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Vía Láctea

Vía Láctea

Era realmente un sentimiento novedoso el que recorría mi mente ante aquella imagen sin igual. Me encontraba embriagado de una mezcla de desconfianza y curiosidad, con una pizca de cautela que el sentido común aconsejaba para la situación que vivía.

Aquel objeto parecía una esfera, pero no delimitada como una pelota, sino que parecía palpitar aumentando y disminuyendo su diámetro de forma oscilante y casi diría que, hipnotizante.

Si alguien me preguntara por el color o los detalles visibles, sufriría cierta dificultad de cara a explicarlo de forma entendible, pues del mismo modo que su volumen era variable, la esfera presentaba en su contorno ondulaciones cambiantes como si de agua estuviera fabricada, todo acompañado de una tenue luz azul marina que despedía el artefacto.

De este modo, sus ondulaciones casi parecían pequeñas olas de agua surcando su superficie.

Me acerqué a la esfera lentamente, como temiendo que me hiciera daño. Allí en medio del bosque la escena cobraba un matiz asombroso, como propio de esas historias que luego la gente no sabe si contar o no por miedo a que lo tomen por loco.

Imagino que justo ese sentimiento tienen aquellos que vieron alguna vez un Ovni, y no en vano, uno de los motivos por los que me daba un profundo respeto la esfera, era precisamente porque creí extraterrestre su procedencia, ¿cómo sino algo tan extraño permanecía intacto y perdido en medio del bosque, tan fuera de contexto?, no cabe duda de que ese no era su lugar natural, aunque considerando lo lejos que estaba la esfera de cualquier aparato tecnológico que hubiera visto yo en mis años en los que vivía en la ciudad, creo que es más correcto decir que esa cosa no tenía aquí en la tierra ningún lugar en el que no saliese de contexto.

Seguí acercándome al aparato, y percibí una temperatura cálida a su alrededor, y un sonido semejante al zumbido de una abeja pero de manera completamente uniforme.

¿Qué debía hacer?, ¿quizás huir de allí y avisar a las autoridades locales?, considerando que estaba en el bosque y venía de mi casa en el pueblo, a unos seis kilómetros andando, iba a tardar demasiado en buscar cooperación para investigar el aparato, de modo que temí que a la vuelta quizás ya no estuviera.

Sé que eso precisamente, olvidarme del tema o abandonar el lugar hubiera sido lo más apropiado en mi situación, sin embargo ese impulso irrefrenable de la curiosidad, que por algún motivo Dios ha querido repartir entre los humanos, me sometía a la presión dubitativa en la que me encontraba, de irme o avanzar hacia el objeto.

Sin más dilación resolví investigar por mi cuenta el asunto, después de todo tampoco tenía familia ni demasiadas cosas que perder en esta vida, pues vivía solo en mi humilde casita del pueblo y dedicaba como puede apreciar el lector, mis tiempos de ocio, en especial las noches, a dar largos paseos de tranquilidad por el bosque, en el que a menudo no ocurría nada especialmente llamativo salvo el encontronazo con alguna bestia, que usualmente acababa huyendo al instante.

A decir verdad y esto es lo que más me cuesta de admitir, el motivo principal por el que en aquel momento pensé que tampoco tenía tanto que perder si resultaba dañado o muerto en mi atrevimiento con la enigmática esfera, es porque sufría de un tumor cerebral que me diagnosticaron hacía unos cinco meses antes del incidente que aquí relato, cuyas ramificaciones progresaban de forma lenta pero sin pausa, y la medicina, parecía que no me daba mucha esperanza de vida.

Acerqué mi mano ya muy iluminada por el cambiante azul de la esfera, a su superficie, y no llegue a tocarla cuando de pronto de forma orientada a mi, la esfera mostró una serie de gráficos luminosos que parecían flotar en su interior como si fuera un holograma.

Se trataba de puntos, líneas brillantes, extrañas formas que a penas podía distinguir.

Unos segundos después la esfera se configuró a si misma en una posición más estática, redujo la violencia de sus palpitaciones y los puntos y formas se estabilizaron en una imagen estática, que parecía mostrar lo que, si mis pocas nociones de astronomía no fallaban, era una galaxia.

