Sabina y Los Luna En Concierto

Publicado por Mcluna el 20 de marzo de 2017.
Desde que Juan Carlos Luna conoció a Joaquín Sabina tras ser presentado por su hermana melliza; Julia; periodista especializada en eventos culturales su vida cambio radicalmente.
Juan Carlos había llegado a Lima por un curso de especialización en su rama, ingeniero de suelos, acabado este llamó a su hermana para salir a conocer la ciudad; ella lo llevó a Barranco a echarse unas copas y ponerse al día después de varios años de no haberse visto.
Llegaron al bar La Noche donde Julia era bien conocida y fue atendido por Luna, la española que administraba el bar, quien al ver que la planta baja estaba totalmente copada, con mucha cortesía y muestras de amistad los condujo al bar del segundo piso, después de conversar un rato y cuando todo estuvo puesto y listo Luna se marchó y los dejó con una botella de tequila de regalo. Y mientras tomaban y rememoraban los viejos tiempos les dio las dos de la mañana.
De repente se escuchó un murmullo que fue convirtiéndose en algarabía.
- Sabina, Sabina.- repetía la gente en el bar.
- ¿Que pasa?- preguntó Juan Carlos. Julia se apartó de la mesa y mirando hacia el bar de abajo reconoció al Gran Maestro Sabina saludando a los parroquianos con muestras de gran afecto y amistad.
- Es Joaquín Sabina.
- ¿Y quién es ese?
- ¿Qué... no sabes quien es? ¿Donde has estado? ¿En que planeta vives?- le llamó la atención. Y tomándolo de la mano y agarrando con la otra la botella de tequila, o lo que quedaba de ella, lo condujo hacia la mesa del maestro.
-Vamos que te lo voy a presentar.- le dijo.

Joaquín Sabina reconoció a Julia y muy amable y atento la invitó a sentarse en la mesa a departir con el.
- ¿No será mucha molestia?- preguntó la periodista.
- No que va guapa.- contestó el genio.
- Mi hermano, Julio- dijo Julia presentándolo.
- Mucho gusto chaval y salud.

La juerga se armó: Sacaron dos guitarras y un cajón y cerraron el bar para atenderlo en privado y a gusto. Apenas pudo, el mismo dueño, José Luna, se sentó con ellos y ordenó una ronda para todos. Al maestro: lo que quisiese y cuanto quisiese, que no se preocupe que era un gran honor.- ordenó al camarero que lo servía diligentemente.
Juan Carlos, entre pisco sour, chela, ron y tequila y sin saber ni una sola de sus canciones se puso a aplaudir, tararear y bailar de puro contento y borracho. Al final, el maestro Sabina y los Luna (los mellizos Juan Carlos y Julia, José Luna, el dueño, y Luna la administradora) y otros más se agarraron a botellazos y el maestro bien mamado se le ocurrió brindar por los Luna ahí reunidos:
- Salud por los Luna chavales  dijo el iluminado ser apellidado Sabina.
- Salud por Sabina y los Luna maestro.- acertó a decir Juan Carlos, lo cual le pareció - por años- su más grande agudeza. Cuando se dieron cuenta de la hora ya había amaneciendo; eran más de la seis de la mañana y el maestro se dispuso a retirarse a descansar porque tenía presentación esa noche. Julio, emocionado le pidió que autografiase una servilleta pero Joaquín medio ebrio y buena gente se quitó el polo y se lo regaló sudado y todo. Pero de todos modos le firmó la servilleta.
- No faltaba más chaval.- exclamó el míster.

Cuando Juan Carlos llegó a Cajamarca encuadró la servilleta autografiada y la puso en un lugar visible en medio de su sala, a la camiseta la quiso colgar sin lavar en el lugar principal de su estudio bajo un marco de vidrio, alegando que el sudor del maestro era como el relicario de Jesús.

