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La Torre de Babel- Capítulo 5

Juan trabaja su jardín con mucho esmero, mostrando un excelente conocimiento de la botánica. Hace un día agradable, no demasiado caluroso, con un cielo azul que invita al optimismo a cualquiera, incluso a un profesor tan escéptico como él.
-¿Profesor?- pregunta una voz detrás de él.
Juan se gira. Un hombre moreno, trajeado, le sonríe mientras le extiende su mano. Juan se la estrecha.
-¿Quién pregunta por mí?
-Me conocen de muchas formas. Usted puede llamarme Gallardo.
-¿Qué se le ofrece, señor Gallardo?
-Tengo un mensaje para usted.
-¿De qué se trata?- pregunta intrigado el profesor.
-Si no le importa, preferiría hablar con usted en un lugar más discreto.
-De acuerdo, como guste.
Juan guía al mensajero al interior de su casa. Su vivienda goza de ese intento de minimalismo reconvertido en decoración burguesa que tanto gusta a los de clase media. El gusto por las plantas se refleja también en el interior, donde una estantería recoge fotos de su difunta mujer y su hijo, que se encuentra de viaje. Le ofrece a Gallardo tomar asiento en el salón.
-¿Cuál es ese mensaje tan discreto?
-Me envía la doctora Elena Caballero.
Juan la conoce. Es una excelente mujer, con grandes capacidades en los campos de informática y biología. Ha coincidido con ella en diversas ocasiones, y sabe que es una persona con mucha empatía, cercana, desinteresada, cordial. Nada es para ella más importante que su trabajo, así que no entiende el secretismo del mensajero.
-Supongo que serán buenas noticias. Oí que estaba trabajando para Aguilar, el millonario. Un buen empleo, no cabe duda.
-Siento decirle que la doctora Caballero ha muerto.
La noticia sacude como un torrente de agua fría a Juan.
-¿Qué…qué le sucedió?-pregunta con voz entrecortada.
-Murió en un accidente de trabajo.
-¿Y eso qué quiere decir?
-Para serle sincero, Aguilar ha intercedido en su muerte.
-¿Cómo?
-Elena dejó de trabajar para Aguilar hace un tiempo. Al magnate no le gustó que compartiera sus servicios con la competencia.
-Pero… ¿por qué? ¿Quién la contrató?
-Fui yo.
Gallardo parece cabizbajo. El profesor le observa, aprecia como el hombre quiere tragarse una culpa que realmente no ha desvelado.
-¿Quién es usted, y qué relación tenía con la doctora?
-Soy un hombre de negocios, y usted sabrá que en el mundo económico, hay que labrarse un puesto, y construir desde abajo. Crear, en definitiva, buenos cimientos. Aguilar es una molestia para mis planes, o yo lo soy para los suyos, según se mire. La doctora ofreció secretos de empresa a mi compañía; Aguilar lo supo y la mandó asesinar por ello.
-¿Cuándo sucedió esto?
-Hace unos días.
-¿Y por qué no me he enterado hasta el día de hoy? Saldría en las noticias.
-¿De verdad cree que un hombre como Aguilar no condenaría al ostracismo a quién se atreviera a desvelar algo así?
-Pero… usted tiene pruebas de ello, ¿verdad?
-Efectivamente.
-¿Y es usted alguien influyente?
-Depende de a quién pregunte.
¿Y por qué no le lleva ante la justicia?
-Ya lo hemos hecho. Tengo la suerte de contar en mi organización con un hombre muy capaz para tales cometidos. Hemos capturado al hombre que la asesinó.
-¿Y qué ocurre con Aguilar?
-No podemos llegar hasta él. Aún no.
-¿Por qué?
-Porque antes debemos contratarle.
El profesor le contempla extrañado.
-¿Contratarme? ¿A mí?
-Como última voluntad de la doctora Elena Caballero.
-¿Para qué, exactamente? No tengo conocimientos jurídicos.
-Ni tampoco mis hombres.
-Usted está hablando de asesinar, pues.
-Solo si fuese necesario.
-¿Sabe qué? Creo que la policía se ocuparía mucho mejor de este asunto.
-Aguilar está por encima de ellos.
-¿Y de usted no? Aún no sé nada de su “organización”, si es así como llama a una serie de paramilitares justicieros o lo que quiera que sean. Ni tampoco que provocó la muerte de la doctora.
-Es una historia larga, y tengo poco tiempo. Pero si se la cuento, debe escucharla sin interrupciones, simplemente como un espectador.
La teatralidad de Gallardo sobrepasa la paciencia del profesor. No obstante, le concede el beneficio de la duda.
-Hable.
-Gracias, profesor- Gallardo se reclina en su asiento, con los ojos mirando al infinito, como intentando traer del pasado hechos que recuerda de forma difusa.
-¿Conoce la historia de la Torre de Babel, profesor?
-Por supuesto. Aunque no sé qué tiene que ver con…
-Según la Biblia, el hombre hablaba hace milenios la misma lengua; no había fronteras culturales, todos estaban unidos, como hombres libres, con capacidad de raciocinio, con increíbles metas. Una de ellas fue alcanzar a Dios mediante la construcción de un edificio tan alto que llegase al cielo.
-Sí…-el profesor se siente más absorto a cada palabra de aquel extraño hombre con labia de predicador y con un traje que luce como una segunda piel.
-Dios, en su infinita sabiduría, no contemplaba que los mortales llegasen a su dominio. Y los dividió, haciendo que cada uno de ellos hablara una lengua distinta. Es una bonita historia sobre el origen de los estudios filológicos, y también uno de los pasajes más conocidos del Antiguo Testamento.
