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Rapsodia Infernal

• En la Catacumba •


Todo comenzó una mañana normal de un día cualquiera, en la que aquellos cuatro insensatos decidieron profanar territorio sagrado y adentrarse, por desdicha, en la infernal catacumba.
Se encontraban en el viejo cementerio, muy lejos de la ciudad. Hacia ya mucho tiempo que nadie lo visitaba, como tampoco nadie velaba por su cuidado. Se trataba de un lugar proscrito, manchado por extrañas y confusas leyendas, en el que los que yacían ya no podían ser recordados por los vivos dada su enorme antigüedad. En otros tiempos, había sido un importante lugar ceremonial, donde se hicieron importantes ritos y grandes orgías, donde fueron construidos fastuosos mausoleos, impresionantes santuarios y enormes panteones repletos de oro y otras riquezas de las que ya no quedaba rastro. Sin embargo, todas estas ostentosidades resultaban fatuas e irrisorias si eran comparadas con la obra más complicada y venerable que allí se alzaba, tan orgullosa y soberbia, tan digna y severa. Un enigmático subterráneo imperecedero en el tiempo. Una catacumba vestigio de ancestrales métodos de construcción extremadamente complejos y retorcidos, que guardaba con recelo en su interior sólo Dios sabe qué atrocidades.
Encabezados por Urko y Kochab, que fiel marchaba a su lado, penetraron en el lúgubre recinto vedado, a través de una sinuosa senda embarrada que les iba mostrando a un lado y a otro numerosas lápidas enmohecidas y desgastadas en las que apenas ya se podía leer, grandes sepulcros tallados minuciosamente a la manera del que allí yacía para ensalzar su ya olvidada imagen. Enormes esculturas y bustos austeros esculpidos en veteado mármol coronando muchos de los sarcófagos, y otras tantas cruces clavadas en el suelo de manera tosca e imprecisa que pertenecían a familias menos pudientes.
La senda finalmente, como si fuese este su único cometido, los condujo directos a la entrada de la catacumba, como si constituyera esta el lugar que todo transeúnte debía visitar, cual monolito o territorio más sagrado de aquel tétrico e inhóspito cementerio carcomido por el tiempo.
Y allí estaban los cuatro, ante el imponente umbral, una pequeña pero elevada casa rectangular de no más de cuarenta metros, que resplandecía siniestra ante la pálida luz de la neblinosa mañana. Deteriorada y desgastada, fruto de los imperdonables siglos; seguía aún altiva, por su delgado y labrado tejado rojizo cuya cruz aferrada en la cúspide, le aportaba un aire más respetuoso pero a la vez más macabro. Mostraba también, una gran solidez por aquellos bastos muros grisáceos, que combatían sin cuartel la lluvia y el viento para preservar de todo daño su oscuro interior. Y aunque todos sus picos y extremidades, que una vez fueron obtusos y finamente contorneados, eran ahora, oblicuos y redondeados ocultando así muchas formas y figuras que un día debieron ser admiradas; desprendían todavía un extraño fulgor cuya reminiscencia producía cierta sensación nauseabunda y agobiante, tal y como mostraban algunas gárgolas desfiguradas situadas en la cornisa del tejado, cuyos tristes rostros, tallados en una mueca maligna, expresaban con dolor una angustia que las habría consumido si no fueran de piedra y un terror que las hubiera petrificado si todavía no lo estuvieran.
Estaban pues, frente a la entrada que conectaba el mundo de los vivos con el de los muertos y por ello, con el reino de la podredumbre y la miseria. Todo ello, a través de interminables pasillos oscuros y confusos, adecuadamente confeccionados para aturdir y desquiciar la conciencia de sus profanadores.

- Bueno amigos- se dirigió Urko a sus tres compañeros-, debemos abrir la puerta.
- No creo que sea buena idea – exclamó Próvido haciendo gala de su habitual recelo-, no es que tenga miedo pero esto es un lugar sagrado y nosotros no tenemos nada que ver con él. Allí abajo no encontraremos nada salvo tumbas y grabados de la Biblia en las paredes o algo por el estilo. No descubriremos nada del otro mundo; además, seguro que enseguida nos aburrimos y volvemos, pues a juzgar por el pésimo aspecto de este lugar, la catacumba debe estar derruida. ¿Qué decís?¿Nos vamos?
