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Piratas Del Caribe

En aquellos días cuando el mundo era fresco y olía a sorpresa y a juguetes nuevos, y mis afiches de héroes y súper héroes conversaban en mi habitación y yo podía escucharlos y jugar con ellos.
Cuando vivía en el mundo de todo es posible, era un ciudadano ejemplar y completamente feliz. En aquellos días el mundo de los sueños y el real compartían un mismo cuerpo y la vida diaria era una aventura. Una aventura que nacía del desván del cuarto de al fondo.
Abandonada al fondo del cuarto abandonado donde se guardaban las herramientas del jardín y todos los cachivaches inservibles había una inmensa caja de madera. Milagrosa y mágica a por demás. No era una caja de madera común; era mi caja de madera: en ella me podía esconder o rebuscar su contenido sacando prenda tras prenda. Pasar todo el día o toda la tarde si así lo quería. De ella sacaba prendas percudidas, ajadas, con olor a moho y a madera podrida. Entusiasmado con cada sombrero, chaleco, vestido, pantalón o collarín los convertía en un amigo más.
En la esquina oscura del cuarto pestoso los sentaba frente a mí y conversaba con ellos. Pero como no respondían tenía que hablar por todos. Bastaba creer para hacerlo verdad. Y así pasaba los días.
¡Ah! respiro fuertemente al recordar esos días y al recordarlos desempolvo, también, el baúl de recuerdos que llevo conmigo arrumado en algún rincón de mi cabeza junto a ese niño que se niega a crecer. Cuando cierro los ojos bien fuertes y me trasladó hacia el pasado hasta puedo oler los olores que olía en mi chiquititud.
Y suspiro otra vez.

La primera vez que fui al cine, o al menos la primera película de la cual tengo razón era una película protagonizada por Errol Flyn. A pesar de que estaba en inglés y no podía leer los subtítulos, llore al final. Era una película sobre piratas y patas de palo abordajes y cañones y ganchos de fierro en lugar de manos. Lo que más me había gustado era: los piratas subiendo hasta lo más alto de los mástiles y con sus espadas o puñales se tiraban contra las lonas y mientras caían al piso iban rasgando las velas. Alucinante.
Cuando legue a casa no podía sacarme de la cabeza las imágenes mientras recordaba el film me identifique el joven de la película, el héroe, el capo e capos como tirando la capa hacia atrás y sacudiendo el pelo retaba a todos quienes estuviesen al paso. La capa la capa era lo máximo, si tuviese una capa.
Recordé que un día jugando en el cuarto de al fondo había visto una capa negra - que había sido parte de un disfraz de mis padres- en la caja de madera y fui corriendo a buscarla. Sabía que estaba ahí. Tenía que estar. La había visto - pensaba mientras sacaba trapo tras trapo hasta que la encontré. Y no solo eso, sino que encontré, también, cascabeles y cintas de colores que harían más atractivo mi disfraz. Solo me faltaba lo esencial: un parche de pirata y un sombrero de bucanero. Le pedí a la Nanita que me haga el parche y a mi Tía María, la mama del tío Berna, que me haga un sombrero un viejo periódico.
Todo listo. ¿Todo listo? Faltaba la espada. Cogí la escoba - que antes había sido mi brioso corcel blanco- de la cocina, la quebré saltando sobre ella y zazz ya tenía espada...eso es lo chévere de la magia una escoba puede ser un caballo, una espada o una varita mágica. Cualquier cosa puede ser.
Ya con espada en mano y batiéndome a diestra y siniestra peleaba y daba estocadas mortíferas a mis enemigos que venían por cientos.
A lo lejos divise escondido entre los a mi peor enemigo. Portaba pantalón de jerga negro y camisa de yute blanca ancha y holgada: igualito al de película encima lo que acabo de convencerme era de que tenía un sombrero de paja. Fui corriendo hacia él y lo cogí a espadazos en la espalda hasta hacerlo gritar y llamar a la Nana. Mi Nana se enojó bien feisisísimo porque le estaba pegando al Nativo el jardinero de la casa que venía una vez al mes.
- Habrase visto; pa´ eso le hago su parche.
Mi Nana se enojó feísimo y me mando a mi cuarto. Ya estaba llegando a mi cuarto, pero no sé cómo me encontré en el de mis padres y al ver la ventana abierta y el árbol ahicito noma me trepe por la ventana y saltando a las ramas me trepe al ciprés del patio.

