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El Cafe de Los Suspiros

Cuando detuve el carro observé que a mi derecha se encontraba el café de los suspiros, muy famoso por sus exquisitas viandas y sabrosos aperitivos, me sorprendió ver desolación alrededor de tan afamado café a esa hora del día.
La verdad es que no quería ni entrar y todo esto me daba mala espina pero picado por la curiosidad de los comentarios de toda gente en la oficina quería comprobar con mis propios ojos - y paladar- la veracidad de tales comentarios.
No sabía que iba a pedir o que tipo de comida era la que se especializaban. Todos los que habían ido a este afamado café hablaban entre ellos en entre dientes, susurrando y a escondidas, lo cual picaba aun mas mi curiosidad a tal punto que decidí ir a ver que tan bueno era este café tan afamado, pero como siempre andaba roto (bajo de recursos) no podía darme el lujo de comer en un lugar tan caro, acababa de cobrar mi cheque y me sentía con ganas de festejar. ¿Festejar que? No era mi cumpleaños. O de nadie conocido, ni era, tampoco un día festivo, pero estaba picón y estaba con todas las ganas de decirles a esos asquerosos compañeros de que yo también conocía El Café de los Suspiros y que me había codeado con la crema y nata de la alta cuisine.
Mi corazón rebozaba de alegría, la alegría que te da un jugoso cheque en el bolsillo. De poder comer en un sitio que de otro modo no hubiese podido pagar.
Para comenzar: el parqueo estaba vacío y encima no había ningún letrero que delatara su ubicación, pero como era recontra archí conocido por mis colegas y amigos de mi círculo social ya sabía de estas particularidades.
Salí de mi cacharro y al ver la puerta cerrada toque el timbre un par de veces. Y nada. Estuve parado en la puerta como diez minutos. Había escuchado que esa era una de las particularidades de este afamado café. Nunca dejaban la puerta abierta. A todos los comensales los hacían esperar. Lo bueno era que (decían) que adentro tenían absoluta privacidad y era recontra caleta.
- Si pues; por las huevas me hacen esperar  pensé. Ni si quiera hay cola. No parece nada más que una simple casa.
Cuando ya estaba por desistir y me decía a mi mismo que no valía la pena esperar tanto. Cuando me di la media vuelta y estaba a punto de marcharme escuche a mi espalda.
- Cinco dólares  voltee y vi a zambo canuto grandazo de faz lucida
y de ojos claros con muletas en la mano e unciendo de portero.

Sorprendido no supe que hacer, como actuar y que decir, al poco tiempo escuche esa voz tan ronca que repetía y especificaba:
- Son cinco dólares por derecho a puerta. Si usted quiere entrar: va a tener que pagar.
Ah me dije a mi mismo, ya entiendo: es como cuando tienes que pagar para entrar a una discoteca y se tiene que pagar el derecho de entrar. Abrí mi billetera, conté mi dinero: $222.00, estire la mano y le alcance el dinero que me cobraba.
- Camine hacia adelante- me indico.
Al pasar el umbral, una mano tosca y ruda se apoyo en mi hombro.
- Hey tú: ¿que no sabes que se tiene que pagar dólares antes?
La cosa ya me sonaba ridícula. Diez dólares ¿para que?  pensé aturdido. Como leyendo mi pensamiento la mano exclamo: diez dólares por el derecho de alfombra.
- ¿Qué cosa? ¿Que disparate es este? ¿Diez dólares por caminar en la alfombra?- exclame irritado.
- No. Son diez dólares por pararte en la alfombra. Si deseas caminar en ella tienes que pagar veinticinco.
- No. Me niego a pagar esa cantidad por ridiculeces como esa.
- Mira compadre si no pagas llamo a la policía y no te gustara la idea de comer en una celda cuando acá puedes comer rodeado de las mejores mujeres, vinos y comida de todos los continentes- me dijo la mano.
- Bueno no todos los días son como este; tengo plata y ya pague por el derecho de entrar, bueno; estoy decidido a gastarme unos cincuenta, o sea, que siga la fiesta.
Busque la billetera en mi pantalón, el lado derecho, saque la billetera, conté mi plata y pague lo que me exigían. Seguimos caminando por el pasillo, amplio, iluminado con diferentes colores como un arco iris- llegue al comedor principal, me saque el sombrero, le entregue mi saco al servicio y pague quince dólares mas por este servicio, al entrar al comedor tuve que pagar cincuenta dólares, derecho a acceso a comedor y servicios prestados al camarero mas, por supuesto, el derecho a sentarse que era solamente treinta dólares. Entre pagar la comida: Ensalada a la Pirier (lechuga con salsa aliño) unos veinticinco dólares mas, agua veinte mas. Que mierda-dije- de una vez me tiro todo mi sueldo pero me vacilo rico. Las mesas estaban vacías, el patio completamente asolado. ¿Dónde esta esa gente rica con mucho dinero? ¿Las chicas simpáticas?, ¿Los buenos culos? Esto se olía como a una estafa, y de las caras. Llame al mesero, muy serio, flaco como una calavera.
- ¿Qué desea?- me preguntó.
- ¿Me puedes explicar que es esto? Este lugar esta desalojado, la comida es mala, el servicio pésimo y hasta me cobran para sentarme. Y si voy a cagar, me pregunto: ¿Cuánto más he de pagar?
- Veinticinco por sentada y el derecho de cague cincuenta dólares si es corto; si es largo: varia desde los cien hasta los mas caros que van sobre los siete mil quinientos. Con esto quiero darle a entender que sea rápido y cague poco por que realmente le va a costar un ojo de la cara.
Diose la media vuelta y luz le dio en la faz y pude notar que le faltaba un ojo, el derecho. Asustado me levante de la mesa y comencé a correr. Avancé hasta el pasillo y corrí con todas mis fuerzas, al llegar a ella: alcance el cerrojo, abrí la puerta violentamente y asustado como un cobarde suspire profundamente y es ahí cuando entendí por que se le llamaba El Café de los Suspiros. Se que esto no me ira a pasar otra vez me dio muy buena lección, sobretodo me enseño a no usar el dinero que se destinaba para poder alimentar a mi familia, jugué a ser rico cuando era pobre y eso me enseño que si gastas más de lo que debes comerás poco y eso: si es que puedes.


23 de noviembre de 2018

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1 Comentarios

  • Clopezn

    Relato divertido con una gran verdad como final. Un saludo cordial

    25/11/18 12:11

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