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El Famoso Artista Peruano En Guayaquil

Partí de Huamán Urco una semana después de la ruptura con Jacoba. Ella, colgada del brazo de su nuevo marido, fue al puerto a despedirse de mí. No supe que decir, ni como hablar, solo balbuceaba y babeabando de rabia y destilando pus por el bobo, los fulminé con la mirada, matándolos mil y una veces en mi pensamiento. Estaba dolido, aturdido, lleno de ira, cólera, celos, impotencia.

Jacoba ufana y maldita, apoyando su angelical rostro en el pecho de su nuevo marido, venia a despedirse de mí. Venia al mismo puerto donde la conocí. Al mismo puerto de donde tantas veces partí dejándola llorando en silencio, donde tantas veces en mis numerosos retornos la busqué confundiendo su sombra con mí anhelo, con ninfas del rio. Ella, ahora, venia al puerto a despedirse definitivamente de mí, a asegurarse de que esta vez me vaya y para siempre y que no vuelva más.

Una tarde los había ampayado en el puerto, abrazados y besándose furiosamente, él tenía la mano dentro de sus piernas jugando con su sexo y ella tenia, no solo las piernas abiertas, sino lo estaba ayudando a desvestirse.

Cuando la confronté y le di a elegir, ella me echó de la casa dándome a entender que yo era muy viejo, que ella quería todavía vivir. Que yo la agobiaba. Que no era su padre. Y lo que más me dolió; que no me amaba, que nunca lo había hecho. Que me largara por favor.

Más desubicado que un plumero en el desierto, decidí salir de la comunidad a llorar mi pena a otro lado o por lo menos a olvidar a Jacoba. Solo, nuevamente solo, sin esperanzas, sin ganas de vivir, partí rumbo a donde chucha sea con tal que no sea la aldea. Tomé el primer bote fluvial que arribó y con la cola entre las piernas salí aullando como un perro apaleado.

No sabia donde ir, tampoco importaba, lo que si importaba era largarme lejos. Lejos de ella, de su recuerdo, arribar a algún lugar donde se cure mi impotencia, mis celos. Estaba dolido, destrozado tenia que salir, eso era todo.

Al mes de navegar sin rumbo legué a Puerto Espinas donde conocí a un patita ecuatoriano, oriundo de Guayaquil, con quién sostuve una amena plática sobre el medio ambiente y el mundo y, en especial, llorando bajo los efectos de una botella de siete raíces y boleros cantineros, nos consolamos mutuamente ofendidos por el amor de una mujer que nos pagó mal.

Le conté de mis aventuras y desamores con Jacoba, llorándole a moco tendido y babeando a mares, él en cambio, para consolarme me habló largo rato sobre un proyecto de magnitud mundial que tenía y como se había enamorado de una mujer que le pagó mal y que al final tuvo que matar.

- En Tamarindo conocí mujeres bellas, hechiceras ellas, las cuales, a las orillas del rio se bañaban a la luz de la luna, y quienes tomando un pelo de su larga cabellera, musitaban palabras de hechizo y encanto y tirándolo al rio este se convertía en una serpiente que iba volando a envenenar el corazón del ser amado.- soltó de la nada el tío este.
- Puta madre, usted sí que es poeta- le respondí- Pero para mí que Jacoba ya me hizo ese truco.
- Esta jodido viejo, la única manera de salir de el hechizo es matándola man. Yo lo tuve que hacer, sino, no me soltaba.

Esto se parecía a Huamán Urco, donde de cada tres familias, en una de ellas había siempre un hechicero, había pasado de la brujería del Perú a la de Ecuador.
Y los hechizos de amor me perseguían. No me soltaban.

- Pero olvidémonos de las mujeres ¿que te parece mi plan?
- Magnifico.
- Mira viejo, me caes bien dijo- de puta madre. Mi familia es de bille - continuó-, mi viejo es socio de Dole. Tiene el latifundio bananero más grande del país. Pero yo, como te conté, estoy corrido por lo de esa puta y no puedo llegar nicagando por allá. Pero, como te conté; ya formé una ONG, dedicada a la preservación del oso de antifaz, que es oriundo del sitio y esta en extinción.

Me preguntó si quería tomar las riendas de esta ONG. Que faltaba organizarla bien y que había como mierda de gente interesada. Me llenó de ideas y proyectos que me sacaron a Jacoba de la cabeza. Además como estaba misio, recontra misio y no había nada, ni mierda en mí futuro, deseoso de ocupar el tiempo en algo útil, ecológico y fuera del alcance de los recuerdos de Jacoba, acepté ilusionado con el encargo.

Gustavo, que era así como se llamaba, me dijo que tenía que entrar en la espesura de la selva y que yo vaya tranquilo nomá a Guayaquil donde me iban a recoger sus padres para llevarme al parque de protección que estaba creando. No había sueldo pero tenia un techo donde dormir, comida y la satisfacción de ayudar al Medio Ambiente, de proteger a la Fauna y Flora local.

