Inabordable




Tarde de domingo.
Anhelo la noche y pido que pase la muerte,
que se vaya
que no vuelva que no vuelva
que no maree
que no
que no todo el tiempo.
Pero el hechizo persigue,
insiste sobre la tarde bermeja,
lo escucho como una historia que se repite.
Es el mismo soplo,
el ruido continuo,
antes y ahora,
el sentir exacto
de algo invencible.

Mi aliento suda el vidrio,
mis ojos muerden sus cuencas,
mirá,
mirá,
hace humedad y frío.

-Esta pulsión es miedo…

Y rezo,
tantas veces como para mentirme.
Rezo porque no sé gritar,
porque si gritara,
si supiera,
la verduga se iría, como vino.



Lu



26 / agosto / 2015

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