- ¡Venga, vamos a abrirla! – dijo Manes con decisión al advertir que ninguno de sus compañeros apoyaba la idea de retirarse y abandonar su temeraria excursión.
La puerta formada por dos enormes hojas rectangulares, se encontraba sellada con cemento para resguardar así con plena seguridad la oscuridad de su interior. Pero, desde luego y por desgracia, este obstáculo no los detuvo en su afán por adentrarse en la catacumba. Manes y Urko estaban preparados y para ello llevaban en sus mochilas unos fuertes picos de acero con los que golpearon sin contemplaciones aquella argamasa ya cuarteada y quebradiza que cayó en un montón de pequeños pedacitos. Ya sólo les restaba forzar una de las pesadas hojas para que cediera y descubriera su interior, para ello; Kochab cogió otro instrumento que llevaba en su propia mochila, era una vara de hierro, pequeña pero pesada, de la cual, uno de sus extremos estaba curvado a modo de palanca, y con ella introduciéndola en una pequeña grieta de entre las dos hojas de la puerta, empujando y empujando, entre los cuatro consiguieron que por fin una de las hojas cediera con un golpe seco y conciso.
- ¡Ohhhggg!¡Que asco!- musitaron los cuatro casi a la vez.
Cuando el umbral por fin se abrió, dejó libre un pútrido y vomitivo olor corrompido que ascendió desde las profundidades de los insondables abismos que habitaba, inundando por unos minutos la ya cargada atmósfera.
- ¡¿Qué es ese olor?!- preguntó Kochab.
- Ahora hay más motivos para no entrar ahí- seguía Próvido con su negativa a internarse en el túnel- ¿Abandonamos?.
- Ahora sí hay algo más por lo que indagar- contestó Urko- vamos, entremos. No será más que un animal muerto que se ha conseguido colar por algún sitio. No creo que haya que exagerar. Adelante, ¿no?- y más que una pregunta era una afirmación que nadie se atrevió a contradecir.
- Que yo sepa no hay ninguna otra entrada- murmuró Próvido a Manes mientras preparaban las linternas y se colocaban las mochilas.
Comenzó entonces el descenso a las profundidades funerarias. Penetraron allí por desgracia, desconocedores como eran de la gravedad y el infortunio de aquel sacrilegio y por supuesto, de que nada bueno obtendrían. Abandonaron la tenebrosa superficie y se adentraron en el comienzo del mismo tártaro.
Los cuatro descendieron en fila por los escalones que inmediatamente surgieron tras cruzar el portón, no sin recelo y con cierta repugnancia por el nauseabundo aroma. Marchaban uno tras otro, mudos por un pequeño temor y nerviosos por la emoción de lo desconocido e impredecible. Se encontraban en un enorme túnel circular en descenso, horadado en la dura piedra, muy sencillo por el momento y sin ningún tipo de adorno. Alumbraban a todo con sus linternas y ningún detalle les pasaba inadvertido, las brechas de las escaleras, el moho verdoso en las paredes, las fisuras y huecos en el techo cóncavo, pero nada por el momento despertaba mayor interés. Ni siquiera el olor les molestaba porque ya se habían acostumbrado. Avanzaron sin descanso durante un buen rato sin lograr llegar todavía al final del subterráneo.
Apenas hablaban porque estaban demasiado ocupados escudriñando la oscuridad que les rodeaba. Lo único que escuchaban eran sus pisadas y las fortuitas goteras que aparecían de tanto en tanto, como si cronometraron el tiempo incesantemente. A veces, el túnel daba bruscos giros dando emoción a los viajeros, pues anhelaban que tras aquellas esquinas algo nuevo surgiera, pero nunca era así. Otras veces, el descenso se suavizaba y en otras se hacía mucho más violento. De vez en cuando aparecían zonas totalmente en ruinas, en las que apenas quedaban escalones, entonces tenían que avanzar con sumo cuidado, apoyándose en las paredes pero no demasiado porque corrían el peligro de que se desprendieran.