- De puta madre pues-convine- vale.

Acordamos así y una noche antes de viajar, él partió sin despedirse, pero como ya estaba todo arreglado y conectado, lleno de sueños y expectativas, enrumbé camino al norte, casi, casi olvidándome de Jacoba.

No era un viaje nada fácil, ni corto, tomar un rápido por el Napo para bajar al Amazonas y desde Iquitos coger una lancha fluvial que me lleve a través de tres ríos para llegar a Chiclayo y después viajar por tierra hasta Guayaquil donde iba a hacer las conexiones para llegar a Tamarindo.

¡Pero que chucha! ¡Atrás Jacoba, vaedo retro Satanás, púdrete, me olvidaré de ti, lo vas a ver!

Después de una larga travesía y peripecias miles llegué a Guayaquil. Apenas llegue a la ciudad portera quede impresionado con el Malecón y varios atractivos que ofrecía esa hermosa ciudad. Llamé por teléfono al padre de Gustavo, quien me recogió y me llevó a pasar el fin de semana en su chalet, en una zona cercana al centro de la ciudad. Lo que Gustavo no me había contado, así como muchas otras cosas, era que sus padres se habían separado y que la heredera de la fortuna era su madre y el abuelo era el del bille y no su padre, quién era un tío loco recontra mujeriego que practicaba reiki y abortos en una clínica clandestina. El tío estaba recontra zafado. ¡Pero que chucha ya estaba en Guayaquil!

Había llegado hasta acá por que me habían propuesto liderar un monumento al Oso de Antifaz en Tamarindo y crear un tipo de campamento ecológico/artístico/cultural para la preservación del medio ambiente y esta era una prueba más de mi destino al cual veía brillante, fulgurante venir ante mis ojos.

El fin de semana se alargó por quince días. Sin plata y sin amigos y con la cita con la madre de Gustavo, para planificar el viaje, que se postergaba una y otra vez, ya estaba tirando la toalla cuando el viejo zafao, quién me dejaba afuera de su casa/clínica por horas en la intemperie, ya que siempre llegaba con jermitas a tirar. Un día me propuso pintar su consultorio, a lo cual yo ni cojo ni perezoso accedí, y con mis jeans y una camisa vieja me dispuse hacerlo para ganarme unos chibilines, al menos para ir viendo pa donde zafaba culo ya que nada se concretaba y estaba empezando a tener dudas sobre este famosísimo parque ecológico de preservación del oso de antifaz.

- Lo que queremos- me había explicado Don Augusto, el padre de Gustavo, - es que esculpas una estatua gigante del oso de antifaz en medio del parque. Al lado del rio, hay una roca inmensa de 10 metros que le va a dar la temática al campamento.

No sé de donde habían sacado la idea de que yo era un artista y encima artista renombrado y que era por eso que me tenían que mantener misio para que me inspire y saque lo mejor de mi. No se tipo Mozart o Van Gogh en su máxima locura.

Apenas me comuniqué con la madre de Gustavo, ella me preguntó si era cierto de que iba a esculpir la estatua del Osos de Anteojos en el campamento que yo estaba organizando en su hacienda en Tamarindo, no la quise sacar de su entusiasmo, menos aún cuando me invitó al bautismo de su nieta que iba a ser en su residencia, en la zona mas lujosa y exclusiva de Guayaquil. A la cual llegué con el único pantalón blue jean que me quedaba y el cual era sobreviviente de la pintada del consultorio de Don Gustavo, este era un jean roto en las rodillas y el muslo, no era que estuviese a la moda, que aún no se inventaba, sino que era el único que me quedaba, además de rotoso y andrajoso estaba cubierto de manchas dispares de pintura de una gama de varios colores, ya que a Don Gustavo se le había entrado la gana de pintar en su fachada un gigantesco arco iris.

Cuando llegué a la residencia, todo era a todo lujo, magnificencia y pompa. Todos los invitados iban vestidos con levita, traje y corbata y yo, quién era presentado como Juan Felipe de las Casas y Rivadeneira, el famoso artista peruano, con mi jean roto y lleno de miles de colores. Se me recibió como un gran artista, un héroe, la nota más alta de la fiesta.

- Señor embajador; el señor Felipe de Rivadeneira el famoso artista peruano &
- Mucho gusto - decía yo.
- Señor Dole el famoso&.
- Señor Ministro, el famoso&

¿Famoso?, ¿pero por donde? - me preguntaba yo. Si lo único que he pintado en mi vida es una clínica clandestina que no solo sirve para abortos sino también de burdel privado carajo.

¿Como desmentirlos? y ellos; ¿como desmentirme? Si por no quedar mal ni siquiera preguntaban que era lo que había pintado, esculpido, forjado, creado. Yo era un gran y famoso artista peruano que venia a tallar un Oso de Anteojos en el medio de la nada, en la nada de un gran proletariado que brindaba una fiesta de lujo y a todo dar. A comer y a chupar noma y que venga lo que venga. Hace años que no comía tan bien, tanto lujo tanta alcurnia y tantas mentiras, no solo las mías sino todos.

