expresión amarga y cortante. No uso palabras ya ante ellos para protestar ¡Es que están tan gastadas ya! Y, aunque tendría millones de cosas para decir, las repetí tantas veces, que ya carecen de significado a sus oídos sordos.
Es así que trato de continuar viviendo, día por día. Pero las sombras de la aflicción reptan hacia mí, desde las sombras. Aún tengo la fuerza de luchar contra ellas, alimentada por este fuego que me protege. Pero el frío es cada vez más crudo e implacable, y no sé durante cuánto tiempo podré mantener mi llama encendida, antes de que finalmente se consuma, y quede a merced de la invisible oscuridad.
Kili21 de abril de 2010

5 Comentarios

  • Artalia

    quizas tengas que cambiar el color del cristal a través del cual miras.

    21/04/10 11:04

  • Degraaff

    me parece fabulosa introspección, podrías hacer obras realistas basadas en estos sentimientos y vaya que tienes material y talento para hacerlo... no voy a opinar acerca de lo que me puede parecer esto que sientes, pues, es muy personal, pero si esto no fuera real, lo parece de tal forma que se transforma en un arte muy elevado...

    22/04/10 06:04

  • Kili

    Es cierto que el que se presenta en este texto es un modo verdederamente negro de ver las cosas. Me alegra poder afirmar que no suelo ver la vida de esa forma. Sin embargo, a veces sucede que algunas situaciones o pensamientos nos llevan a recorrer sendas más oscuras. Uno no puede evitar que esto suceda en algún momento. Lo único se puede hacer cuando ocurre es continuar de pie y caminando, hasta volver a encontrar nuestro sol, que siempre está, aunque nosotros en ese momento no seamos capaces de verlo.
    Muchas gracias por los comentarios.

    22/04/10 08:04

  • Mara

    Kili es cierto que a veces vemos las cosas negras, tu lo has plasmado muy bien, pero si algo aprendi de la vida, es que la paciencia lo es todo, pues siempre se abren ventanas, siempre, y lo que un dia era todo gris, empieza a tomar forma y color, sabes, todo se puede en esta vida, de todo se puede salir y todo se puede curar, excepto de la muerte, asi que mientras tanto, tenemos que ser optimistas y cambiar aunque nos duela, la forma de ver las cosas, intentando que siempre haya una pequeña sonrisa aunque sea dificil. Me gusto mucho. un saludo.

    23/04/10 01:04

  • Kili

    Tenés mucha razón Mara. Vivir bien y con alegría depende de nosotros mismos, y nunca hay que dejar de querer ser feliz, ya que eso es lo vital para verdaderamente serlo. Gracias por tu comentario.

    23/04/10 01:04

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