Irse, es de Valientes.

Un día me desperté pensando "no puedo más".
Esa frase se me venía repitiendo día si día no en mi cabeza.
Pero, pensaba, tranquila, espera. Espera.
Espera.
Espera.
Y así, sucesivos días.
Semanas de angustia en la que ni me dirigías la palabra.
Gritos, que dudo mucho mereciera.
Ausencias, que no entendía.
¿Merecía ello?

No, y lo sabes. Aunque tu orgullo convierta un argumento de "Perdóname" en un reproche. Que es como realmente te defiendes cuando pierdes la razón. O bueno, según tú, nunca la pierdes.
Te quiero, joder, claro que te quiero.
He aguantado lo que nadie habría aguantado durante dos años. He aguantado que no fueras valiente de dejarla y venirte de mi mano. He aguantado tus dudas, tus manías, tu desconfianza, tus celos. He aguantado incluso tu machismo al hacerme sentir que no soy de nadie, si no solo tuya. Ni siquiera mía. Y no eres malo. Eres maravilloso, pero tu carácter arraigado acaba con quien está acostumbrada a respirar paz, con quien soluciona las broncas con te quieros, y la que no aguanta estar 24h sin dirigirse la palabra.

Todos en la vida aprendemos. ¿Sabes cuándo? Cuando sufrimos. Cuando sabemos lo que es el dolor, cambiamos. Aunque ya hayamos perdido a la persona que tanto pedía que cambiaremos. Pues cambiamos cuando esa persona se marcha, porque nos damos cuenta de lo capullos que llegamos a ser las personas a veces.
Yo lo hice.
Yo cambié cuando lo perdí.

Y tú, tú no entiendo como en dos años se te despertó de nuevo ese interior que nadie merece. Todos tenemos nuestras cosas, no lo dudo. No lo dudes, yo no soy un ángel. Pero nunca tus oídos habrán llorado al escucharme, ni nunca habrás muerto de la vergüenza porque te grito en pleno centro de ciudad. Ni tu, ni yo, ni nadie merece eso.

Cuando amas, cuando quieres, cuando aprecias, no me entra en la cabeza como tu cuerpo queda en paz dentro de si con todo el fuego dañino que ha soltado tu boca. Sin darte cuenta, solo te la das al rato. Al menos, te das cuenta. Pero al rato, y la vida pasa rápido, a base de ratos, y en cada uno de esos ratos algo se me va muriendo por dentro. Se me muere mi interior, porque te quiero y eso no se va, y cuando me consumo, cuando me miro al espejo y me veo las ojeras por llorar, las pulsaciones en el pecho por sentir que esta situación me supera, que soy la víctima de unos gritos o discusiones que no merezco, y tú te conviertes en víctima de los míos porque acabas con mi paciencia, cuando sucede todo eso, cuando el espejo me pega dos hostias y me avisa, entonces es ahí cuando me bajo de ese tren.
Me bajo de ese tren que tantas paradas te dio para que yo subiera.

El día, que empatices, el día que te veas como yo me he visto, el día que te sientas sujeto de tus dichos, el día que la persona que amas oigas de su boca que su casa va a ser la nueva cama de muchos - por decirlo en un tono nada despectivo- ese día, que te sientas como yo me sentí, valorarás lo que tuviste al lado. Pues en ese mismo momento, imagínate por un instante siendo yo.
Te habrías levantado y te habrías marchado.
Estoy segura.
Pero no empatizas. Pides perdón sin saber lo que eso llega a doler. Y te crees que soy fuerte, claro que lo soy! He sufrido el mayor palo que alguien puede sufrir en una relación. La diferencia es que a ti te perdoné cosas imperdonables, y cuando el cuerpo se me ha desvanecido, tu no eres consciente todavía de que con un poco de tranquilidad y cordura, con muy muy muy poco, me habrías tenido toda la vida.

Pero las personas se agotan.
A las personas se las cuida cada minuto, incluso cuando te enfadas, se le sigue cuidando, por mucha rabia interna que tengas.
Esto no es una lección.
Es un consejo más bien.

Me fui.
Me fui porque aunque te quisiera decidí que me quería más yo.
Que tus frases, aunque fueran pocas a la semana, terminaban partiendo lo que yo intentaba reconstruir.
Y si, me quieres con locura. Pero no con locura de ese dicho, me quieres con verdadera "locura".

Pero, cuando alguien te hace llorar, no una vez, si no varias, tiene una manera de querer que no es la que quiero.

Por eso, me marcho, dejándote mi huella para que me llames, para que sepas de mi, pues no te quiero perder porque las personas no se deben perder.
Pero, olvida tu pasado.
Que tu relación pasada te gritara y fuera horrible no significa que yo merezca ser partícipe de esa herencia.

Mejora.

Aprende a relacionarte como las personas normales.
Algo puro. Bonito. Sin dolor.

Yo, estoy consumida. Porque pensaba que podría pasar, como otras muchas cosas, pero de repente, siento un dolor que no se va, una herida que duele aunque se vaya cerrando, y una cicatriz, que aunque se cure, no creo que pueda perdonar nunca.


Cuídate.

24 / abril / 2017

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