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Escenas Modernas En un Viejo Cafe

Como una sombra de ultratumba sobre la ciudad pasa cargada de pesar y angustia una nube gris que descarga odio, desamor y frustraciones en finas gotas de lluvia que caen sobre los techos y el pavimento. De pronto suena un trueno y la lluvia se chorrea copiosa y perpendicular sobre la marquesina de un café, las gotas que escurren al ser empujadas por el viento chocan contra el vitral y los destellos reflejados en los vidrios bailan eléctricos al son de la desesperación.
El agua de el vidrio baila frenéticamente con las luces de neón y una luz roja despedida de un cigarrillo prensado en labios pálidos, ilumina el perfil de un comensal que sonríe estupefacto y piensa lo mal que le ha pagado la vida.

Esta solo y todo le causa risa: tanta calamidad, tanta miseria, tanta mierda junta en una sola tarde. Remueve su café con una cuchara y mientras esta tintinea se pierde absorto en fúnebres pensamientos. La vida le ha ido mal. Una mierda: Su mujer lo acaba de dejar, él aun la ama, pero ella no lo aguanta. A cumplido cincuenta y un años y la vida esta cuesta abajo. Sus hijos se han ido, se han apartado de su lado: el varoncito es una dama que le hecha la culpa por todo lo que le ocurre en su vida. La mujercita es buena y lo quiere pero vive lejos y tiene un marido posesivo y machista que le pega por que no puede tener hijos. Esta es su última tarde a tomado la decisión de acabar con su vida. No tiene nada. Nada porque vivir. Envidia a la pareja que esta sentada al frente. Los ve pegaditos hablando suavemente. Los envidia. El quisiera ser él. O ella. No importa, con tal de no ser uno mismo.

El (otro) al otro lado, esta tomando en silencio el coraje para decirle lo que ya hace mucho viene rondando en su cabeza: No la quiere. Ha dejado de amarla. No la soporta; es más: no recuerda que fue lo que la atrajo hacia él en el primer momento. Todo, todo lo de ella, todo lo que es ella lo exacerba, lo desespera. A veces tiene ganas de matarla, de estrangularla con crueldad, sin piedad. Vive con esa terrible imagen en su cabeza y esta cada vez lo frecuenta más. Teme que un día de estos se deje ir por sus impulsos. Ha decidido acabar con ella por las buenas o las malas, con palabras o hecho. La ha citado en un lugar público para evitar escenas lastimeras o bochornosas.

Al frente; ella esta sorprendida, alegre, no cabe en su pellejo.
- Hasta que por fin me va a pedir la mano- piensa. Se decidió. Va a casarse conmigo. ¿Que pensaran mis amigas? Que se mueran de envidia. ¿No me decían que no me quería ya? Que me iba a dejar& hare que se traguen sus palabras.
El, con palabras suaves y pausadas, totalmente calmado, tanto que no se reconoce, le suelta la vieja frase:
- No eres tú, soy yo.
Pero en verdad si es ella y él no la aguanta más. No puede con ella. Incrédula no puede creer lo que esta escuchando:
- Perdón repítelo- dice.
- Quiero acabar la relación.
- ¿Por que? ¿Qué he hecho?
- No me preguntes porque; ya te lo he dicho: no eres tú soy yo.
Ella deja escapar gruesas lágrimas que ruedan por sus mejillas.
El piensa: Que no me haga lio que ese tío al frente me esta mirando con cara de pocos amigos que ¿que pensara?

El tío de la mesa de al frente piensa que la comida se esta demorando demasiado. Y toda espera lo desespera. Esta con los nervios de punta. A punto de quebrarse, así como su fábrica, la cual le acaban de cerrar. Se la han clausurado por no pagar impuestos.
- ¿De donde pues? ¿De donde va apagar tremenda cantidad de dinero? La vida esta tan cara ni puede pagar a sus trabajadores y ahora: ¿Que va a hacer? ¿Quién? ¿Cómo? ¿La camarera donde esta que no viene con su pedido? Seguramente a esa camarera lo único que le preocupa son sus propinas. Que fácil se la lleva. Sin preocupaciones, sin miedos en la vida. ¿Dónde esta? ¿Que estará pensando?

La camarera piensa que esta sobre atareada. Que nadie la ayuda. Que la miran mal. Esta cansada de que le metan la mano. A sus hijos menores los tiene que dejar con la vecina de al lado o pagar niñera. ¿De donde va a sacar tanta plata? ¿Como se los cuidaran? Con tanto maniático y enfermo en las calles que miedo que da. Y el cocinero que no saca la comida. Huelo a quemado. ¿En que estará pensando ese huevón?

El cocinero absorto en el tío de la mesa que da a la calle lo observa tranquilo sereno absorto. ¡Que envidia! Ese si que no tiene preocupaciones. Acá se saca uno la mierda chambeando: se suda a mares y el olor de comida se le pega al cuerpo hasta después de trabajar. Ese olor de mierda no se lo puede sacar aunque se bañe mil veces. Envidia a todos. El mundo es cruel y se ensaña con el. Allá hay una pareja feliz, al otro lado un tío bien vestido seguramente se caga en plata. Todos felices menos él. Que injusta es la vida.

La lluvia sigue imperturbable llenando de melancolía y dolor y el agua que cae anega los corazones de todos los seres y todos llenos de envidia piensan: todos son felices menos yo.






16 de noviembre de 2018

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3 Comentarios

  • Clopezn

    Simplemente genial. Me gustó. Escenas muy bien entrelazadas que te hacen esbozar una sonrisa, pues te identificas con esa realidad cotidiana que te toca vivir, pensando siempre que el de al lado vive mejor que tu y encima se lo dan todo hecho.
    Un saludo cordial.

    16/11/18 05:11

  • Regina

    Lo has descrito magistralmente, como una peli, vamos. Me gusta tu escribir,,,un montón. Saludos cordiales.

    18/11/18 08:11

  • Mcluna

    grazaz muzaz

    19/11/18 07:11

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