Algo cansados (o quizás aburridos), decidieron hacer un pequeño descanso y librarse del fardo de las mochilas por unos minutos. Y como aquello no cambiaba y no encontraron algún llano o una zona más cómoda, descansaron allí mismo, en medio de los escalones de un tramo que parecía más sólido.
- ¿Cuánto creéis que falta?- preguntó Manes-. Esto comienza a ser bastante largo.
- Ya tenemos que estar apunto de llegar- contestó Kochab.
- ¡Estos romanos o quien construyera esto, estaban un poco locos!- replicó Urko-. No veo el motivo para que esté tan profundo, que tontería.
- ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?- preguntó Próvido mientras miraba su reloj- ¡Vaya! Que raro, si esta misma mañana le estuve dando cuerda. Se me ha parado-volvió a darle cuerda-. ¿Qué pasa?, no funciona.
- Se habrá estropeado
- Debe ser. Pero bueno, ¿qué hora es entonces?
- Pues... - Kochab fue a contestarle pero no pudo- ¡Mi reloj también se ha parado!, ¡Que casualidad!- le dio algunos golpecitos pero las agujas se habían detenido y no había manera de hacerlas funcionar.
- ¡Eh!¡Un momento!- se sobresaltó Manes- el mío también se ha parado. ¿Qué pasa?, ¿el tuyo funciona? – se dirigió a Urko.
- Creo que no... - lo miró por todas partes sin entenderlo- No, no funciona. ¿No funciona el reloj de ninguno de nosotros?
De súbito, una mordaz brisa les golpeó la espalda. Dejando como único rastro un lejano silbido.
- Todos se han detenido - dijo Kochab rompiendo el silencio-. ¿Qué extraño? ¿Porqué habrá ocurrido?. No me parece normal.
- Es mucha casualidad.
- Esto es bastante raro- dijo Próvido.
- ¡Vamos!- interrumpió Urko- no empecéis como siempre a exagerar, ya sé que es raro y muy curioso pero esta claro que sólo puede ser casualidad. ¿Qué creéis? – siguió con tono de burla- ¿qué un fantasma o algo así los ha parado?. No hay que preocuparse.
- Es cierto- siguió Kochab- es muy curioso pero no hay porqué preocuparse - miro a Próvido al que le había cambiado la cara dada su acostumbrada susceptibilidad.
- Bueno, además ya hemos descansado bastante- dijo Urko- ¿seguimos descendiendo o ya tenéis miedo?
- No, claro que no- contesto Manes mientras se cargaba la mochila como si no le sorprendiera lo ocurrido cuando si lo estaba y mucho- Sigamos.
Retomaron así el interminable descenso, sin apenas hablar como ya era costumbre y fingiendo no estar preocupados en absoluto por aquella extraña anécdota, aquella casualidad que en la superficie o en cualquier otro lugar les habría resultado divertida y graciosa pero que por el contrario, en aquella oscuridad, ya tan lejanos a la superficie, envueltos en una atmósfera siniestra y desconocida, les producía una cierta inquietud y un pequeño recelo que alteraba en ocasiones la calma y sosiego de todos cuando una leve ráfaga (de inexplicable procedencia) les rozaba la nuca o una gélida gota interrumpía el solemne silencio.
El tiempo comenzaba a pasar muy lento. Tal vez sólo era su imaginación o la pesada monotonía de aquel lugar pero, los cuatro sentían que descendían y descendían por aquellos desquebrajados escalones desde hacía mucho tiempo, demasiado tiempo y sin embargo no estaban cansados por lo que así mismos se contradecían. Fuera cómo fuera, parecían haber perdido la noción del tiempo y se figuraban incluso estar próximos al centro de la Tierra por la inquebrantable continuidad de aquel agujero. ¿Cuántos metros habrían descendido?¿O probablemente kilómetros?. Era algo extraño y desconcertante y ni siquiera podían saber cuanto tiempo llevaban allí por que los relojes no funcionaban. Tal vez la pesada oscuridad del lugar, tal vez aquel nauseabundo olor que apenas ya advertían pero que parecía atontar los sentidos al tener que soportarlo durante tanto tiempo, o tal vez, realmente estaban descendiendo por un interminable abismo más profundo y misterioso que cuantos hubiera conocido y datado el hombre hasta la fecha. Y parecía por el momento no advertir cambio alguno.








