TusTextos.com

¿por QuÉ Me Buscaste?

¿Encontrarla de nuevo?

Fue la gran interrogante que lo separó de la nostalgia de lo ilusorio. Se propuso a realizar su improbable sueño, y en una red social agotó el tiempo en deshacerse de su inquietud.

De casualidad al ver su perfil, tenían amigos en común. Quizá para aquella red eran "amigos", pero no resultaba del todo cierto. En común tenían de amigos los enemigos de él, que por cuestión de política de liceo, el mantenía por estudiar estos en su mismo salón. No podía creerlo, pero nada debía exigirle al destino. Tenían años sin verse, y el río corre al igual que las personas, al igual que los lazos. Aun así, no se detendría hasta poder hablarle.

Ella le reconoció, y Mario con tanta ilusión pretendía deshacerse de la misma con la realidad que veía a través de sus ojos, a través de las fotos de perfil y de las etiquetadas, que auguraban un final un tanto prometedor. Acordaron seguir hablándose, y Camila, como se llamaba la divertida y nostálgica ilusión le pidió su número telefónico por si el internet no funcionaba, y ella quería escucharle de nuevo "... remediando los viejos tiempos".

Se escribieron hasta de madrugada, sin importar la señal, sin importar el tiempo o las ocupaciones de ambos; mas ella tenía un problema, o tan solo el problema era para él: ella tenía novio. No aparecía en su perfil, no aparecía ni en el sexto sentido. Nadie sabía de su existencia, pero allí estaba, era real.

Un día, ella le invitó a salir. Mario no sabía si aceptar, ya que él debería ser quien le invitara al centro comercial; mas ella no le importaba quien debía ser el primero quien debía dar el paso. Ella le pidió que de asistir fuese discreto. -¿Por qué, no tengo de quien esconderme?-. -¡Tu no... pero yo sí!-. -¿De quién?-. - De él-. "Quién es él... en que lugar se enamoró de tí" dice la vieja canción. Así creyó sentirse Mario, así casi se lo preguntó, mas ella no conocía la melodía.

Aceptó ir.

No lo vió. Pero allí estaba, en alguna parte, en sus ojos, en sus labios. Estaba en su delicado vestir, en su rítmico andar, en sus angustiosos movimientos que le hacían dudar de su cordura. - Todos estamos locos ¿lo sabías?-. -¡Pues no, Camila ...!-. -Si no lo estuviéramos, ¿Qué sería de las grandes aventuras?... él no sabe donde me encuentro, no sabe de tí. No tienes de qué preocuparte-. - No quiero estar lejos de ti, Camila, lo sabes ... pero tampoco quiero ser la sombra que él nunca vé y aun así sabe que existo-.- No te preocupes ...-. Cuando se despidieron con un breve beso, tomó ella su mano y apretó muy fuerte su meñique. Allí iba, a encontrarse con él.

No se hablaron durante la siguiente semana. Mario no encontraba palabras para expresarle lo que sentía, para decirle que la amaba y que sentía odiarla también. Tal vez se odiaba a mi mismo, tal vez odiaba su vulnerabilidad ante ella. Creía que quizá lo odiaba también a él: cercano, lejano, de cualquier nacionalidad o tal vez el reflejo de su propia miseria. Pero lo cierto, es que también la odiaba a ella. También la amaba, y dentro de una misma mirada no caben dos sentimientos y un beso con aliento a incertidumbre.

Camila le escribió una tarde cuando él se encontraba comprando una película, no recuerdo el nombre, ni creo que sirva en este momento. Sentía él que ya no quería saber de ella, pero una sola frase pudo mas con el silencio que los separaba: - ... quiero saber de ti-. No había nada que saber Quizá el hecho de que en esos días, Mario estuvo en el cumpleaños de su sobrina. No era algo que fuese tan importante para ella. Mas, se lo contó, y volvieron hablar hasta la madrugada.- ... terminé con él-. -¿Cuándo?-.-Ese mismo día que nos vimos-. -¿Te dolió?-. -No. ¿Te parece bien?-. - ... lo importante es lo que creas tú de tus decisiones. Dime ¿te parece bien que le hayas terminado?-. ¡Quizás!-. - ¿Quizás?-. -¡Sí! Quizás, no lo sé ... Bueno, tengo mucho sueño, iré a dormir. Bye-. Solo le colgó; y durante dos días, Camila mantuvo apagado su teléfono. Realmente estaba convencido que la odiaba. No tenía dudas, pero se limitó a intentar ignorarla.

Casi quince días después ella le escribió un "¡hola!". No quiso responderle, pero a la hora volvió de nuevo otro "¡hola!". -¿No quieres hablarme más?-. -No Camila, no quiero hablar contigo ... estoy muy ocupado-. - No lo creo. No me estarías respondiendo-. - Simplemente no quiero hablar contigo, eso es todo-. -Esta bien... pero eres tú quien no quiere hablarme, no yo-. - ¡No me importa, camila! Feliz tarde-. - ¿No tienes algo mejor que decirme?-. -Adios, Camila-. - ... Pensé que me amabas, o que tal vez te gustaba. ¿Acaso nuestro beso no fue suficiente? o es qué tu también tenías otra-. - No tengo otra, pero tu sí tenias otro-. - No es mi culpa Mario... nunca me imaginé que hablaríamos nuevo. ¿Por qué me buscaste?-. Esa última pregunta le dejó mudo, y no le respondió más.

Días después le dijo que volvió con aquel ser sin rostro. ¿Existía? no lo sé. ¿Amaba, odiaba ... era vulnerable? No lo sé. Solo le pidió Mario que no le escribiera, que lo olvidara. Pero insistió una vez mas: - Solo eres un cobarde, Mario ... No te atreves a enfrentarte a él porque no lo ves-. ¿A quien debía ver? Solo la observaba a ella en sus pensamientos, cuando besaba el aire, cuando le hacía el amor al silencio y se despertaba para escribirle a Mario que había dejado a ese "otro". No pudo aguantar más el latido inquieto y la llamó insultándole, perdiendo los estribos de su lenguaje, de sus heridas, pidiéndole además que lo borrara de sus contactos, que no le llamara de nuevo, y tantas otras peticiones que la razón fue tiñendo a derrumbe.

-Mario ... yo solo te amaba-. Fue lo último que le escribió casi ocho meses después de su última y desdichada llamada, y aun lejos de la montaña de escombros ... dos palabras pudo ella arrancarle desde la distancia de los lazos rotos:

-Yo también.

Fin.
Luisjose18 de noviembre de 2019

2 Comentarios

  • Creatividad

    Hola amiguito, buen relato. Un abrazo

    19/11/19 02:11

  • Diegozami

    Buen relato.

    Saludos.

    25/11/19 06:11

Más de Luisjose