- ¡Que Jesús ni ocho cuartos! Si no la mandas a lavar te la voy a botar a la basura. Así sea la camiseta de Sabina o los calzoncillos de Miguel Bosé.  le reclamó airada su impaciente esposa. Juan Carlos pensándolo bien y, ante las proféticas amenazas, decidió mandarla a lavar, no sin antes inhalar fuertemente hasta llenar sus pulmones el olor a tabaco, alcohol y sudor que se había macerado en la camiseta, lo cual le causa una gran arcada y lo hizo vomitar.

Juan Carlos para compensar su falta de conocimiento musical compró toda la discografía de Sabina y se aprendió de memoria todas sus canciones con tanto afán que parecía un estudiante de post grado preparándose para su maestría. Juan Carlos se volvió el fanático número uno de Joaquín y espero ansioso a que el genio volviese al Perú para volverlo a ver.

El tiempo pasó y Juan Carlos Luna, cada día más apasionado, escuchaba las nuevas canciones que sonaban en la radio y las festejaba como si fuesen propias: para él era un triunfo personal.

- Pero si es un genio- decía- escúchate esta& ¡Que Arjona ni Arjona! ¡Ni Milanés ni Silvio Rodríguez! Este tío es un genio, es el Bob Dylan Latino, el Da Vinci de la música. ¡Un genio, un genio!- repetía todo el día, día a día.

Poco después se enteró de que Julia le había presentado a Jimena al gran gurú y se entusiasmó de tal modo que a todo aquel que encontraba le informaba: Manya broder la novia del ser supremo Sabina Joaquín es peruana. Mi hermana los presentó- estaba tan orgulloso que él mismo se sentía como si fuese la novia.

Juan Carlos Luna era chancletero, es decir: tenía tres hijas mujeres, adolescentes ellas, y cuando nació su primer hijo le quiso poner de nombre Sabina pero su mujer lo tildó de huachafo y no le atracó. Dejaron de hablarse por espacio de un año, y al pequeño de puro asados ni lo inscribieron, ni hubo partida de nacimiento para él y tan solo lo llamaban o hijo o pequeño. Su mujer cuando ya no pudo soportar más la tensión en el hogar propuso llamarlo Joaquín en honor a su súper héroe cantautor. Y de hijo, sin nombre, paso a llamarse Joaquín, como su ídolo. Juan Carlos era feliz.

Su felicidad llego a su máximo esplendor cuando se enteró de que Joaquín Sabina llegaba a en lima en solo tres meses, a dar un único concierto. Su hermana la reportera lo llamó.
- Si quieres te consigo las entradas. Te puedo poner en súper vip.

Juan Carlos entusiasmadísimo pensó: Aunque me cueste el salario de un año voy al concierto, de paso me llevo a la bruja de mi esposa y las niñas. Juan Carlos Luna estaba recontra feliz: Después de dos años lo iba a ver y en primera fila. Iba a estar tan cerca que iba a poder olerle hasta los calzoncillos.

