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Edith Alejandrina

He visto al mundo nacer, presencie los primeros pasos del hombre en la vida, pude ser testigo del momento en que la humanidad intento acabar con su existir; y sin embargo, de todas esas maravillas, asombros y tragedias, ninguna se compara contigo, Edith Alejandrina, mi musa, la única mujer capaz de robar mi aliento, despertar mis mas grandes inseguridades, convertiste a un ser lleno de seguridad en sí mismo en un cobarde incapaz de preguntar ¿como estas?; cada mañana que te observo salir de tu morada me propongo como objetivo el ir a saludarte, invitarte un café, charlar, conocer acerca de tu vida, ser parte de tu vida, ser tu vida; pero al momento de cruzar miradas tus ojos color miel comienzan su accionar en mi, mis miedos salen a relucir, la inseguridad me consume, y francamente prefiero pasar desapercibido ante ti, antes de que comprendas que nunca estaremos juntos, prefiero vivir una ilusión que vivir con un corazón roto. Se preguntaran ¿que tiene ella de especial? la respuesta es simple, lo tiene todo, como ya mencione con anterioridad sus ojos color miel pueden lograr que cualquier hombre exteriorice sus más grandes inseguridades, la honestidad dejaba de ser opcional ante ella; su cabellera dorada era una extensión del lienzo más bello que el mejor pintor en la historia del arte hubiera pincelado, su dorado cabello resplandecía cada vez que el sol lograba tocarla, sin duda cada vez que una pequeña brisa lograba rosar su cabello era un deleite para el ojo humano; su piel blanca como la nieve tersa y suave como la porcelana podrían calmar hasta la más avasalladora tormenta, sus labios rosas eran como una maldición para el hombre, ya que si tenias suerte de probarlos nunca más desearías a otra mujer como a ella, Edith Alejandrina, el nombre de la perfección que yo nunca alcanzaría.
Dos meses han transcurrido desde la última vez que vi su angelical rostro, es curioso como para mi estos últimos días han sido un infierno, sin poder deleitar mis ojos con su maravillosa imagen, me he vuelto un adicto a su belleza, cada día, hora, minuto en que no puedo verla, la luz que perciben mis ojos va desvaneciendo, la necesito para continuar mi existir; mientras que para ella yo solo soy un extraño que no le roba ni un segundo a su vida, mi vida no le causa ningún agravio a la suya, si ella dejara de existir mi vida no encontraría ningún sentido alguno, mi lamento seria incontrolable, buscaría que la humanidad fuese la responsable de su cese y los haría pagar , si yo mañana dejara de formar parte de su alrededor su sonrisa no dejaría de iluminar el cielo obscuro en el que vivo, ella no se detendría a derramar lagrimas para mí, no arrogaría una rosa a mi féretro, ella no sabría que yo fui quien más la amo y mas la deseo. Por ella yo soy capaz de extinguir constelaciones en su nombre, erigir momentos en honor a su belleza, borrar a la humanidad y empezar desde cero solo ella y yo, juntos en el vacío, donde nadie y nada fuesen capaces de separarnos, solo tenía que pedirlo, solo tenía que preguntárselo. Estos dos meses fuesen equivalentes a dos siglos, me pregunto qué tanto pudo ella haber cambiado, que fascinantes cambios presentara que lograran que me enamore aun mas de ella. Sin duda veo como abandona su hogar luciendo un vestido blanco que logra realzar su belleza, sus labios rosas se han vuelto rojos, y sus ojos color miel se ven rodeados de una capa obscura que esconde su brillo, mira constantemente e impacientemente su reloj, me he acostumbrado a sentir nervios cada vez que paso a su lado que he logrado distinguirlos, está nerviosa, ¿Cómo una mujer con las cualidades más perfectas logra sentir tan despreciable sensación?, algo no está bien, ¿Quién se atreve a provocar inseguridad en ti?, ¿Quién es el ser divino que ha logrado impacientarte?, ¿quiero saber quién es?; no puede ser, el color negro que rodea a tus ojos sirve para absorber la luz que dirigías a mi cielo y enfocarla a él, ocultas el rosa natural de tus labios con un rojo que esconde lo tentado que se ven por besar los de él, sin duda quieres que él sea quien sucumba ante la maldición de tus labios. No lo entiendo, como alguien tan bella, tan simple, tan sencilla, tan perfecta, puede sentir algo por alguien tan simple, tan sencillo, tan no divino, tan hombre; yo le puedo obsequiar galaxias, estrellas, mundos, conservar su belleza por la eternidad, jamás vera como esta se consume, en cambio el solo le puede obsequiarte una vida, ¿acaso eso es más de lo que yo puedo ofrecerle? La he perdido, tanto tiempo contemplándola y admirándola, creí que ella siempre estaría para mi, esperando el día en que yo me llenara de valor y al fin pudiera mencionar tan sencillas palabras que ante ella se convertían en las más complicadas de pronunciar, la diferencia entre él y yo no es mi divinidad y que él es un solo hombre, la diferencia fue que él supo decir las palabras que yo nunca logre encontrar, “Hola, ¿Cómo estás?”, la diferencia entre estar con ella y la soledad fueron tres simples palabras, que yo no pude pronunciar.

Leonardo David Castañeda Valdez.
Leocastvalz1991Publicado el 10 de febrero de 2015
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