Marcial y El Caldo Verde

Publicado por Mcluna el 06 de julio de 2017.
En homenaje a Manuel Ibáñez Rosasa
Para Luis Bello

EL CALDO VERDE O YAKU CHUPE. Esta comida de origen andino es una de las comidas más populares de Cajamarca, dado que su sabor es único, especial y hasta medicinal. Este platillo se prepara con quesillo, papas, huevos, paico, hierbabuena, perejil y huacatay. Puede servirse junto a una porción de cancha o Kamcha serrana o maíz andino.
Ingredientes:
Papa blanca
Huevos
Quesillo o cuajada
Chicharrón
Paico o hierba buena
Ruda, perejil, huacatay
Rocoto

Preparación:
Deshoje, el paico, el perejil, la ruda y el huacatay. Antes de moler las hojas quite el amargor aplastándolas un poco y escurra el líquido. En una olla mediana ponga a hervir agua y agregue las papas peladas y cortadas en cuatro. Cuando las papas estén cocidas, añada los huevos chicoteados, es decir, perfore un hueco en el huevo, sacuda el contenido y viértalo en el caldo. Aparte moler hojas de paico o hierba buena, ruda, perejil y huacatay, agregándole una rebanada de rocoto. Sazone con sal e incorpore las hierbas molidas. Mueva y sirva con un trozo de quesillo y su chicharrón.




Caldo Verde
Por Manuel Ibáñez Rosasa

La agresiva porción del ají verde,
La olorosa rudeza de la ruda,
La papa que ya olvida que fue cruda
Y el diente del pobre ajo que se muerde

Con el huevo en hebra que se pierde
Más cortado quesillo que allí suda
Todo al agua en la olla tan panzuda
En el caldo más neto que me acuerde

Mas el culantro, fresco entre vapores
Entre tantos oréganos sin gana,
Champca y chicharrón, hierba y ardores
Naufraga el huacatay su hoja temprana
Junto al paico, sabor sin sinsabores
Molido en el batán por la paisana

Cada vez que Marcial se sentaba en la mesa de la cocina frente al poema El Caldo Verde (de Manuel Ibáñez Rosasa) todo lo que tenia frente a él se le antojaba soso y sin color. Marcial, de tanto acudir a tomar desayuno en la casa hacienda, se había aprendido de memoria este suculento poema. No era que le gustase la poesía, apenas había aprendido a leer, pero al darle sentido a esas palabras su mente se llenaba de imágenes y olores que le hacían tronar las tripas y salivar copiosamente. Algo así como un perro esperando su hueso.
Gracias a la poesía de Manuel Ibáñez Rosasa (y a Don Luiggi) había aprendido a leer. Don Luiggi - cuando Marcial había llegado al fundo como peón - lo había visto ensimismado en la poesía y le había preguntado si le gustaba.
- Si patroncito bonitos los dibujitus están&
- & ¿pero no sabes leer?
- Leer no sé patrón. Pero me gustaría saber.
Don Luiggi - muy bueno él - se había tomado la molestia de enseñarle.


La agresiva porción del ají verde,
La olorosa rudeza de la ruda,


Meses después, cuando Marcial pudo leerla correctamente se sintió un hombre completo y moderno y, contento con su aprendizaje decidió aprender todos los poemas alusivos a la comida típica de Cajamarca que el patrón había pegado en la cocina. De todos ellos: El Caldo Verde era su favorito; es más: se le había convertido en una obsesión. Cada vez que lo leía, se lamia y relamía los bigotes (escasos y ralos) pensando en el riquísimo caldo: con su chicharroncito, su quesillito, su rocotito y su huevito y con todas las hierbitas que un buen caldo verde se aprecia de tener.