Repasando todo lo que haría en el concierto se le ocurrió devolverle el favor y regalarle una camiseta estampada con el nombre de ambos: Mandaría a fabricar unos politos que dirían: Sabina y los Luna, y de este modo cuando empiece el concierto Joaquín los iba a mirar y Juan Carlos le iba a regalar uno en pleno show, y Joaquín admirado y agradecido se lo iba a poner ahí mismo. Lo iba a recordar y lo iba a invitar a que cante con el en pleno escenario. ¿Que canción? No importaba: se las sabía todas; hasta las que había grabado con Fito Páez. Iba a estar en primera fila y&
- Ya mi amor no jodas y duerme. - le decía su esposa cada vez que Juan Carlos se quedaba murmurando y planeando insomne en su lecho matrimonial.
El precio de las entradas era alto y Juan Carlos no se los poda costear fácilmente, además como se lo había prometido a sus hijas y mujer, tenia que cumplir, por lo cual tuvo que vender el carro y sacar un préstamo recontra usura para poder costearse los gastos en los cuales iba a incurrir por el bendito concierto.
Llegó a Lima con toda la familia con dos días de anticipación y apenas lo hizo llamó a su hermana para recoger las entradas, su hermana le aseguro que tenia los boletos súper ultra vip pero que no viniese por su casa que ella misma se los iba a entregar: que solo faltaba un pequeño detalle.
- Pero no te preocupes hermanito te los voy a entregar prontito.- lo tranquilizó.
Juan Carlos no pudo dormir: algo le latía mal, muy mal.
- Pero si tanto te preocupa: ¿porque no vas a su casa y los recoges? O en todo caso que te de la plata y te los compras por tu lado sin tener que preocuparte... ¿y si se ha tirado la plata?-argumentaba su esposa.
- ¿Como se te ocurre: mi hermana, mi sangre nunca me va a jugar chueco, ya vas a ver como cumple.- refutó amargo. Además le he hecho un polito. Dice que va estar con nosotros; todos juntos en primera fila los cinco, mas ella seis, con polos, el maestro se va a dar cuenta y&
- .. y te va preguntar: ¿que dice?, tú le vas a decir : Sabina y los Luna, de ahí nos vas a presentar y de ahí te va a llamar a que compartas el escenario donde van a cantar juntos cualquier canción porque tú te las sabes todas hasta las que hizo con Fito Páez&
- Ah. ¿Qué& me has escuchado?
- Pero mi amor si es de lo único que hablas: todo el día y a todo el mundo. Eres monotemático.
- Mono... ¿que?

Llego el día del concierto y su hermana no aparecía con los benditos tickets, cuando la llamaba a su celular lo único que contestaba eran puro evasivas y colgadas de teléfono o: espera un ratito ahorita te llamo, no me llames estoy ocupada, en eso estoy, ya llego, tuve un problema, pero no te preocupes los tengo.

El día del concierto Julio, cada vez más nervioso, llamó desesperado al celular de su hermana y ella le contestó tranquilizándolo:
- Mira vamos a ir juntos al concierto y te los entrego ahí. Solo falta ultimar un detalle.
Cuando llegaron al concierto Julia entró al local y le dijo:
- Espérame un tantito: los recojo y salgo con ellos.
- Apúrate.- fue lo único que atinó a decir.
- No te dije, ya los trae.  le dijo a su desconfiada esposa.

Y Juan Carlos con toda su familia, excepto Joaquín, espero en la cola por interminables e insufribles horas mirando a cada rato a la puerta esperando a que salga su hermana con las entradas, como Juan Carlos y sus tres hijas y esposa vestían polos negros con letras en blanco que decían: Sabina y los Luna, la gente, al pasarlos, les daban muestras de afecto y solidaridad. Pero la gente seguía pasando y entrando y su hermana: ni contestaba el celular.
Cuando sonaron los primeros acordes de la primera canción Juan Carlos por fin se dio cuenta de que su hermana lo había timado y se le cayó el mundo: empinchado se quitó el polo e instó a su familia a hacer lo mismo y retirándose de la cola, arrojó sus camisetas a un tacho de basura y se alejó odiando a su hermana con todas sus fuerzas por el resto de su vida. Nunca mas la volvió a ver ni supo jamás que fin tuvo ese dinero que lo había mandado a la bancarrota.

Joaquín Sabina dio el mejor concierto de toda su vida y hasta se atrevió a subir al escenario a una pareja que en primera fila portaba camisetas con la leyenda de: Joaquín Sabina y los Rodríguez: polos blancos estampados con letras negras, de los cuales le dieron uno al maestro que se lo puso agradecidísimo, estaba tan eufórico que los subió a acompañarlo a cantar: eso si cualquier canción menos de las que había compuesto con Fito Páez.

1 Comentarios

  • Mcluna

    un cuentito casi real que le paso a mi broder con el MAestro Joaquuin Sabina

    20/03/17 06:03

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