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Te Llamas Yo

Llevaba ya mucho tiempo sin aparecer por esos lados. Todo estaba sumido en la penumbra, cubierto por una gruesa capa de polvo, las arañas habían tomado posesión de cuan rincón había y por la rejilla del techo frió de piedra entraba un débil rayo de luz que le iluminaba.
Allí estaba, parado en un solo pie, encadenado hasta el cuello, escuálido, con la cabeza baja y una profunda herida sangrante en el lado izquierdo de su pecho. Por un momento pensé que estaba muerto, pero al dar unos pasos escuché el débil suspiro de su respiración, trague saliva con dificultad y me aclare la garganta
“despierta” -dije fuerte y decidido, él alzo débilmente el rostro en busca de mi mirada, y se quedo observándome con sus ojos opacos, llenos de ojeras y tristeza.
Algo se me revolvió en el estomago, me di o asco, ansiedad, nerviosismo al ver surgir tantos recuerdos, aquellos tiempos en que aquel hombre reía y no imaginaba siquiera terminar de esta forma.
Yo apreté con fuerza el mango de la pistola para concentrarme y no dejarme llevar por esas imágenes. El deslizo su mirada hacia el arma y no dijo nada hasta pasado unos minutos de silencio.
“¿que tienes pensado hacer?”- me pregunto sin levantar la vista
“creo que ya lo sabes”-dije levantando el arma –“sabíamos que tenía que pasar”
“¿ah si?-dijo con una mueca de burla y mirándome a los ojos de nuevo, en ese momento sus ojos se volvieron color miel y a mi casi se me cae el arma del susto- “Tu te crees muy valiente ¿no es así? Vives cómodo y te crees fuerte, piensas en problemas y enseguida asumes que es mi culpa”
“no lo pienso, se que es así”-dije yo con falsa seguridad- “tu vida se ha prolongado ya demasiado tiempo, ahora estas provocando que me hunda contigo”
“¿yo?-soltó él entre algo que pretendía ser una risa- “¿no ves como estoy?, encadenado hasta el cuello, herido de muerte, ¿como podría yo, un ser tan débil perjudicar a un ser tan fuerte como tu?”
Se me volvieron a revolver las entrañas y sus ojos se volvieron castaño claro, al mismo tiempo en que se me helaba la sangre.
“será que tu ya lo sabes”-de mofo él bajando la vista hasta clavarla en el piso frió- “lo sabes. Es verdad que fui yo quien en un principio busco ser el repulsivo ente que soy ahora, quien se infringió dolor, se torturo a si mismo y en el momento decisivo sucumbió a la debilidad y el deseo de seguir vivo…fue cuando tu tomaste el control y yo quede sepultado, pero luego de un tiempo tu fuiste quien me mantuvo vivo, tu eras el que quería que yo viviera, patético, débil como soy. Porque tu eres el fuerte ¿no? Pero entonces ¿porque necesitas ver cada tanto una versión más débil de ti mismo?”

Yo no decía nada, tenia la mirada fría puesta en él, entonces volvió a mirarme esta vez con una demente sonrisa de oreja a oreja, y empezó a soltar una risa reseca y maníaca.
“claro – volvió a decir entre carcajadas- pero ahora temes que alguien me descubra, que descubra que en el fondo tienes algo débil, patético y lunático como yo, por eso es que vienes a deshacerte de la “evidencia”…pero que ingenuo ¿realmente crees que me iré así de fácil? ¡¡Yo soy tu!! No puedes matarme sin acabarte a ti mismo…En el fondo lo sabes ya que…”
No termino la frase ya que instintivamente mi mano apretó el gatillo, formándole un agujero en medio de su arrugada frente, congelando esa expresión lunática, con los ojos bien abiertos y esa sonrisa deforme. Callo al piso como un trapo viejo, sin hacer más ruido que el de las cadenas contra la piedra, y allí mismo desapareció.
Me quede otro rato mirando el lugar donde solo quedaban cadenas vacías y me voltee, sabiendo que algún día yo ocuparía su lugar, y otro volvería a hacer el mismo trabajo que yo había realizado ese día.
11 de agosto de 2011

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