La papa que ya olvida que fue cruda
Y el diente del pobre ajo que se muerde

Don Luiggi, amo, dueño y patrón del latifundio mas grande y bonito de la comarca era una persona afable, amable, bonachón y vivaracha. Era, además, muy agudo y sensato, querido y festejado, y famoso por su contagiante buen humor y por sus chistes subidos de tono. Don Luiggi, una fuente de conocimiento; culto y educado, era un ejemplo en la comunidad, su opinión era muy respetada y era, además, un marihuanero al mango.

Luiggi (para los amigos) Ingeniero Agrónomo, especialista en genética, tenía un gran amor por las plantas y como científico biogenético graduado por correspondencia le gustaba experimentar con ellas en su pequeño laboratorio/vivero. Tenía una en especial que era la luz de sus ojos: Una planta de marihuana.
Había comprado una preciosa semilla- gorda como un rubí- verde como una esmeralda- en un congreso internacional de Bio Ingeniería en Ámsterdam y la había ingresado al Perú con concha y pana y su habitual buen humor. Total: era biólogo. Había hecho tantos planes con esta semilla que sin darse cuenta, se enamoró de ella.
Don Luiggi, padre de dos inquietos varones, nunca había pensado en tener una hija pero cuando la semilla brotó decidió adoptarla. Después de tenerla reposando en un recipiente de vidrio sobre algodón mojado le brotaron sus primeras raíces y la traspaso a una hermosa macetera llena de filtros y pipas y probetas.
Cuando a la hermosa niña se le asomo su primer capullo lloró de alegría y cuando creció; olía tan rico que se la quiso fumar ahí mismo pero espero con paciencia para cosechar. Cuando, por fin, estuvieron maduros sus primeros moñitos: haciendo rituales y malabares se lió su primer tronchito y se lo fumo toditito. Nunca fue más feliz en su vida. ¡Que vuelo! ¡Que gracia! ¡Que altitud! Ahí noma decidió nombrarla cannabis saquitumierdis.


Con el huevo en hebra que se pierde
Más cortado quesillo que allí suda


Marcial le había echado el ojo a esa plantita tan bonita y olorosa que su patrón cuidaba con tanto celo que parecía loco: le hablaba con voz dulce y baja (pa ´que no se asuste) y dándole palmaditas, y acariciándola, la mimaba toditita. En el colmo de los colmos Don Luiggi se había hecho un canguro especial en donde la llevaba cargada cada vez que salía a supervisar los trabajos en el fundo o a pasear. ¡Ni a sus hijos trataba así!
Curioso le había preguntado que planta era y Don Luiggi, para no hacerse problemas y, sacárselo de en medio, le había contestado que era huacatay.
- ¿Huacatay Don Luiggi?
- Es que es importado: de otro país. ¿Acaso no hueles?
- Si Don Luiggi si. Huele riquísimo.
Marcial quiso pedirle un par de ramitas para su caldito especial pero al ver el celo con que la cuidaba tuvo miedo de hacerlo.
Todo al agua en la olla tan panzuda
En el caldo más neto que me acuerde


Cuando llegó el verano la familia entera fue a pasar Año Nuevo a Poemape y dejaron a Marcial (quien gracias a su esfuerzo y buena disposición se había ganado el puesto de capataz) al cuidado de la hacienda. Antes de partir, Don Luiggi llamó a Marcial y le dijo:
- Me cuidas bien mi plantita.
- ¿Cual plantita? ¿Su huacatay?
- Si, si la misma. No te olvides de sacarla al patio a que tome su sol pero no me la dejes de 11 de la mañana a la 1 de la tarde que el sol la seca toditita. Échale su agüita por lo menos dos veces al día. Cuida de ella. ¿Ya? Chau.


Mas el culantro, fresco entre vapores
Entre tantos oréganos sin gana,


Marcial tenía unas ganazas de hacerse su caldito verde que apenas se perdió la camioneta en la arboleda del fundo, aprovechando su gran oportunidad, se metió al establo a ordeñar a la Dolores, la vaquita mas lechera del establo, para hacer su quesillito sin que lo vean y, mientras cuajaba la leche cantaba:

- Papita fresquita he cosechau, quesillo fresco he cuajau; huevito de mis gallinas he juntau, rocoto picante de la cocina he agarrau, su chicharrón también e robau. Sus ricas hierbitas también hay: tengo paico, ruda, y perejil solo falta un pocasho de huacatay: le voy a sacar una ramita al patrón. Ese huacatay tan oloroso tiene que estar.