II

Los viajeros deseaban ya desde hacía rato, regresar a la superficie pero sabían que se arrepentirían si volvían antes de haber llegado al final y se repetían continuamente que ya faltaba poco. Pero, ¿por qué sus relojes se habían detenido sistemáticamente? ¿qué ocurría? ¿casualidad?. Todo esto se preguntaban así mismos, en silencio, y el no encontrar una respuesta veraz a aquel enigma, sumado al angosto lugar en el que se encontraban inmersos, dirigiéndose a un cementerio subterráneo, lleno de tumbas y nichos habitados de antiquísimos seres ya desintegrados por el paso del tiempo (o tal vez no), producía en aquellos cuatro desventurados una turbadora y angustiosa sensación de nervios y temor por lo venidero que ninguno de los demás atrevióse a confesar al resto, todo ello en contraposición a que la morbosa curiosidad que acuciaba sus mentes les impedía abandonar.
- Un momento- advirtió Urko algo animado- parece que por fin este aburrido túnel a terminado. Fijaos.
Y los demás se aproximaron a él (que iba el primero) lo más posible, apuntando al frente con sus linternas.
- Hemos llegado a una gran habitación, que enorme bóveda y esos techos arqueados, ¡que bien se mantienen! ¡que vigas tan fuertes!
Por fin, el interminable descenso llegó a su fin dando paso a una enorme sala cuadrada, de altos techos abovedados y enormes columnas de piedra oscura que parecían contener el mundo que sobre ellas descansaba.
Iluminados por la tenue y amarillenta luz de sus linternas examinaron todo el lugar detenidamente sin apenas separarse los unos de los otros porque desconfiaban de aquel frío espacio. Como cabía esperar, aunque no tanto, las paredes casi en su totalidad estaban repletas de pinturas al fresco ya muy deterioradas en los que se narraban pasajes bíblicos que no despertaron mayor interés en sus visitantes, entre otras cosas porque eran bastante corrientes y porque algo más llamativo en el otro extremo de la sala atrajo sus miradas. Se acercaron a ella pero no demasiado porque les inspiraba demasiado respeto y quizás algo de temor. Se trataba de una enorme cruz de madera maciza. Pero no fue su impoluta madera lo que les llamó la atención, que a pesar de ser tan antiquísima parecía estar recién barnizada, sino las cadenas y grilletes que pendían firmemente aferrados de cada uno de sus extremos, los justos y necesarios para atrapar los brazos y las piernas y así, apresar y retener en la tosca madera a las víctimas elegidas para realizar alguna especie de ritual o sacrificio.
La madera estaba en sus extremos profundamente arañada, como prueba evidente del dolor que sintieron los que allí habían sido crucificados. En el suelo, algunas ásperas manchas rojas, junto a otras gotitas secas, todavía no se habían borrado, dejaban pues, todo muy claro. Qué barbaridades se habrían hecho en aquel madero se preguntaban los cuatro amigos. Por un momento lo imaginaron, por un momento vieron pasar en sus mentes con enorme fugacidad pero con heladora realidad lo que allí debieron sufrir las pobres víctimas, la desesperación y la agonía que destruyó sus lastimadas almas que sin duda escaparían del lugar a gran velocidad. Y al ver las manchas de sangre, sumado al lugar en el que se hallaban, agobiados por aquel ensordecedor silencio hueco, rodeados del hediondo olor, en aquella atmósfera mortuoria y siniestra, produjo en ellos una sensación terrorífica y un estado de ansiedad que culminó con un estremecedor escalofrío que les recorrió por entero, de pies a cabeza. Encima de la cruz, como remate final; aparecía un pantocrátor esculpido en la pared, con la imagen de Cristo bendiciendo a la manera bizantina. Este, también estaba salpicado de sangre.
- Bueno... - titubeó Kochab- esto ocurrió hace mucho tiempo, no hay por qué temer. Ahora ya no hay nadie.
