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Mi Gatito.

Las compañeras y amigas, Ana y Marta toman un café en la mesa de un parque…
-Ana ¿te acuerdas de aquel gatito siamés que adoptaste de la perrera?
-Si era muy pequeña y aquel gato me dio mucha pena.
-¿Qué pasaría con él?
-Padre,… lo ahogo el primer día de tenerlo en casa.
-¿Y eso? ¿Por qué?
- Recuerdo que me dio mucha pena, era niña y el gatito, estaba enjaulado al lado de un perro grande negro, que no paraba de ladrarle, el gato estaba aterrorizado en un rincón de su jaula temblando de miedo, fíjate haría poco que nacería y aterrorizado, no sé cuánto tiempo pasaría así.
-¿Y luego?
- El de la perrera lo metió en una caja de cartón cerrada se lo dio a mi madre para que me lo llevara a casa.
Al llegar a casa la abrimos, el gatito estaba dormido, enroscado como muy cansado, mi madre me dijo que lo dejáramos dormir un tiempo, que el gatito lo necesitaba, pero lo veía tan bonito como una bolita blanca y gris de algodón, que no pude soportar la tentación de cogerlo.
-Vaya lo comprendo.
-Aquel gatito, al notar mi mano se puso, como se suelen poner los gatos cuando sienten peligro, todo fue tan rápido, mi mano sangraba a borbotones y me quedé pálida, sofocada y empecé a llorar todo lo fuerte que pude.
-¿Y?
-Mi madre al verme, corriendo llamó a mi padre, que acudió alterado mientras mi madre intentaba calmarme.
Mi padre enfurecido, cogió al gatito del cuello muy rápido, con sus fuertes manos dijo “Los gatos, malditos gatos callejeros”
Para luego meterlo en una bolsa y ahogarlo en la fuente.
-Que historia más triste, querías ayudar al gatito huérfano y lo condenaste…
-El amor de mi padre al verme sangrando le dolió verme llorar herida y me repito que hubiera tenido, como decía mi madre, dejarlo dormir, dormir… ahora cada vez que miro mi cicatriz de la mano, veo sus ojos azules, grandes y abiertos con motitas verdes.
Relato Manu Cueva.
Manucueva21 de julio de 2012
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