-De acuerdo, pues debe saber que a lo largo del tiempo ha habido hombres tan capaces como aquellos. Hombres que se atrevieron a ir un paso por delante. Hombres que buscaban lo que todo el mundo consideraba inexistente. Y hombres exitosos. Nicola Tesla. René Quinton. Ponga usted los ejemplos que desee. Pero como cualquiera sabe, la envidia es el pecado por antonomasia. Y ciertas personas temerosas de Dios pero con muchas más influencias se ocuparon de acabar con la reputación, con la existencia, de estos emprendedores. ¿Motivos? Se me ocurren muchos. Económicos, probablemente.
-Disculpe, Gallardo. Pero no comprendo cómo se puede equiparar esto a la historia que le he pedido.
-Mi organización reúne a los últimos representantes de esta serie de idealistas. Como factótum del asunto, he decidió darles un enfoque agresivo, y por qué no, vengativo. Debemos luchar, o desaparecer.
-¿Y por qué se considera uno de esos “idealistas”?
-Esa pregunta no puedo respondérsela ahora mismo. Conténtese con saber mi verdadero objetivo, pura abstracción: salvarles a todos. Liberar al mundo.
-¿De quién, exactamente? ¿De Aguilar?
-Él es la cabeza del iceberg, Juan. Busco dar el empuje suficiente al mundo para que se libere por sí mismo. Yo desapareceré, cuando Aguilar desaparezca. Quid pro quo.
La sinceridad de las palabras de ese hombre abrasa la mente del profesor. Si no dice la verdad, al menos está convencido de qué lo es. Pregunta:
-¿Qué tiene que ver la doctora con su organización? Quiero decir, ¿qué papel cumplía?
-Elena fue contratada por Aguilar hace un tiempo. Su capacidad fuera de lo normal la hizo ascender rápidamente entre los científicos de su holding. Aguilar confío lo suficiente en ella para revelarle cosas que ningún ser humano está preparado para saber. Ella escapó, y se encontró conmigo. Me contó todo lo que sabía y decidí tomar cartas en el asunto, pues aunque yo conocía los trapos sucios de Aguilar, no me imaginaba qué llegara tan lejos.
-¿Y la doctora confió en usted?
-Desde luego. ¿Por qué no iba a hacerlo?
-Si escuchó una historia tan poco fraguada como esta no se la hubiera creído. O usted lleva mintiendo desde que entró por esa puerta (en caso de que sea así, merece un premio) o está loco, o se guarda en el tintero muchas cosas que no quiere contarme.
-Definitivamente, usted no defrauda.
-Cuénteme pues.
-Si ha escuchado toda esta historia y pide más, estoy seguro que no le importará dejar que acabe mi argumentación inicial antes de revelar el nudo gordiano que hay detrás de todo.
-Como quiera. ¿Qué sucedió después?
-Elena trabajó en un sistema capaz de arruinar la ambición de Aguilar. Pero yo no podía hacerlo. Ella le conocía a usted y estaba segura de sus capacidades. Siguió trabajando conmigo, incluso mantuvo una breve relación con otro de mis subordinados. Pero Aguilar la localizó y ella optó por mantener en secreto el sistema que había fabricado y mi paradero. Por desgracia, los hombres de Aguilar me buscan, y si no me equivoco, creo que saben dónde estoy. Eso le da unas horas de vida.
El profesor, que ha permanecido atento a cada palabra de Gallardo, se levanta de la sorpresa.
-¿Me está diciendo que ha atraído a mi casa a un grupo de asesinos?
-Desafortunadamente.
-Y por lo tanto, yo debo creer a pies juntillas en su historia, y acompañarle sin más preámbulos.
-Sabrá lo que no le he explicado en unos minutos.
-Como, por ejemplo, para qué me quiere a mí, independientemente de que la doctora le dijera quién soy.
-Como le he dicho, estamos frente a un nudo gordiano. No me equivocaría al decir que este es el dilema moral más grande al que se ha enfrentado la humanidad. Necesito alguien que actúe de psicólogo, que nos dé a mí y a mis hombres cierta cancha moral, por así decirlo, a la hora de efectuar nuestros planes. Y desde luego, usted cumple todos los requisitos. Espero que acepte.
El profesor duda un momento. Luego responde:
-Quiero que sepa qué quiero que se castigue al causante de la muerte de la doctora. Y que no confío en usted. Pero en vista de las circunstancias creeré en su historia, al menos de momento. Y por otra parte, no quiero morir…eso si es verdad qué van a venir a matarme.
-Oh, no vienen a por usted, sino a por mí. Obviamente usted está en peligro, pero no es su principal objetivo.
-Bueno, ¿y a qué espera? Vámonos.
-Para nada. Nos enfrentaremos aquí.
-¿Usted solo contra una banda de matarifes? Sueña. No tiene armas, ni yo tampoco. Avisemos a la policía, es lo mejor.
-Le repito que no serviría de nada.
-Muy bien. Genial. Encerrado en casa con un loco. ¿Cuánto queda?
-No mucho.
-En ese caso, puede empezar a contarme quién es usted en realidad.
-Desde luego, Juan. Aún mejor…te lo mostraré.
Dicho esto, mira a los ojos al profesor, que aguanta, como hipnotizado, su mirada. Siente que el alma se precipita al vacío. Grita de dolor, y de pánico a lo desconocido, y se desploma.
Luko1791Publicado el 23 de julio de 2012
Archivado en relato cuento historia torre babel

1 Comentarios

  • Kafkizoid1

    Cuando mi abuelo se deshacía de algún estorbo en su taller mecánico, decía: Esto no sirve de nada, de vamos a dar botánica. Y desechaba aquel estorbo. jeje me acordé de eso.

    Interesante lo del nudo gordiano, acabo de aprender que es.

    26/07/12 03:07

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