- Será mejor que nos vayamos- dijo Urko.
- ¡Vamos a irnos!- se alegró Próvido- me alegro mucho, es lo mejor que podemos hacer.
- No seas tonto- le corrigió Urko-, ¿ahora que por fin hemos llegado hasta aquí te quieres ir?. Vamos a seguir investigando el lugar. Yo no pienso irme todavía.- se dirigió a los demás- ¿y vosotros?¿queréis iros?
- Yo... - iba a contestar Manes.
- ¿Sí o no?¿acaso tienes miedo?- insistió Urko.
- No, no quiero irme.
- Vale.
- Yo tampoco, esto se esta poniendo interesante.- dijo Kochab- Confieso que hay cosas un tanto desconcertantes pero es evidente que ya no hay ningún peligro, todo ocurrió hace muchos años, muchas generaciones atrás. No hay por qué temer.
- Bien dicho- le dijo Urko satisfecho al saber que no era él el único que pensaba así.
- Esta bien- dijo Próvido aunque no estaba realmente convencido-, tampoco es que pensara volver y mucho menos sólo- miro a Manes.
- Entonces todo bien- contestó Urko ufano-. Vamos a entrar por ahí- señaló una entrada arqueada-, estoy deseando ver que más hay.



Se adentraron así, por un túnel al fondo de la sala dejando a sus espaldas la enigmática cruz, en la que pensaban en silencio a cada paso que daban.
De nuevo, aparecieron más escalones, pero esto solo era un breve pasadizo flanqueado en la parte inferior de todas las paredes por hileras de bajorrelieves muy erosionados, casi raspados; como si se hubiera tratado de borrar aquellas imágenes en las que simplemente aparecían esculpidas escenas, tales como los veinticuatro ancianos del Apocalipsis dispuestos en una larga fila, los doce apóstoles, y en la parte final del pasillo, el sacrificio de Isaac.
Al fin llegaron a lo que esperaban encontrar. Aunque se hallaban ahora en un lugar no menos tenebroso y lúgubre, se empezaron a sentir más cómodos por que al menos, estaban rodeados de lo que normalmente alberga una catacumba, cadáveres; cadáveres humanos antiquísimos apilados en las paredes del túnel circular dónde se encontraban. Tumbas en el suelo con extrañas inscripciones apenas perceptibles que trataban no pisar por temor y respeto. Algunos esqueletos no solo de adultos sino también de niños sin ni siquiera tapiar. Grabados en las paredes de figuras humanas rezando o conocidos hechos bíblicos como la aparición del espíritu santo o la crucifixión que ocupaba un gran trozo de pared y que servía de tapadera lateral de un enorme nicho en el que debía yacer una familia entera.
- ¿Qué es este símbolo?- señaló Manes una especie de círculo con una equis en medio y otros signos-. Lo he visto ya varias veces.
- No es nada importante- contestó Kochab que era un verdadero entendido en la materia-. Es un crismón, representa a Dios por medio de esas letras. Tiene también una alfa y una omega, que vienen a decir que él es el principio y el final de todas las cosas o... algo parecido. Por cierto, esto es grandísimo, estoy un poco confundido entre tanta galería.
- Es verdad, es muy grande
- Pues sigamos- dijo Urko-, todavía queda mucho por ver.

Vagaron por aquellos pasillos durante un largo tiempo que no pudieron determinar pues los relojes seguían sin funcionar, y preferían pasar inadvertida esta evidencia y no especular sobre tan extraño hecho hasta que ya en la superficie, lejos de aquel lugar, se sintieran a salvo y con ganas de pensar.
La monotonía de aquel lugar comenzaba a ser aburrida. Nada nuevo surgía y sin quererlo, varias veces atravesaron las mismas galerías, pues aquello no era más que un encrucijado laberinto habitado por un frío espectral que entumecía los huesos si uno permanecía parado, un agobiante silencio que daba miedo interrumpir siquiera con las suaves pisadas y una insondable oscuridad atenuada al menos por los potentes faros de las linternas que en aquel cementerio ultratérreo resultaban escasos.

