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El Rey de Las Abejas

Después del estrepitoso fracaso como Tecnopor Man decidí cambiar de identidad y para salvar al mundo y proteger a los ciudadanos de Cajamarca seria de hoy en adelante: el Rey de las Abejas. El rey de las abejas que tenían sus colmenas en el techo de la Iglesia Belén.

Mientras estaba convaleciente, después de la maja que me habían dado el coche Cabellos y su secuaz el Malaver, esperando a que vengan mis viejos a recogerme, me percate de que a mi cuarto y a lo largo del pasadizo venían numerosas abejitas a alimentarse de los floreros que adornaban el corredor.

Curioso, y sin que las monjitas se den cuenta, me levanté y las seguí y vi que eran numerosas, que todas tenían un aguijón y volaban y tenían su colmena cerca de la torre principal de la iglesia. Fascinado con ellas, viéndolas volar y hechizado por su comportamiento me pareció el soldado ideal: yo siempre luchaba solo por eso perdía. Debía de conseguir aliados. Alguien quien pelee a mi lado como Batman y Robin.

Al toque las considere como posibles aliadas y trate de comunicarme  telepáticamente- con la reina y proponerle lo que venía rondando por mi cabeza. Es más hasta me casaría con ella y juntos ... ay Diosito juntos&!

No estaba mal el plan. Tenía que seguir a las abejitas y ver donde vivía y amaestrarla. Pero primero tenía que hablar su idioma. Tenía que aprender su lenguaje: zzzz. ..zzzz... zzzz ... empecé a practicar frente al espejo. Pero eso no bastaba, tenía que comportarme como ellos, seguir sus patrones, imitarlos, caminar, mover las alas, volar ... espera: mover las alas; así se comunican- me dije y decidí practicar a ser como ellas; caminando en zigzag, moviendo los brazos rapidísisimo y saltando con todo el impulso para despegar, pero era dificilísimo: mi cuerpo era muy grande.

Me contentaría tan solo con comunicarme con ellas telepáticamente. Ellas me entenderían: se posarían en mis hombros, brazos, me cubrirían entero. Es más: no tendría que usar mascara alguna. Si, sí. Eso haría. Pero primero tenía que ir a conversar con la reina y convencerla de que con su ayuda juntos podíamos conquistar el mundo. Y de paso vengarme del puerco Cabellos.

Ya estaba todo decidido: mañana después del cole iría a visitarlas. A ser parte de ellas, conquistarlas, domarlas. Me iban a aceptar. Si soy súper buena gente  me decía. Estarían felices de hacerlo. ¡Nunca, nadie& a nadie se le había ocurrido tremenda idea! ¡Eureka! ¡Solo yo podía!

Cuando, al día siguiente, regrese de la escuela subí a mi cuarto y me prepare lo mejor que pude para tan grande acontecimiento. Chequee mi indumentaria: zapatillas de lona, negras, pantalón negro también, y capa ¿de dónde saco una capa? Y mientras pensaba vi el vestido- nuevo y amarillo- de mi madre. Y listo: la capa. Para hacerla más bacán llevaría la soga que tenía desde mis épocas de pirata, que servía para el abordaje y hacer todas esas otras cosas que hacen los piratas. ¿El antifaz? un pañuelo del viejo. Lo usaría por última vez ya que cuando haya dominado a las abejas la podría tirar. ¡¡Me iba a hacer un antifaz de abejas vivas!!

Pero por ahora ... para que nadie me reconozca, para mantener mi verdadera identidad a salvo tendré que usarla- pensaba.

Me vi una vez más en el espejo y después de zzzizear un poco y mover los brazos como loco, me abroche la capa y listo: una gran sonrisa, la capa hacia atrás y salí a escondidas al patio trasero de la casa a conquistar el mundo. Y de paso darle una chiquita al cerdo Cabellos.

Guiándome por el tacto deteniéndome en las esquinas, pegado a la pared avancé furtivo por el reino de mis padres hasta llegar al fondo de la casa, al reino de mi jardín y ya estaba en mi mundo: acá YO era el único soberano.

Astutamente tome la escalera del cuarto de al fondo y la apoye sobre el muro de adobe de la vecina de al lado y escalando hasta el último peldaño me trepe a una de las ramas del níspero. Desde arriba me envolví la capa cubriéndome el rostro hasta la mitad y espere a la jauría salvaje, a los perros de la vecina, maléficos seres que te mordían la garganta y te arrancaban el cuello. Esas bestias del infierno, seguramente estaban conversando con la bruja o quien sabe Dios que estarán haciendo en la casa de la señora hechicera que vivía al lado. No se escuchaban a los perros, pero espera un poco los súper héroes son fríos no se emocionan por nada. Espera. Espera y escucha. Todo libre. Cuando decidí que era necesario avanzar, salte del árbol y a hurtadillas fui hasta el otro lado de la casa y lanzando mi amiga la cuerda pirata trepe por los muros de piedra anchos y carcomidos del patio del cementerio del hospital.

Dejando atrás tumbas y héroes, entre al patio principal - estaba desierto y desnudo- y raudo corrí hasta la puerta del campanario. Ahí estaban, las escuchaba. Por acá se subía. Solo tenía que trepar llegar a su panal y después ... después hablaríamos, le propondría conquistar el mundo y de paso que me ayude para sacarle su michí al chancho Cabellos.
Trepé por la escalera roída y carcomida que daba al techo y llegué cansado y sudado. Ya arriba en la cima del mundo, parado en el domo, con el cielo intensamente celeste y el viento helado enredándose en mi capa, estaba sereno y listo a cumplir con mi destino.

Viviría la mitad de mis días con ellas. Descubriría o me darían una miel especial la cual me haría como ellas sino que mas grande. O no mejor solo me haría grande cuando quisiese. O tendrían una miel pa hacerme grande y otra pa hacerme chiquito. Ahí sí que me metería en la casa del marrano Cabellos y le picaría en las bolas y al Malaver también. O sino las mandaría con mis poderes mentales y ellas se encargarían de vengarse por mí. Ya las veía estaban ahí cerquita noma.

Avancé con la mirada fija y puesta en el panal atareado con los últimos rayos del sol, regresaban todas las abejitas de trabajar; y mientras me deslizaba por el resbaloso domo de la capilla y me comunicaba mentalmente con la reina y le pedía que avise a sus guerreros que no me vayan a picar, que ya llegaba y ... de ahí no me acuerdo pero supongo que resbalé porque desperté en el hospital y escuché una monjita decir:

- ¡Ay este niño! Otra vez por aquí. Creo que este paso le vamos a poner su camita para él solito. De ahí me desmaye y no recuerdo nada más.

MclunaPublicado el 07 de marzo de 2019
Archivado en novela juvenil

1 Comentarios

  • Mcluna

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