Champca y chicharrón, hierba y ardores
Naufraga el huacatay su hoja temprana


Antes de irse, Don Luiggi, con el dolor de su alma y pidiéndole disculpas a su querida planta, había cosechado un par de moñitos para el viaje. Cuando Marcial entró al vivero al ver ese pequeño forado se envalentonó y le arrancó tantos moños como quiso. La pobre planta victima de robo y violación se puso a temblar toditita: ¡Que tal ultraje nunca la habían tratado así! Marcial ni cuenta que se fijó.
Al llegar a su choza se los dio a su mujer, junto con las otras hierbitas, y le dijo:
- Muélete estas hierbitas en el batán. Eso si: este huacatay&
- ¡Que oloroso!
- Si ¿no? Es del patrón.
- ¿Y no se enojara?
- Si esta cargadita la planta. Bueno a este me lo mueles solito. ¿Y el marcialito onsta? Dile que vaya a la caseta del potrero que he dejado los huevitos debajo del poncho que robau tempranito mientras yo traigo el quesillo y el chicharrón que me le chapau a la Nanita.
- ¡Ay Marcial eres terrible!
- Esta vez yo voy a cocinar, vas a ver como te vas a chupar los dedos, y espera noma que después del caldito voy a cobrar&
- Uy Marcial: ¿que te ha puesto así?...

María, contentísima ella y con la hija, grandaza y mimada, amarrada en un quipe en la espalda, entre risa y sonrisa muele el huacatay y las otras hierbitas en el batán. La niña balanceándose rítmicamente se duerme contenta esperando todos el riquindisimo Caldo Verde que el papa va a preparar.
Junto al paico, sabor sin sinsabores
Molido en el batán por la paisana

