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Un Inesperado Héroe (david):

Zacarías, en su nueva casa, se metió de cabeza en los estudios y pasó años de años, solo, leyendo tratados antiguos de magia y alquimia. ¡Se fue bien retro el pobre! Debido a su ensimísmiento y su soledad sin amigos y rechazando a sus parientes (y muebles) se le dio por hablar consigo mismo el gollum del señor de los anillos y se enfrascaba en tales discusiones que amanecía con magulladuras y cortes y confecciones en su cuerpo y cara. Y súper enojadísimo consigo mismo y resentido a no más poder.
Un día Zacarías despertó sobresaltado de su siesta- casi como siempre-: el timbre sonaba insistente e insolente y pensó que eran los mismos críos malcriados que la semana pasada habían dejado una bolsa de papel en fuego la cual al tratar de apagar la aplastó e hizo explotar cubriendo puerta y paredes con excremento de perro en llamas. Justo cuando la iba a patear (la fuerza de la costumbre) que se percató que era una canasta de mimbre. Pensó que era la comida que le envían de la tienda una vez por semana y sin mirar el contenido entro con ella a la casa/laboratorio. La llevó a la cocina, la deposito sobre la mesa y luego se olvidó.
Esa noche, jugando con sus ratas en el laboratorio, escuchó llantos provenientes de la planta alta y pensó que era el timbre  tenía un modelo con mil diferentes sonidos o ring tones- tenia, por ejemplo: mugidos de vaca, ladridos de perro, ambulancia, sirena y muchos más. Irritado soltó a una de sus víctimas y subió a ver quién lo importunaba.
Zacarías vivía solo y era feliz, lo que le jodía era que nadie se ocupaba de estos menesteres que él hacía con desgano. Cuando de repente se oyó el crepitar de un altavoz casi oculto entre el montón de cachivaches y en seguida el eco apagado de unas señales intermitentes y lejanas. Zacarías pensó que era su cerebro y de no ser por el diagrama de radiación en el cual estaba trabajando Zacarías hubiera dicho que se trataba de ruidos parásitos.
Cuando abrió la puerta se encontró con que no había nadie, pero el ruido seguía repercutiendo en la enorme casa laboratorio, aguzando el oído (porque era chochito) lo ubicó: provenía de la cocina.  Olvide mi celular  se dijo- y fue por él. Cuando llego a la cocina lo identificó: la chilla salía de la canasta que había dejado sobre la mesa del comedor. Se sorprendió de que llorara. - ¡Qué raro!: - se dijo -: he tenido camas cariñosas y muebles celosos, pero nunca una canasta que llore. - ¿Cuándo lo habré inventado? - se preguntó. Y se acercó a ver cómo funcionaba lo que (según él) había creado. Al destapar la manta vio una terrible mascara de Halloween tan perfecta, tan real que lo hizo estremecer y lanzar un agudo chillido, pensó que los hijos del vecino, otra vez, le estaban jugando una broma pero cuando lo tomó entre sus brazos y lo acercó a su miope vista; justo en ese momento, al bebé se le ocurrió orinar y lanzó un rayo caliente de pis amarilla y súper concentrada en los lentes del genio solitario (suerte que sus lentes tenían plumillas) la liquida y tibia humedad lo sacó de onda. Pensó en arrojarlo al suelo a ver si rebotaba (así era él pe siempre: reaccionaba rarísimo) A ver si te gusta- le dijo antes de arrojarlo al piso, pero como la maldad nunca había sido su fuerte no lo hizo. Después de mucho cavilar buscó una nota explicativa dentro de la maloliente canasta algo que le indicase cómo funcionaban estos aparatos, pero nada, no había instrucciones ni indicaciones: ¿Y ahora como lo hago? ¿Cómo funciona? Y como no hubieron respuestas en el aire, ni en su cabeza, pensó en enchufárselo al vecino (como tenía varios hijos  y sospechaba que eran quienes lo molestaban- sabia de estos menesteres) Saliendo de casa, rumbo a la del vecino (justo cuando iba a enyucárselo) se le ocurrió una gran y magnífica idea: ¿Y si me lo quedo? Pensándolo bien este niño, aunque bien feíto, me podría servir, (como conejillo de indias o rata de laboratorio)  se dijo. Fue así como Zacarías se convirtió en padre y se quedó con el bebé. ¿Cómo se llamará? - preguntó al aire y como el aire no le contestaba decidió buscar en las páginas amarillas un nombre al azar. Tomando el gran libro, cerrando los ojos, lo abrió y con la punta del dedo índice lo encontró: - ¡David Bello!: Muy bien David serás porque Bello no eres nicagando! Y David quedo y se quedó.
La casa hacienda laboratorio de Zacarías era una curiosa combinación de refugio campero y laboratorio. Había una gran chimenea, toscos muebles, y un amasijo indescriptible de cables y equipo electrónico.

Zacarías trato de enseñarle todo, todo lo que sabía desde que lo recogió: día a día le machacaba el checo con números y guarismos, pero el menor, que solo tenía seis meses, no le entendía ni mierda y se cagaba de risa viendo la cara de ese señor tan chistoso que rabiaba y se alborotaba hasta cambiar de color. Si preguntaba a David raíz cuadrada de 4 David respondía agü, si le preguntaba si había entendido su exposición sobre física quántica David también respondía agü - todo era agü pa´ David- y Zacarías -pensando que le respondía en alguna clase de arcano o incognito idioma seguía embutiéndole a ese pequeño cerebro todas sus nociones y conocimientos de la vida (Que eran muchos y atolondrados) Una tarde, Zacarías cansado de obtener como respuesta un sólido agü decidió entrar en su cerebro para ver cómo funcionaba y nunca paró. Hasta volverlo tullido y jorobado. Y para que no pregunten por los cortes en el cuerpo, y evitar problemas con las autoridades, David fue educado en casa.


MclunaPublicado el 22 de marzo de 2019
Archivado en apneo una novela costumbrista de ciencia ficcion viii

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1 Comentarios

  • Magic

    Que superbuenas las historias que escribes, son fastásticas!!!.
    Me encantan, saludos Mcluna.

    23/03/19 08:03

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