Por fin, algo nuevo apareció otorgando alegría y emoción a los cuatro aventureros. Uno de aquellos pasillos confusos desembocaba en un enorme portón blindado que se alzaba hasta el techo y ocupaba todos los extremos, como si guardara en su interior algo demasiado terrible para ser liberado.
Hondamente labrados en aquel extraño metal brillante se advertían figuras atroces, seres demoníacos de lascivas formas que mostraban orgullosos sus nauseabundos cuerpos. Criaturas malformadas y horriblemente desfiguradas que parecían formar parte de un ritual infernal junto a otros tantos y tantos esqueletos infames que se extendían por todos los extremos del portal como si de una plaga se tratara, como si ellos mismos, tan sólo figuras, tan sólo algo para adornar, trataran con fervor de escapar de aquel pórtico macabro que emulaba al más horrible de los infiernos; para extender así su malicia, su angustia y su dolor a todo cuanto llegaran.
El miedo se hizo patenté en los cuatro aventureros al ver a aquellas criaturas e imaginarlas realmente, pero rápidamente y por desgracia, este sentimiento fue disipado por otro mayor y mucho más decisivo, la fuerte intriga que sentían al poder descubrir qué guardaba aquella puerta, y esto por desgracia, les hizo continuar en su viaje y en su osadía, abandonando así la última posibilidad de regresar a la superficie y por ende, a la vida.
Un enorme pomo con una forma no menos adecuada, un cráneo de forma canina con dos cuernos arqueados, era lo único que tenían que empujar para traspasar el umbral. Esta idea tan sencilla, era a la a vez desconcertante, aunque sólo se lo planteó Manes. La cuestión era ¿cómo algo tan antiguo, casi milenario; siendo ellos los primeros en visitarlo desde hacia siglos podía continuar tan brillante y tan perfecto, sin el menor rasguño, sin una mota de polvo, como si fuera el primer día?.
Una de las hojas del pórtico se abrió al empujar suavemente del simpático pomo dando paso a algo completamente emocionante, otro aburrido túnel idéntico al del principio que seguía descendiendo y descendiendo.
Pero aunque al principio, al cruzar la puerta y descender por los húmedos peldaños, todo parecía normal (dentro de lo que cave), sintieron al rato que aquella atmósfera y aquellas vibraciones eran completamente distintas a las de la catacumba superior que dejaban atrás. Todo, aunque en apariencia igual, era distinto. El ambiente que allí se respiraba estaba excesivamente viciado, reinaba un olor parecido a madera podrida o más bien como si se tratara de carne reseca y acartonada aunque no se podía, al menos por el momento, especificar su procedencia. Allá abajo la humedad era escalofriante, todo aparecía levemente mojado y una fina capa de sudor frío cubría a los viajeros. El silencio, aquel silencio tan absoluto parecía producir una especie de sórdido zumbido que impedía escuchar siquiera los impetuosos latidos del corazón que de tanto en tanto se exaltaban, como si ellos mismos conocieran de antemano a cuan dantesco lugar se precipitaban.
A medida que descendían por aquel infernal túnel perforado en las execrables entrañas de la tierra muy cerca ya de la propia boca del averno, la atmósfera de aquel impío lugar iba alcanzando paulatinamente más matices, matices que producían desagradables sensaciones que sólo el subconsciente podría reconocer, sentían una especie de temor, de pánico y de inquietud que el mundo de la vigila desconoce. Aparentemente era una especie de fobia irracional porque no había nada que la provocara y no obstante los cuatro sin todavía entender el por qué, ya que como la mayoría de los mortales desconocían los poderes mentales de otras criaturas espectrales que los rodeaban ocultos en las tinieblas, aunque es mejor no mencionar ni demasiadas veces ni demasiado alto a estos pérfidos seres, poco deseables, que se ocultan de la vista de sus víctimas pero atormentan sus mentes cuando caen en sus redes, tal y como comenzaba a ocurrirles a los desdichados aventureros que ya poco afán tenían de misterio y anhelaban más bien salir de allí cuanto antes, y sin embargo no lo hicieron por temor a parecer cobardes y la enfermiza curiosidad que les empujaba escaleras abajo. Siguieron manteniendo la calma y atribuyeron esta sensación malsana y angustiosa al cansancio y a la continua oscuridad. Y seguían descendiendo con el paso más lento y silencioso que antes, inseguros y atentos a todo, como si temieran que de aquella tétrica oscuridad surgiera una horrible bestia dispuesta a devorarlos.
