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Leonora Dadá

Leonora DADÁ  Marcel"lí Miret
marcelinosi@yahoo.es
http://webs.xadica.cat/quixotcatala/





Dedicado a Leonora

He abandonado el mundo, Leo-
nora
He dejado atrás mi cuerpo
mi cuerpo
en las aceras
y en los bares, Leonora: Tu
pendes de ese mundo como u-
na butifarra

No ha sido fácil dejarlo, L-
eonora, solo era
necesario , necesario
(ya no necesito lo necesa-
rio, ni lo necesario
me necesita a mi
pues somos lo mismo)
perder los puntos de refere-
ncia
y entender la química, el ca-
os químico, Leonora
navegar como una semilla de
vegetal en el caos químico.








CRISTAL DE LEONORA DADÁ ESPARCIDO POR LA CALLE


Hola, soy el mismo de antes
Solo que ahora me estoy comprobando a mi mismo.
Leonora Dadá, ha estrellado su bola de cristal
Contra el bordillo de una acera.
Yo aparezco cerca con una escoba
y un traje lila y amarillo, flotando en un charco.
Me acerco a la parte mayor de sus ojos
y veo su final oscuro
las estalactitas latiendo bajo la sombra de una linterna
Veo como un día se acaba
y recojo los últimos rayos de luz,
me los escondo en la memoria pero no los entierro.
Ha cambiado el color de sus ojos
Una gran tela verde me tapa la cabeza,
una caja de caoba me va subiendo por los píes,
no tengo manos
floto en un río subterráneo.

La calle esta completamente tapada por vidrios rotos.
Alzo la escoba
y perforo el cielo. Leonora Dadá se cubre de lágrimas.
Estoy completamente estirado sobre los cristales
y veo el camino que recorro cada día, está completamente
terminado. Tijeras
me recortan y me pegan
en la ultima pagina de un amarillento libro de fotos.

No me siento destrozado.
Estoy reconstruyendo la bola de cristal de Leonora Dadá.
Es un experimento
ya que nunca supe que forma ha tenido la bola de cris-
tal de Leonora Dadá.
IMÁGENES INTERIORES DEL CRISTAL DE LEONORA DADÁ
I
Giro la noche
Cuando mi pie se deshace bajo la línea del horizonte
y la casa esta vacía,
y escucho música muda y no hoy nadie que nade en el
charco de la entrada.
Solo queda el aullido de un niño pez y la cascada
de arco iris desbordados por un amanecer dentro de
una bola de cristal.
El sombrero del conductor de cometas estar atrapado
bajo una piedra de vegetales florecidos.

II
Mi mano hiere el espacio con la sonrisa de una estrella
que está posada sobre la punta de mis dedos
y que ha sido empujada al tiempo. La apertura roja de
los labios tiembla al final de una estela de olas
plateadas
donde una punta de tu pelo
mece la juntura de los sueños al borde de un río con
aceras
y mi otra mano esta bajo el agua siguiendo el rastro
de una estrella de mar

III
Mezcla de cristales de Leonora en el crepúsculo
transparente y también en las plantas y en el rocío
que crea la niebla.
Redondeadas naranjas que cuelgan del pelo blanco de
un caballo astronómico
encontrado en la cumbre de lo que se puede llamar:
cumbre de mi pecho. No frontera de mi cuerpo sino
limite de la percepción mental.
La existencia de Leonora como un nogal de soles en
la espesura que es el tiempo inclinándose hacia lo
infinito
dos rosas que llegan siguiendo a un muerto.
IV
En esa noche de ciudad que nada dice que sabe, las
chimeneas, clavadas en el cemento, fertilizan el
sueño de un cerebro que contiene un dado de hierro
sin cuerpo latente
consciente de que ocupo un lugar indiscriminado en
el espacio
continuo mi partida de ajedrez filosófico.

V
Castillos de miel en charcos de plata
bifurcaciones
entre las altas negras torres de topacio
reflejadas en cuadrado blanco de plástico donde
Leonora guarda su bola de cristal.
Desierto de parcelas bicolores y transito de abejas
por las habitaciones encendidas.

VI
De una ventana fría cayó el día
que nevó en mi -distorsión de la memoria y de la
habitación que reconoce
con rejas alrededor- cuerpo.

El halo lunar convertido en un reloj. Yo bajé por
una escalera de caracol para encontrarte sentada
entre la niebla
-con una estrella de mar sobre tu
cabeza despreciablemente real. Con tu mirada real
que era la mirada de un pez que había nadado en mis
manos y tú en tu interior y la Luna y Venus,
paralelos
irremediablemente en mi contra.

No me importa, la belleza se adentra en el bosque y
a través del tubo de un arco iris surge la infancia
que proclama el nacimiento del hongo alucinógeno.