Días después, al otro lado del Perú: a pesar del murmullo de las olas apacibles y el calor adormecedor en la casa de playa; Don Luiggi no puede dormir: no solo le ha caído una fuerte erisipela sino que; justo ahora cuando mas lo necesitaba, se le han acabado sus provisiones de canabis saquitumierdis y la espantosa marihuana que le habían invitado, cuando salió a pescar, no hacia mas que incrementar sus ganas por volver a poner sus manos en su propia cosecha. Pasó la noche entera con los ojos en blanco, atormentado por la picazón y una gran desazón no lo dejaba dormir: sentía la urgencia de llamar al fundo a preguntar como estaban las cosas y de paso (de manera disimulada) indagar por su preciosa hija verde, pero el teléfono más cercano se hallaba en San Pedro, a hora y media de Poemape.
Ni bien salió el sol cogió la camioneta y se fue hecho un pedo a San Pedro de Lloc, apenas diviso el primer teléfono publico saltó de la camioneta dejando el motor encendido. Llamó y llamó y nadie contesto. Colgó, volvió a llamar y nada. Nada de nada tres veces mas. Preocupado se dijo: Acá algo anda mal; mejor regreso a Cajamarca y de paso me traigo mi cuarto de pollo. Y retornó a Poemape a recoger sus chivas para, acto seguido, volar a Cajamarca. Durante el camino Don Luiggi no se podía quitar de la cabeza de que algo malo, muy malo iba a ocurrir. Cuando arribó a Cajamarca el corazón le latía tan fuerte que parecía un tambor en carnaval.
Cuando llegó al fundo recorrió toda la arboleda sonando su claxon sin parar para que le abran la reja al toque y, ¡cosa rara!: Nadie acudió a abrir la tranca. ¿Qué: no lo habían escuchando? Imposible. El mismo bajó de su carro y la abrió. Metros más allá se encontró con el Segundo quien llevaba los porongos de leche a la Perulac. Y molesto, y escupiendo al hablar, le preguntó:
- ¿Que es del Marcial que no ha venido a bajar la tranca?
- No se patrón hace días que no se lo ve. Estará mal o se ha ido
porque nadie lo ha visto.
Alarmado Don Luiggi pensó que Marcial se había fugado con su planta y salió corriendo al vivero como alma que se lleva el diablo. Tiró abajo la puerta del vivero y vio que su hijita estaba secándose, que había sido cortada salvajemente que había sido saqueada, violada, violentada y asaltada; temblando de cólera salió enrumbando sus pasos hacia la choza de Marcial decidido a encararlo y botarlo de su chamba.
Al abrir la puerta del cuarto donde vivía Marcial y su familia pensó que el diablo había puesto su laboratorio de perfumista. No solo apestaba a mierda sino que estaba totalmente a oscuras. Cuando se acostumbró a la penumbra y pudo distinguir entre las sombras y la oscuridad encontró a Marcial tumbado en el suelo, balbuceando incoherencias. La olla de barro, con el caldo verde, había dejado de hervir hace mucho y ahora seca y pegajosa expelía un vapor fétido y pungente que inundaba la choza entera como un baño sauna en un basural.
Marcial estaba tan ido que cuando, al verlo, trató de ponerse en pie se fue de cara sobre los cuyes que estaban echados panza arriba moviendo las patitas como si estuviesen nadando contra una corriente imaginaria. Sus dos hijos menores- la parejita  desnudos y cochinos, con los mocos corriéndose por las narices sentados en el piso de barro afirmado, jugaban absortos con un trozo de excremento pasándoselo entre los dedos, amasándolo, oliéndolo y riéndose a muela pelada mientras se embadurnaban con el. Cuando quiso saludar a María, la esposa de Marcial, esta con la teta al aire amamantaba a un niño invisible y reía en voz baja meciéndolo en su regazo.
Su rabia casi le hace perder los papeles: tuvo que contenerse para no irse encima de Marcial y tuvo que cerrar los ojos y respirar hondamente para poder controlarse. Cuando se hubo calmado lo suficiente, examinó la situación y lanzó una sonora carcajada que invadió el mudo y tenso ambiente:
- Ay Marcial, Marcial, ahora sí que la cagaste.- y riéndose y dando palmadas salió de la choza a llamar al Dr. Uceda para que vea a la familia que había caído enferma bajo los efectos de su canabis saquitumierdis.
- ¡Uy mierda! ¿Y ahora como lo hago para explicarlo? - se dijo.

Tuvo que decir la verdad, (o lo que sospechaba que era). El doctor, asustado, lo quiso denunciar pero prevaleció la razón y la buena reputación de Don Luiggi. Total al final solo era una plantita: ni que fuese narcotraficante, además, Don Luiggi es Ingeniero Fito Genético. ¡Carajo a cualquiera le puede suceder!

Marcial nunca supo lo que le pasó, nunca se lo dijeron. Lo único que sabía es que el Caldo Verde le provocaba tremendo malestar que nunca mas volvió a tomar otro.
- Pero si sabias que te hacia mal porque seguiste tomando caldo.
- ¡Es que estaba tan rico!
- ¿Y porque no saliste a buscar al doctor?
- ¡Es que daba una perezasa!

Don Luiggi se la libró: y cuando su hija se recupero del robo y la violación hizo brotar unos hermosos moños con los cuales pudo tener un almacigo con una docena de ellas. Estaba tan orgulloso de sus nietas que las mostraba ufano a todos sus amigos e invitados, hasta que un día le cayó la DEA y le allanaron la casa, perdió el fundo, los bienes y la familia, la honra y la dignidad y ahora escribe la historia del Caldo Verde en una cárcel del Perú.



1 Comentarios

  • Mcluna

    Su rico caldo verde ...

    06/07/17 06:07

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