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Suburbano


Estaba como siempre, cada día. Mi cuerpo yacía recostado el sofá, no tenía nada que hacer, volteaba la cabeza constantemente observando cosas como si buscara algo y solo lograba entender cada vez con más exactitud por que el decorado era espantoso.
Me canse de no hacer nada, y desplace mi mano por un costado del sofá en la clásica búsqueda del control remoto de la televisión, la prendí y estuve casi 20 minutos haciendo zapping en los que repase 6 veces todos los 80 canales. No tenia ganas de ver tele.
Arrastre mi patética existencia hacia mi repisa de libros y repase con la vista los títulos, pero no me atraía ninguno, agarraba uno, lo hojeaba hasta una parte determinada, leía dos letras y lo cerraba. No tenia ganas de leer.
Por ley de descarte encendí la computadora y casi por primera ves la apagué ni bien se termino de prender, no tenía ganas de estar sentado frente a ese aparato de nuevo. Arto y enojado, de pésimo humor por la rabia misma de estar aburrido me levante y me vestí, tomé mis llaves y desaparecí tras un portazo, dejando a mi familia con la duda asomada a sus miradas.
Caminaba lento y no escuchaba nada más que mis pasos, veía mi respiración como vapor, contrastando con el frio ambiente de la noche. Pasando bajo el alumbrado publico lo empecé a ver, una sombre que me seguía, demasiado silenciosa como para que me diera cuenta antes, entonces sin alarmarme seguí caminando, haciendo como si no me hubiera dado cuenta.
Entre en un bar, tome una gaseosa, no tenia ganas de tomar cerveza, fui a un boliche y me quede parado, no tenia ganas de bailar, fui a un restaurante y quede jugando con la hamburguesa, no tenia ganas de comer.
Seguí caminando. Había muchos ruidos, chicos borrachos gritando, música a todo lo que daba, anuncios, autos. Entonces lo volví a ver, él seguía tras de mi, me canse de tano enigma y me dirigí a un callejón, me voltee y espere a encarar a mi perseguidor pese a que no tenia protección alguna si era un maleante. Pero nadie apareció, solo me veía a mi mismo en aquel rincón de ratas; cansado de caminar me senté ahí, mirando la luz de la calle que me daba directo y reflejaba mi sombra, entonces lo reconocí, una sonrisa se extendió por su negrura y se empezó a reír de mi. Dejo su existencia bidimensional, y se despego del piso, mi sombra se sentó a mi lado, con su saco y pantalones negros de evidente calidad. Sacó de un bolcillo un paquete de cigarros, me ofreció pero me negué, entonces saco uno y se lo puso en los labios pero no lo encendió.
¿Necesitas compañía? Dijo de forma irónica y riendo, después de un buen rato, yo negué con la cabeza y volvió a reír, me pregunto por mi vida, si estaba todo bien y yo conteste una por una sus preguntas, sin compartir su entusiasmo.
Paso la noche entera en una charla, cuando salio el sol mi sombra se empezó a achicar de a poco en una imagen bidimensional, yo me impaciente pero él me calmo diciendo que era lo normal, guardo su cigarrillo en la caja, cual jamás había encendido y entre risas se despido.
Yo me pare al poco rato y note que la mañana es más helada que la noche. Tenía bastante sueño pero aun así de repente me encontré muy animado, la mañana tenía otro color, como si me hubiera levantado de un lindo sueño.
Jamás volví a poder hablar con mi sombra, y nunca jamás me volví a encontrar en situaciones parecidas, ya que simplemente miraba mi sombra y reconocía la única ley valida del mundo.
Incluso si somos unos tontos, siempre hay alguien que nos sigue, aunque pensemos que todos nos odian, siempre esta el que nos apoya, aunque algunas veces estemos cerrados en nuestra propia soledad, siempre hay alguien con nosotros.
Y es que la única ley valida existente es que “nadie nunca esta solo, siempre podemos contar con uno mismo”
20 de agosto de 2011

2 Comentarios

  • Cimoni

    Interesante de principio a fin...lecciones que aprendemos y conclusiones muy válidas.
    Saludos.

    20/08/11 04:08

  • Lagartija

    gracias :)

    23/08/11 12:08

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