Yo me sentía como una gran mancha de Kétchup en un fino mantel blanco de lino. Pero era el famoso pintor peruano. El gran y renombrado artista peruano. ¡Puta madre me la creí! Salí de la fiesta creyendo que en realidad yo era el famoso artista peruano a quien nadie conocía.

Quedamos no demorar más y al día siguiente con un séquito de abolengos y rancios señores me llevaron hasta donde se suponía estaba el campamento que iba a estar bajo mi mando y a los cuales iba a conducir, guiar y plasmar la gran escultura tallada en piedra.

Pero sorpresa, tanto como para ellos como para mi, al llegar al final, al final no había ni mierda, todo estaba totalmente abandonado. No había campamento, no había gente. No había ni siquiera una trocha para llegar a la gran piedra.

- ¡Ay! Gustavito este muchacho, sino será de travieso- exclamó Doña Gertrudis. Mientras la comitiva se cagaba de risa. Bueno no importa Juan Felipe- prosiguió- te conseguiremos alojamiento en Tamarindo y durante la semana supongo que vendrán sus ayudantes a establecer el campamento. Hasta mientras supongo que tendrás que ir limpiando esto para ir avanzando.

Y me dejaron en una pensión en Tamarindo. Me dejaron así como estaba, sin un centavo y con el único pantalón pintado y roto y una casaca remendada. Gustavo, el chibolo quería que yo le haga todo gratis. Ni siquiera había alojamiento menos aún comida y peor ni para el pasaje para llegar a su propiedad. Pero eso me entere después.

Y aún no escapaba el recuerdo de Jacoba, es más este se acentuaba al correr los días y no llegaba nadie a ayudarme y semana tras semana, yo tan solo dedicándome a dormir, a rumiar y rabiar y recordar a Jacoba con mas añoranza y melancolía que nunca. Hasta que por fin un día de esos, recibí en la pensión, la visita de dos jornaleros, padre e hijo, quienes me iban a ayudar a limpiar la maleza para poder arrancar con la chamba de la escultura, de la cual yo no sabía ni mierda de tallado. Pero al fin; al menos algo arrancaba.

Bueno, volví otra vez a la gran escultura, que era una roca inmensa cubierta de maleza palos y derbis. Apenas habíamos comenzado a despejarla cuando de repente de la nada, una figura sinuosa saltó de un enclave en la roca, abalanzándose sobre el menor de los jornaleros, mordiéndole el brazo.

- Una tres equis, una tres equis escuché alarmado al padre- al mismo tiempo que descargaba un certero golpe sobre la cabeza del animal.
- Puta madre Jesusito que me muero, me muero - gritaba el menor
- Apártate y estira el brazo.

Vi terror en la cara del menor. Terror y comprensión, el terror que viene de la comprensión. Gonzalo estiró el brazo y lo colocó contra la roca, su padre sin pensarlo dos veces descargó todo el peso de su alma sobre el miembro de su hijo separándolo en dos.
- Cuidao, cuidau, busque a su pareja pintor, que si no sonamos todos.

Era la serpiente equis, la de los tres pasos, siempre anidan en pareja. Un peligro de a par. Mientras ataba su pañuelo alrededor del brazo de su hijo comprimiéndolo en un torniquete, Don Segundo me contó la reacción que tuvo que seguir.

- Tuve que cortarle el brazo, para que no avance el veneno y lo mate. Después de que te pica solo puedes avanzar tres pasos antes de que el veneno llegue a tu corazón y te mate.

Cuando llamé a la madre de Gustavo a contarle lo ocurrido, al menos tuvo la gentileza de venir a recoger al pobre herido y llevarlo a Guayaquil a que sea tratado.

- Habla artista - me dijo- si quieres te puedes quedar unos días acá hasta que venga tu equipo y después te llevo de vuelta.
- Con todo el respeto que se merece, váyase usted a la mierda que no soy ningún artista ni tampoco suicida para seguir alimentando los sueños de su fugitivo hijo.

No me quedó nada más que salir del pasillo, del hospital de la ciudad y del país y bueno la huevada es que no me olvido de Jacoba y ya voy de vuelta con el rabo entre las piernas bajando rio abajo en el rápido, esperando llegar a Huamán Urco a ver si ya se le paso la cólera y si aún me quiere. Regreso a ver que pasa pues, ya que no puedo olvidarla. Voy aunque sea como el perro que soy a comerme los huesos que me han dejado. O será, como dijo Gustavo, la única manera de librarme de Jacoba será.&





16 de mayo de 2017

2 Comentarios

  • Mcluna

    el primero de mis Cuentos JAcobianos. Vienen mas.

    16/05/17 05:05

  • Mcluna

    el primero de mis Cuentos JAcobianos. Vienen mas.

    16/05/17 05:05

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