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La Madre

En un rincón oscuro del armario, bajo un cofre con llave, aún conserva en su poder, la carta que un día, lo único que quiso en la vida le escribió. En ese mismo cofre, a la mano derecha y mas abajo casi al fondo, hay un álbum viejo con amarillentas fotografías, recuerdos de su dichoso pasado. Y mientras vuelve a leer, otra vez, la ajada misiva, contempla, con añoranza las fotos de su pasado, por sus mejillas surcan penas en sus arrugas, siente gruesas lagrimas deslizarse cuesta abajo y se alimenta con el sabor salado de su propia miseria escrita en llanto, de sus marchitos labios escapa un adolorido gemido. El alma misma se le escapa de a pocos.

Es largo y lastimero el quejido que sale de más allá del alma. Ella, estrecha la carta contra su pecho y ve en tinieblas el querido álbum de fotos, testigo mudo de una felicidad ya perdida para siempre, añorada ahora que no queda ya nada. Mi vida, tan querida, tan preciada. -piensa con amargura. Cuando siente deslizarse una flor, que tiempos mejores tuvo. Una flor, la primera que el le dio. Se pierde en el recuerdo y se da cuenta de que el destino le ha traído solo infelicidad. El ya no esta, posiblemente nunca estuvo. Pero no lo sabe, ni recuerda. Esta todo tan nublado, es tan difícil de recordar. Ella, maldice su cruel destino, aquel que lo llevo, lo arranco de sus brazos.

En un gris día de otoño, un telegrama a sus manos llego. Que alegría, ha escrito- pensó. Más al abrir el presente, fue toda una desilusión. Contempla muda el sobre lacreado y no puede creer lo que lee, es otro el contenido al que ella esperaba. Lee, relee y lo vuelve a leer, ya no hay duda es de él. Llenándose de lágrimas sus ojos cierra con dolor, los amigos que la rodean inquietos preguntan por su malestar. Ella no puede contestar, desfallece, cae al suelo desmayada. Al despertar, siente que la miran con pena y compasión. Lanzan miradas furtivas, fingidas. El ha muerto en un trágico accidente. Nada queda ya. Sus padres y hermanos fallecieron ya y ahora nada, nada queda ya. Ni la razón de vivir. Cada día que pasa la sume más y más dentro de una vorágine de autocompasión, dolor, desesperación. Un día descubre que esta encinta. Una nueva luz en ella comienza a irradiar. Poco después se ilumina totalmente en todo su esplendor al mismo tiempo que su barriga empieza a crecer. Después, un hermoso crio ha nacido frutote su vientre, fruto del amor que le ha sido arrebatado por la muerte. Ha nacido su hijo el de ambos, hijo de amor puro y grande. Lo más bello que haya tenido.
El niño crece y poco a poco se parece más al padre. La madre lo ama, lo protege y lo mima. Lo mantiene siempre a su lado, a su amparo.
Una fría noche de invierno, el hijo, ya mayor, regresa temblando de frio y miedo. La madre nota en el lo que no puede ocultarse ante los ojos de una madre.

- Hijo ¿Qué te sucede? -pregunta
- No es nada. No te preocupes madre

Cada vez llega más y más tarde. Hay noches en que la madre se queda en vela hasta el amanecer, mas ella sigue siempre esperando al hijo, su único hijo, fruto del único amor que tuvo en la vida. Otras (noches) no llega a casa, los amigos, las mujeres y el licor lo han apartado de su vida igual que al padre, se lo llevan por largos periodos de tiempo y lo regresan maltrecho y ajado. Desesperada, la madre, no sabe que hacer. Semanas de ausencia, el hijo se aleja. Una tarde fatal, él regresa temprano a casa y la madre respira aliviada. Cuando por fin la paz se asienta en su pecho, esta sale corriendo otra vez cuando golpean la puerta de la casa y entran insolentes y abusivos unos agentes del orden (según ellos) a capturar a su criatura.

-Anciana ¿Vive acá Gilberto Pasco?

La anciana de cabellos de hebras de plata responde aturdida

- Si acá vive, es mi hijo

La `policía la mira de reojo, con desconfianza y desdén.

- Tenemos orden de captura. Ha muerto a manos del alcalde de la ciudad.

A la madre su corazón le da un vuelco siente sus piernas doblarse y su corazón estallar, se queda muda y quieta solo en su rostro hay signos de vida, sus lagrimas otra vez se derraman copiosamente en silencio. No puede creer que su hijo sea un criminal. Se queda muda y absorta mientras los gendarmes inspeccionan la casa. Poco después encuentran al hijo escondido en el ropero, amontonado con los trapos por planchar. El pasa por su lado y le dirige una mirada de incontenible furia.
Ve cruzar a su hijo por el umbral de la puerta, esposado con las manos atrás. No siente nada. Esta sumida en un sopor, su mente esta oscura no siente dolor.

Después de que se han ido, ella reacciona. Va a la plaza principal y ve de lejos pasar una muchedumbre furiosa que se acerca a donde ella va.
- Ahórquenlo, ahórquenlo  grita la plebe

A ella se le encoge el estomago, siente arcadas y ganas de arrojar. Los gritos son cada vez más fuertes, furiosos, desalmados, asesinos. Están sedientos de sangre, de la sangre de su propio ser.
Ella se seca las lágrimas con el pañolón que cubre sus hombros.

- Es mi hijo, mi hijo. Déjenlo por favor. No le hagan nada. Hijito, hijito dime que no es verdad, por favor. Despiértame Dios despiértame por favor.

Más, no es un sueño. Esta a punto de perder, otra vez, a quien la vida dio.

- Es mi hijo, el no es un criminal. Déjenlo libre déjenlo por favor.

La plebe no escucha, esta ávida de justicia, de sangre y rencor.
Y otra vez se sumerge en un mar de sollozos y lagrimas.

No hay nada que hacer. Es difícil ver a la turbia muchedumbre ver tomar a su hijo, subirlo al improvisado cadalso y liquidar al don mas preciado que Dios le dio.

Sufre en silencio día tras día y se pregunta: ¿Donde se equivoco? Su dolor es extremo, acapara todo su cuerpo, su razón y emoción. Vive en silencio, y poco a poco se apaga.

Pensando en Gilberto y en el padre de él. Una tarde en medio de sus recuerdos siente la presencia de ambos y sonriendo estira la mano y se deja ir. La amarillenta flor del álbum de fotos flota en el aire por unos segundos, cae al suelo y ella también.
09 de enero de 2019

1 Comentarios

  • Mcluna

    Lo escribi a los 12 años

    10/01/19 09:01

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