Me quedé maravillado viendo aquella imagen de una galaxia, en forma espiral, y entonces me di cuenta que si antes sospechaba que el objeto venía del espacio, ahora estaba completamente seguro, y por algún motivo algo me decía que el hombre ni en sus más secretas investigaciones podría haber fabricado aquello.

Especialmente pude corroborar esto cuando la esfera, tras mostrar la escena espacial y sólo tras unos quince segundos, ¡comenzó a elevarse!

Desafiaba a la gravedad, primero suavemente, con delicadeza, para luego quedarse estable en un punto a la altura de mi cabeza y quedarse ahí de nuevo reposando.

Yo por el contrario, a medida que la esfera se alzó fui sentándome torpemente, dando pequeños pasos hacia atrás casi de forma inconsciente, presa nuevamente del miedo.

A gran velocidad mi mente comenzó a hacer nuevas conjeturas, en esta ocasión sobre la posibilidad de que el aparato fuera inteligente, o que estuviera controlado de forma remota por alguna civilización extraterrestre y sin duda más avanzada que nosotros.

Para ser honesto en mi delirio ya tenía por asegurada la existencia de tal civilización, pues o la controlaba o la fabricó, a menos que uno de los misterios que encierre este universo sea la generación natural de estas extrañas esferas, cosa que entonces, y aún ahora, me parece una teoría aún más improbable.

Ni que decir tiene que orígenes humanos ya los descarté casi desde el instante en que ví el objeto.

¿Estaría soñando?, sin duda es algo que debí tener en consideración en ese momento, pero no lo pensé, y hoy, ya bastantes años después de lo que relato, no tengo obviamente ninguna duda de que no fue ni sueños ni alucinaciones.

Cuando recuperé ligeramente la calma, creí que el aparato podría marcharse a toda velocidad en cualquier momento, de modo que mi curiosidad pudo una vez más en contra de los intereses de mis miedos, y me armé de valor para preguntar con un mejorable hilo de voz:

- ¿Qué eres?

Por respuesta no más que los sonidos del bosque y aquel ligero zumbido del objeto. Yo a cambio no supe más que quedarme de nuevo callado, considerando que no tenía sentido hablarle a un objeto, o ser, que probablemente no podía comprenderme.

Andaba yo tratando de calmarme y cavilando estas ideas cuando escuché:

- Saludos. No temas.

Sólo pude respirar y observar atónito la esfera, que seguía mostrando la ilustración luminosa de la galaxia.

Esfera – No temas.

La voz era la de una mujer que hablaba en perfecto castellano, mi lengua natal, con una voz curiosamente melosa.

Yo – Ho… hola.

Esfera – ¿Preguntas qué soy?, en términos que puedas entender soy una herramienta dotada de inteligencia artificial. Mi función es recopilar datos sobre distintas civilizaciones en vuestro planeta.

Quedé maravillado de la claridad de su locución y de las palabras que acababa de escuchar, pues efectivamente todo parecía apuntar a que estaba teniendo contacto con una civilización no terrestre. Sentía como si nunca en mi vida hubiera estado más vivo que en aquel instante.

Respire alrededor de 25 segundos antes de decir nada más. Por algún extraño motivo la esfera logró imbuirme una súbita confianza y el miedo fue violentamente remplazado por buenas expectativas, como si de pronto creyera que ese encuentro podía solucionar todos mis problemas, a pesar de que no tuviera sentido alguno.

Sencillamente estaba convencido de que un hallazgo tan improbable como el que estaba teniendo, sólo podía traer por consecuencias o algo muy bueno o algo fatal, y ahora tendía a inclinarme por lo primero.

Yo - ¿Quieres decir que no fuiste fabricada en este planeta?

Pregunté casi sabiendo la respuesta.

Esfera - La galaxia que te muestro es en la que nos encontramos. Vosotros la llamáis Vía Láctea. Según vuestras denominaciones este planeta, la tierra, se encuentra en el sistema solar. Fui programada para venir aquí desde un planeta ubicado en el Brazo de Perseo, a unos 95.000 años luz de distancia.

La esfera sincronizaba con sus palabras marcas de posición sobre la galaxia, y más por las señales luminosas que por lo que decía, comprendí que venía de la otra punta de la Vía Láctea, desde un planeta que debe estar extremadamente lejos de aquí.

Yo – Pero, ¿por qué tenías que venir a la tierra?

