Día 11 Conmigo.

Nuestras heridas .... aquellas que nos forman y nos construyen... son tan peligrosas como nosotros las interpretemos... algunas nos permiten avanzar y nos dan la seguridad que necesitamos para saber con certeza que ya está, que ya pasó, que todo acabó y no volverá nunca a ti.
Otras, sin embargo, te queman el alma.
Te hacen ceniza, débil, pobre y ligero.
Te hacen sentirte polvo, sin rumbo alguno por las calles que el viento elige llevarte.
Dejan cicatrices... y a veces pensamos que las hemos superado pero luego las miramos, las observamos, las vemos otra vez ahí, con nosotros, y es como una pesadilla constante que nunca acaba. Un martirio de recuerdo segundo tras segundo marcado en nuestra piel.
La mayoría son ignoradas, y así se hacen más fuertes y más grandes cuanto más miedo les tenemos.
Y a veces se nos olvida que tener heridas significa haber vivido. Son la prueba de que sobreviviste al caos que había en ti mismo y que pudo matarte, pero solo consiguió hacerte más fuerte, más valiente, mas astuto.
Que no te engañen, la vida no es fácil. Vas a tener momentos en los que pensarás que un rasguño te va a suponer la pérdida de todo, y otros en los que creerás que no vas a perder nada. Pero he de decirte que siempre se pierde, hagas lo que hagas, decidas lo que decidas, no se puede tener todo en este juego; y no se si te has parado a pensar, ya que suena tan triste todo esto, que quizás lo que ganes sea perderlo.
Quizás lo que ganamos rutinariamente es solo una herida más, pero que bonito es amanecer cada día con la sensación de haber aprendido a vivir....

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