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Miserable Anestesia

Mientras yo descanso sobre las esponjosas grietas de mi mente, en algún relegado lugar de mi ciudad se oculta el silencio hambriento entre goma amarilla que anestesia a esa esponjita vital que muere rápidamente cada día, y aun mas cada noche, donde se enfrenta al frio y al terror de los callejones, laderas y puentes de una jungla hostil y homicida.
Esa tenue chispita, que por las mañanas decora la ciudad con un tinte circense durante mi pasajero paso por esa esquina o cruce peatonal, vive una ferviente lucha contra los fantasmas de sus pasado y aquellos tenebroso monstruos del presente que amenazan continuamente con arrancarle cada una de las células de su ser, una por una, con la mayor violencia y dolor posible. Una lucha que se tiñe del anastesiante amarillo, es que ese viscosa alimento es tan necesario si vives en tu peor pesadilla. Si bien no llena el estomago distrae del grito desesperado de hambre con un abismal estruendo de homicidio neuronal que termina por tranquilizar a la victima de esta selva imperdonable cruel y traicionera. Porque son el betún el fuego los malabares y los caramelos el equivalente a la oficina en la que trabaja el enternado que entrega con lastima una caridad desde la nítida ventana de su automóvil.
Mientras regreso con regocijó espiritual de una presentación musical, por la ventana del bus la vida no miente, el silencio lo grita a viva voz, sálvenme de la amarilla salvación ayúdenme a ser visible con ojos humanos y no con ojos de alimaña o excremento. La carretera se e longa alrededor de mi retina que se tiñe de rojo por la sangre que percibe, y si bien las calles están vacías, narran las más crueles y tristes historias. El semáforo marca de rojo un accidenten en la esquina transversal, sirenas y llantos penetran por las heridas de un niño que se equivocó de realidad de tiempo y espacio, en el bus todos se pegan a las ventanas para ver un poco de sangre y expulsar un suspiro de pena fingida, pena momentánea como el semáforo, esa pena es del mismo tipo que la caridad que ronda por las mañanas, igual de banal y momentáneo como la luz del semáforo. Al llegar conmocionado a mi casa decido que para tranquilizar un poco a mi espíritu escribiré un poco, y es en este punto abismal donde me doy cuenta que mi maldita costumbre impide prestarle atención a esa verdad y aunque lo haga no respondo de forma adecuada, es decir, no hago nada, lo dejo pasar, ya que mi mente no logra reaccionar, y aunque sea capaz de despertar de ese shock, ¿qué es lo que puedo hacer?, acaso rebajarme a la insignificancia de una caridad, No.
Mientras el está preso entre frio concreto y encadenado con nocivos olores que le exprimen su inocencia, los “caritativos” están atrapados entre falsos cristales dorados y colgados del cuello cual trozos de carne por un elegante gancho que los transporta de un lado a otro, de restaurantes a tiendas, de caja en caja, de jaula en jaula.
La próxima vez que me golpee esta realidad, la mirare a los ojos y le contare de mis cadenas y grilletes, y solo con la sincera mirada me contara de las suyas, por un momento nos sentiremos comprendidos como los extraños habitantes de una realidad forrada por papeles vistosos, tan hermosos y vistosos que valen más que el alma de un ser humano .

2nz
26 de septiembre de 2008

4 Comentarios

  • Laramie

    Guau, me gusta mucho tu lenguaje y tus maneras.

    Un beso!

    27/09/08 04:09

  • Polaris

    Coincido con Lara, realemnte es de nota.
    Un beso y un abrazo.
    Pol.

    27/09/08 06:09

  • Mejorana

    Hermos?simo texto Leandro.
    Gran texto.
    Amigos, le pongo de nota Matr?cula de Honor.
    Me ha llegado hasta lo m?s hondo de mis fibras.

    27/09/08 09:09

  • Leandro2nz

    Mil Gracias a las tres realmente me siento satisfecho cuando alguien logra entender mis enmara?ados pensamientos

    Besos

    2nz

    27/09/08 11:09

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