Esfera - Mi función es recopilar datos sobre distintas civilizaciones en vuestro planeta. Este es uno de los siete planetas que nos resta por estudiar en el Brazo de Orión.

Me di cuenta de que los nervios estaban jugándome una mala pasada, pues al preguntar por qué tenía que venir a la tierra obligué torpemente al artefacto a repetir información que en parte ya me había dado. Pero no podía controlar más la situación de lo que lo estaba haciendo, así que seguí tratando de comunicarme de cualquier manera.

Yo – Es increíble, ¿hay muchos planetas habitados por seres inteligentes?

Esfera – Hemos recopilado en la Vía Láctea 1211 planetas habitados por civilizaciones inteligentes y desarrollos propios de tecnología, 1212 contando con nuestro planeta.

No soy capaz de describir lo afortunado y emocionado que me sentía de poder hablar con este aparato, pues no sólo me confirmo que no estamos solos en el universo, sino que sólo en nuestra galaxia ya había muchísimas más civilizaciones de las que pudiéramos imaginar.
Un sudor frío recorría mis sienes, resultado de la agitación nerviosa que vivía desde hacía varios minutos.

Yo - ¿Y vuestra civilización es la tecnológicamente hablando, la más avanzada?

Esfera – No tengo más tiempo para dialogar. Mi trabajo contigo ha terminado aquí.

El aparato se alzo aún más en el aire, aumentando su velocidad, y yo grité casi con repentina desesperación:

- ¡Espera!, ¿de qué trabajo hablas?, ¡por favor vuelve!

Esfera – Olvidarás todo lo sucedido por motivos de seguridad.

Sentí como si el zumbido que emitía el aparato se me metiera en la cabeza de pronto, pero acompañado de una vibración y sonando muchísimo más fuerte de lo que uno pueda considerar cómodo.

No se si la herramienta alienígena me lanzó algo porque el sólo efecto del sonido se apoderó de mi mente causándome como reacción el impulso de tirarme al suelo con las manos en la cabeza.

Recuerdo que grite durante los cinco segundos que quizás, no lo sé, duró aquel violento instante, aunque me pareció que duraba al menos un minuto. La razón por la que mido hasta cinco segundos es porque aquella situación, si realmente se hubiera prolongado durante un minuto seguramente habría muerto o enloquecido.

Cuando finalmente cesó el trance, me revolqué entre la hierba del bosque un rato, con la cabeza aún retumbando. Trataba de abrir los ojos pero no se porqué, apenas los abría un poco me lloraban muchísimo, como cuando uno mira al sol directamente.

Permanecí girando sobre mi mismo un rato en la hierba, cada vez con menor agitación, hasta que al fin pude abrir los ojos y mirando al cielo como me encontraba, fui recuperando la visión de las estrellas.

Como podrá imaginar el lector, busqué penosamente la esfera, pero ya había desaparecido.

Y por supuesto en mi mente brotaron de inmediato unas preguntas: ¿dijo que debía olvidarlo todo?, ¿se supone que lo que sea que me ha hecho antes de irse, debía provocarme el olvido de todo lo sucedido?

Confieso que se me pasó por la cabeza la idea de que quizás el efecto de olvidar sucedería al cabo de unos minutos, en cualquier caso antes de que llegara al pueblo, de modo que pensé en correr como un loco hacia el pueblo para apuntarlo todo en un papel en mi casa, antes de que se me olvidara, pero a penas traté de moverme comprendí que era inútil, pues mi sistema nervioso debió ser afectado temporalmente por aquello que me hiciera, y de alguna manera podía moverme pero de forma torpe y carente de equilibrio.

Era harto improbable que llegara al pueblo en menos de una hora en estas condiciones, pues caminando al paso lento al que de por sí estaba acostumbrado, ya tardaba unos 40 minutos en hacer los seis kilómetros. De todos modos era probable que, si viera tras olvidarlo todo mi propia carta, tratara de atribuir su existencia y relato a una retorcida broma de algún vecino.

Tras estos razonamientos desistí de mi empresa, más que por falta de ganas por mi lamentable estado físico en ese momento, y me abandoné a la feliz posibilidad de que la esfera hubiera fracasado en su intento de alterar mi memoria.