VII
La casa esta ahí, es un charco sucio sin compara-
ción. Se sostiene imaginativamente en las paredes
y un coche antiguo aparca junto a su puerta
y ella baja y me ve. El tocadiscos está lleno de
palomas y yo estirado sobre los azahares de un es-
tanque urbano. Y la casa está a oscuras.
Un gato azul maúlla en las sirenas de la policía,
una pluma de caballo cae por las escaleras con el
mismo peso de una herradura y cualquier terror se
puede esconder en la siniestra sombra. El
vacilante vuelve cargado de imágenes y se sienta
sobre un sillón que tiene la forma del mundo, mien-
tras una libélula le descarga libros en la cabeza.
Pétalos de Narcisos crecen en las baldosas y en un
balcón de estalactitas transparentes penden cana-
rios cárdenos que nacieron en el desierto.


INTERIOR ABSOLUTO DEL CRISTAL DE LEONORA DADÁ


Leonora, Alta
demasiado alta.
como la flor de una hoja de navaja saliendo del
corazón como un paracaídas de vidrio astillando
una puerta de mármol en el espacio
Alta
tan alta como un abismo de gravedad invertida y
una corona de rama de laurel en la cabeza y ore-
gano en los bustos diosa Venus Afrodita
las excluyentes

la base de este abismo químico del yo parpadeante
y sus miradas planas que configuran el horizonte.



LA ESQUIZOFRENIA DE LEONORA

Aquí esta el yo:
Con su perro de pana, con su bata
de lana y su corbata blanca
Trae consigo :
Una garrafa de vino, un farolillo
chino y una carraca de pino
y de lo que hace
nos habla un
vecino radioactivo:
Un acre de tierra por cada hijo
una vaca parturienta a final del
año y un tiempo de atmósfera des-
contaminada y aires limpios
y el vecino
cósmico
tambi6n lo hace:
Y crecen higos lacerados al tacto
plateado de la luna y las estre-
llas se precipitan caóticamente
con rumbos definidos y el cielo
no se rompe porque es de duralex

(y la semilla de la luna arranca
tranquilamente columnas de hielo
donde el espacio acaba... )
y el ego
espiritual :
Ancho de charoles verdes en túnicas
de lana y corderos trasquilados
balando ciegamente en el prado
del mundo y tartamudeos
y conságrales palabras.

¡Oh!... ¡Dios es un vagabundo!









VISION TELEPATA DE MARIA ASTARTE

ella se desvela entre
la cera junto a una colilla de flor mejicana y las
enrejadas llamas de melocotones vivos crujen como
hormigas polipatas al desfilar en el aire.
Llega Leonora con su batidora y ella friega vaji-
llas de porcelana juntos con duendes caseros afa-
enados en sus fogones para encender estrellas fu-
gaces. Apaga el transistor donde Charlie Parker
rasguea la decimoctava dimensión traspasando los
circuitos de chispas encendidas de un saxofón te-
lepático- y Maria añade cebollas en la sopa de o-
varios justo cuando ella llega con la pipa de Ma-
ría quemada y traza un crisposo grito entre las in-
defensas cortinas y las tazas de Té y ahora barro
crispado.
Coje el cántaro de antemano barro y repasa la cú-
pula de las rosas con su rocío de absenta con si-
fón. Piensa que el amor se transforma en burbujas
cerebrales al no oírse y que el comer uvas engor-
da y...¿por qué todo esto si continua siendo una
Minotauro? Le dice si a la mañana y recoge la ro-
pa y la batidora tendidas de Leonora y los deja
sobre la tabla de planchar.






EL CRISTAL DE LEONORA DADÁ. TESTIMONIO DE UN DUENDE


&Ya ha pasado mucho tiempo desde que el duende surrealista
hubo creado el paisaje alquímico sobre la corona de una seta
gigante...El río ha estado cayendo desde entonces entre los
alambiques al rojo vivo...La luz eléctrica ha disminuido su
intensidad, no hay rocío en la noche, ni cantos celestiales de
pájaros sinfónicos al amanecer...No hay humedad...Nuestra
piel está seca...Las nubes caen a borbotones desde las mon-
tañas, oscureciendo nuestro bosque vítreo...El castillo encan-
tado de una hada estelar se funde como un queso y la bruja
perdió su magia hace años&"


LAS PUERTAS LEONORA DADÁ

Dile
A Mercedes que abra la puerta
Leviatán Chisteras de Pico
una pala de mármol
para cada invitado
y después
Gárgolas
escarcha gris impregnando
el terciopelo blanco
de los guantes
la nieve de las levitas
charol
y relieves de bufandas nacaradas
y una puerta de Ébano.



Leonora DADÁ  Marcel"lí Miret -marcelinosi@yahoo.es

http://webs.xadica.cat/quixotcatala/
22 de octubre de 2018

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