En el árbol, con mi espada de madera, con mi capa negra y mi parche de pirata en el ojo, con mi mano catalejo largavista me puse a observar a otear al mar con el otro ojo y ver al barco enemigo pasar.
Estaba en plena alucinación cuando se me ocurrió de que necesitaba una cuerda si quería abordar y me acorde que en el cuarto del fondo había una soga del fundo y fui corriendo disparado y la traje conmigo.

- Leven anclas. Barco Pirata a estribor. Apunten los cañones. Todos
preparados para el abordaje. - ordenaba a mis invisibles subordinados mientras amarraba la soga al tronco del árbol. Al abordaje - grite otra vez y tirando la soga al piso y tomando impulso salte de las ramas del árbol gritando: Al abordaje- y me tire al vacío.
No había tenido en cuenta de que la soga quemaba al deslizarse entre mis manos y al verme sorprendido por el dolor la solté y caí aparatosamente al suelo rompiéndome la pierna izquierda. Dolió un montón.
Me llevaron al Hospital Belén que quedaba a las espaldas de mi casa y fui atendido amorosamente por las monjitas enfermeras. A pesar de que me tuvieron que enyesar. Salí pensando en que ya tenía mi propia pata de palo. Además, era bacán ya que me la podían firmar. Pero picaba montones y me desesperaba porque no me la dejaban rascar.

Al día siguiente mientras estaba tirado en la cama leyendo mis revistas de acción. Llegaron el Manuel, el Beto, la Chiquitita, el Juanca, los Tilos y el Shesheka.

. ¿Y cómo te hiciste eso?
- Estaba jugando a ser pirata. Te cuento. Estaba en mi barco en el mar cuando&
- ¿Conoces el mar?
- Claro.
- ¿Y qué tal es?
- Bacán. Ta llenecito de agua. Más que la piscina de los Baños, un millón de veces más.
- ¡Un millón!
- Si. Un millón.
- ¡Guau eso es hartisisisisimo!
- ¿Y nunca le has tirado botellas al mar?
- Y ¿Para qué?
- Para que te contesten.
- ¿Quién pe?
- Tu novia. Es bien romántico. - dijo la Chiquitita.
- Pero si no tengo novia.
- Entonces la que va a ser. Algún día te vas casar. Pero para eso tienes que escribir un mensaje.
- Pero si no sé a quién. Además, no me gustan las niñas.
- Cuando crezcas te van a gustar. Es bien romántico.
- Aunque a veces las botellas vienen con mapas.
- ¿Mapas? ¿De qué?
- Mapas del tesoro.
- Ah eso de tesoro y piratas si conozco. Pero es peligroso. - dije apuntando a mi pierna enyesada.
- Si. ¿No?
- A veces si la mandas sin tapa el mar te la devuelve llena.
- ¿Llena de qué?
- De gaseosa pué. ¿Qué? ¡No conoces el mar!
- ¡Que si lo conozco! He estado en Pacasmayo. Y ¿cómo hace el mar para llenarlas?
- ¿Y yo que sé? Si no lo conozco.
- ¿Y entonces como sabes que te regresa la botella llena?
- Me ha contado mi papi y él debe saber porque es mayor.
- ¡Ah! Si es mayor...
- Y qué bonito este dibujito. ¿Quién te lo ha hecho? ¿Dónde puedo firmar? ¿Te puedo dibujar un corazoncito?

MclunaPublicado el 25 de febrero de 2019
Archivado en novela juvenil parte1

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3 Comentarios

  • Clopezn

    Tierno relato de infancia que me ha transportado a la mía propia. Un saludo cordial.

    01/03/19 12:03

  • Mcluna

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