Martinez

Publicado por Lukadg el 08 de octubre de 2017.
La primera vez que lo vio entrar, llevaba la misma ropa de hoy. Chaleco verde con una camisa blanca con corbata desprendida, pantalones negros con un cinturón apretando sus nalgas y unos zapatos gastados.
El señor Martínez siempre pedía lo mismo, un vaso de Vodka sin hielo ya que el hielo le podía sacar el sabor al alcohol, al derretirse.
Francesco siempre se preguntaba qué historia fantasiosa traería el señor Martínez cada vez que lo veía pasar por la puerta de madera de roble con unos dibujos tallados que ni el propio Francesco entendía.
Francesco era cantinero desde que tenía memoria, claro que se había hecho dueño de la cantina familiar al perecer su padre, pero siempre había estado ayudando desde que era solo un niño. Cada día antes de dar vuelta el cartel de "abierto" recordaba los tres puntos para ser un buen cantinero que su padre nunca que cansó de recalcarle.
"El cliente toma hasta que ya no pueda más"
Esa era una regla que a Francesco no le gustaba. Se había hecho amigo de muchos de sus clientes y no le gustaba verlos en mal estado. Con modestia aparte, estaba feliz de decir que su cantina era la más visitada de la ciudad. Si tenía la mejor calidad o no, le importaba poco.
Martínez se aproximó con el mismo paso amainado de siempre y con una mueca de dolor abrió la boca y dijo:
-Dame lo más fuerte que tengas-lo dijo con el tono más triste que Francesco había escuchado alguna vez, como si arrastrara las palabras.
-¿Todo bien señor?
-Creo que no tengo ni que contestar esa pregunta, sírveme por favor.
Francesco se dio media vuelta para ir a examinar la cantidad de bebidas alcohólicas que tenía. Ron, Vodka, Whiskey, pero nada de eso era lo que el Señor Martínez quería. A él le gustaban las bebidas latinoamericanas. Abrió uno de los cajones de debajo de su estantería y retiro cuidadosamente el Mezcal que solo reservaba para sus mejor clientes. Claro que Martínez era uno de sus clientes favoritos y sobre todo era uno de los más generosos con la propina. Él nunca había preguntado, pero el lindo auto y las buenas ropas hacían creer que era un hombre muy adinerado.
Francesco recordó una vez que Martínez le insinuó algo que nunca se había puesto a pensar hasta el día de hoy. "Solo me hago cargo del negocio familiar, como usted. La diferencia es que a mí no me hace tan feliz como a usted". El señor Martínez siempre parecía muy alegre, pero solitario. Era amigo de los hombres del bar y de vez en cuando se le veía retirarse con una mujer. Claro que siempre era respetuoso con las mujeres, aunque de vez en cuando Martínez observaba a una dama en particular y se le acercaba pícaramente por detrás a susúrrale unas cuantas palabras que, aparentemente, servían para que la noche terminara con un buen sexo. Claro que todo esto eran suposiciones de Francesco, ya que él nunca había hablado de eso con el Señor Martínez. Curioso era, que cada vez que el señor Martínez se retiraba con una mujer, esta no volvía, jamás.
Francesco no se había dado cuenta, pero mientras pensaba todo esto ya había servido y estaba llevando el vaso con el Mezcal a su mejor cliente.
-Aquí tiene, lo más fuerte como me pidió-dijo depositando el vaso en la barra.
-Gracias Fran. Usted siempre ha sido bueno conmigo y eso que nunca nos hemos vuelto cercanos-tomó un sorbo largo de Mezcal-Aggg, fuerte.
Francesco notaba algo diferente hoy, notaba que algo faltaba, faltaba esa chispa en sus ojos.
-¿Sucede algo señor Martínez? Algo en lo que pueda ayudarlo?
-Demasiada formalidad en este día, amigo.
-¿A qué se refiere?
-En estos tiempos tan duros, me doy cuenta que me he dedicado a venir a esta cantina, todos los sábados y nunca indagué nada sobre la persona que mejor me ha tratado. Estoy más solo de lo que parece, sabe? Es cierto lo que dicen, el dinero no hace la felicidad.-tomó otro trago y siguió- Irá usted a visitarme? No, no lo creo.
Francesco cada vez más confundido, respondió:
-¿Visitarlo, a dónde? ¿Qué sucede señor?
Martínez, retirando un billete de cien pesos continuó hablando:
-Me descubrieron, eso es lo que pasa.
De repente el volumen de la televisión aumentó de repente y se escuchaba como la mujer de las noticas relataba un aparente rastreo del criminal que venían buscando hace meses.
"La policía ha encontrado por fin al asesino conocido por matar a 12 mujeres en 3 meses. Se ha descubierto que la identidad del hombre que encabeza la lista de los más buscados es Franco Martínez". Cuando Francesco escuchó esto, todo el resto de los sonidos que su cerebro procesaba llegaba distorsionado, como si escuchara todo debajo del agua. Paulatinamente giraba la cabeza para observar a su mejor cliente por última vez. Lo único que alcanzó a ver fueron sus zapatos gastados, con la suela llena de sangre y los 100 pesos que había depositado en la barra. En ese instante, el sonido volvió a la normalidad. Volvió a escuchar el televisor, los vasos, las voces, los pasos, las puertas y a lo lejos, unas sirenas de policía.
"Si usted tiene alguna información acerca del paradero de este hombre por favor llame al 911 y si lo ve, huya. Es extremadamente peligroso"
Ya no tan lejos se escucharon unas sirenas y un motor caro, de un auto caro, se encendió y rápidamente empezó a alejarse. Francesco no sabía que el auto del asesino más buscado del país no llegaría a más de 4 cuadras. Chocando contra el carrito del hombre que hacia hamburguesas.
El dueño de la cantina más visitada de la ciudad se preguntó si alguna vez volvería a ver a "Martínez el Descuartizador" y unos disparos a lo lejos le dieron la respuesta a esa pregunta. Hoy, cerraría antes.

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2 Comentarios

  • Chay

    Estoy realmente impresionada.....!!!!Joder,nunca podremos saber a quién tenemos a nuestro lado....Quizås por eso,hoy en día,desconfiamos de todo el mundo.Grande,Lukadg.

    08/10/17 07:10

  • Beatrix

    Me gusta tu historia, es bastante interesante.
    Un saludo Lukadg.

    08/10/17 10:10

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