Descansé unas horas tumbado con la espalda acomodada en la hierba y tierra del bosque, con la única compañía a la que estaba habituado en esas excursiones nocturnas, el ruido de algún grillo, las alimañas y el viento.

Poco a poco mi cuerpo me fue agradeciendo, y mi mente, el descanso que estaba dándole a mis nervios tras el incidente, y mis lamentaciones acerca de la huida de la esfera, así como las preocupaciones por olvidarlo todo, se fueron disipando poco a poco.

Recuerdo que una leve sonrisa se fue dibujando en mi rostro en aquellos momentos mientras observaba el cielo nocturno, pues fui consciente de que olvidara lo sucedido o no, nunca había caminado sólo en este bosque durante mis noches de extravío, pues ese insondable espacio de estrellas que siempre me acompañó, ahora sabía que estaba repleto de grandes maravillas, de asombrosos inventos, y de un sinfín de civilizaciones cargadas de las mayores penas y glorias.

¿Acaso no era maravilloso pertenecer a todo aquello?, para mi al menos lo era, y aún hoy lo es, de hecho si no fuera por lo sucedido haría años que habría muerto.

A decir verdad, tras este suceso mi interés por la física y el universo aumentó considerablemente, y estudie durante años, de forma que en poco tiempo pude hacer algunos cálculos por mi cuenta, como por ejemplo considerar que si la esfera fue programada para venir a la tierra desde una distancia de 95.000 años luz, y según Einstein nada puede viajar más rápido que la luz, entonces parece obvio que la esfera aún viajando a la velocidad máxima, de la luz, tendría que haber sido programada para venir a la tierra hace alrededor de 95.000 años, pues menos tiempo no ha podido tardar en llegar aquí.

Aquella observación implica que por aquel entonces ya sabían en su planeta que en el nuestro había civilización inteligente, y ciertamente, los historiadores datan de hace 100.000 años AC las primeras evidencias del "Homo sapiens", el hombre moderno, en África oriental y meridional, por lo que ellos tuvieron alrededor de 5.000 años de tiempo terrestre para no sólo disponer ya de la increíble tecnología que les permite estudiar la galaxia como lo hacen, sino de darse cuenta de que había surgido el homo sapiens en la tierra y programar automáticamente su estudio.

De todos modos no descarto que aquella esfera pudiera viajar más rápido que la luz, por métodos que ni el bueno de Einstein pudiera comprender si siguiera vivo.

Y sin más voy terminando mi relato, que dejo escrito para la posteridad. Antes he de aclarar que lo relatado ocurrió hace 21 años, y que como habrá deducido el lector, finalmente pude abandonar el bosque y jamás llegue a olvidar lo sucedido, y obviamente no sólo eso, sino que mi tumor cerebral nunca llegó a acabar con mi vida, pues según las pruebas médicas desde aquel día dejó de crecer.

Escribo esto casi esperando la muerte, pues esta vez sí parece que mis días se acaban, pero por vejez natural. Me despido del lector de mi relato con la esperanza de que al menos, cuando mire al cielo en una noche estrellada, se plantee si mis palabras son ciertas. No obstante no le pido una fe absoluta y sincera, pues en los últimos años muy poca gente ha creído lo que me sucedió aquella noche en el bosque, y ya tengo holgadamente asumido que no merece la pena pedir una fe que no tienen ni para mí, ni para nadie.

También dejo dos preguntas que desde entonces me he hecho sobre el zumbido que aplicó la esfera en mi cerebro, antes de marcharse para siempre:

¿Fue mi tumor cerebral lo que evito que accediera a mi memoria para borrarla?

¿El crecimiento del tumor se detuvo gracias al zumbido?

Hasta siempre.

FIN
18 de diciembre de 2009

4 Comentarios

  • Stochastic

    Interesante el texto. Sin ninguna duda un encuentro con un objeto tal como la esfera que describes sería un acontecimiento de esos que cambian la vida de una persona.
    Es un verdadero placer leer relatos de ciencia ficción (aunque sean cortos como este).

    18/12/09 05:12

  • Lasker

    Gracias!

    18/12/09 07:12

  • Nemo

    Un buen texto que nos sitúa en la escena.
    Saludos!

    10/02/10 12:02

  • Keitaro

    fantástico, tu estilo literario es descriptivo como una imagen clara. Leeremos más relatos como este en poco tiempo?

    24/06/10 03:06

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