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Cuento Del Solsticio de Invierno

No tengas miedo,
dijo la víbora al lobo.
No pierdes nada,
¿cuánto llevas solo?

Primero buscó su destino
en el fondo de un vaso.
El lobo sobrevivió,
resucitó con retraso.
Se hizo detective.
Révolver y excesos.
"Entró en franco declive",
dijo el periodista de sucesos.

La zorra dijo al zorro,
que ya no lo quería.
Era época de rebajas,
era un diciembre de ahorro.
Y el lobo hizo una tontería.
Remordimiento en diez cajas,
una mudanza y un porro,
una venganza y una alegría.
Un nuevo rey sin baraja.
Revolución: gritemos socorro.
Que no invada la cobardía,
ahora que llevo ventaja.

El lobo siguió caminando,
hasta que la rosa cumplió años.
Allí conoció a una duquesa,
noble de boca de menta.
Mordió su lujuria,
intercambiarion injurias.
Y sin faltar a su fama,
el lobo metió la pata.

Géminis le engatusó,
le tendió una trampa
en la ciudad de Clarín.
El día le emborrachó,
otra noche ahora campa,
aquella vez casi fue el fin.

El lobo marcó territorio.
La duquesa quiso probar
a convertirse en loba.
Besos perentorios,
Robin de Locksley, que por robar
se envolvieron en seda de caoba.

El lobo encontró a un viejo lince,
compañero que creía perdido.
La duquesa se hizo perdonar.
El hueso del dolor sufrió un esguince.
Su manada fue el pueblo elegido.
El amor no se volvió a fugar.

El lobo con esfuerzo llegó a ser rey,
dejó en obras la autopista al infierno.
Siempre la nueva es mejor ley,
aunque sea un viejo gobierno.
Y con lágrimas azarosas llora el lobo,
contando su combate eterno.
En el cuento, del solsticio de invierno.
Luko179122 de diciembre de 2011
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amor vida cuento recuerdo

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