- ¡Oíd!- dijo Próvido con la voz entrecortada al detenerse en seco.
- ¿El qué?- preguntaron los demás, en voz baja
- Algo desde atrás, un ruido
- ¿ Qué ruido?- volvieron a preguntar mientras apuntaban con las linternas las escaleras de atrás sin encontrar nada.
- ¿ No lo habéis escuchado?, yo he oído algo y varias veces, creía que era mi imaginación pero...
- Pues debe serlo.- interrumpió Urko- piensa un poco, aquí no puede haber nada ni nadie, al menos vivo claro- comenzó ha reír. Vamos, tenemos que llegar un poco más abajo y ver en qué desemboca este túnel, tengo la esperanza de encontrar algo nuevo.
- ¿Y que dices de esa extraña puerta que daba paso a este lugar? Parecía advertir algo - prosiguió Próvido-, nunca había visto nada tan desagradable y a la vez tan bien plasmado en un metal que parecía tan duro y raro. ¡Y eran horribles aquellas figuras!.
Los demás sólo asintieron con la cabeza ya que pensaban lo mismo, y sin mediar palabra continuaron descendiendo porque Urko así lo hizo. Mientras, el tiempo transcurría interminable y todavía no llegaban al final de aquel túnel de gusano húmedo y frío, tan agradable y acogedor.
- ¡Parad! ¿ y ahora? - Próvido volvió a romper la marcha- ¿ lo habéis oído? Decidme que si porque sino me volveré loco. ¡Son pisadas! ¡Las siento!, ¡Os lo aseguro, no son imaginaciones mías!.
Al oír las serias palabras de su compañero los cuatro se detuvieron y se apretujaron unos contra otros porque sintieron un mordaz escalofrío que les hizo prestar mucha atención a las palabras de Próvido que casi creyeron de inmediato por que un sexto sentido les advirtió un mal presagio.
- ¿Estas seguro? ¿ De dónde vienen?- preguntó Kochab con la voz muy baja y ronca, como si tuviera miedo a ser descubierto.
- Creo que de arriba, vosotros no lo oís porque vais delante pero os juro que he oído a algo murmurar y más que eso, he sentido unas pisadas, y eran fuertes y secas como los cascos de un caballo que golpean el suelo lentamente y de dos en dos. ¿qué hacemos? ¿ Que pensáis?
- Apaguemos las linternas para que no pueda vernos, sea lo que sea - dijo titubeante Kochab - pero, ¿de qué puede tratarse? ¿Has vuelto a oír algo? Porque yo no escucho nada.
- ¿Próvido?
- ¿Oyes algo o no?- pregunto impaciente Manes.
- Di algo, no nos tengas así – inquirió Kochab.
Pero el pobre muchacho no contestaba y sólo reaccionó cuando Manes le dio un codazo.
- ¡ Eh! ¿Qué te pasa?- dijo muy bajito- ¿oyes algo si o no?.
- No lo sé... - contestó al fin- no... ¿qué es? ¿Quién eres?, puedo sentirlo, no sé...
- ¿Qué dices?- pregunto Urko nervioso- ¿qué sientes? ¿es que te has drogado antes de bajar aquí?
El silencio volvió y la insondable oscuridad impedía ver al desdichado joven enajenado y a su extraño comportamiento. Volvieron a preguntarle varias veces pero sus respuestas eran muy vagas, sólo decía que no lo sabía y nada más, parecía estar en otro mundo, pensando en otras cosas que no tenían que ver con aquello.
- ¡Basta ya!- se irguió Urko y con decisión encendió su linterna enfocando directamente hacia Próvido que sabía más o menos en qué parte estaba.
Le observó a él y a las escaleras que había a sus espaldas y como cabía esperar allí no había nada, aunque el aspecto de Próvido hacia pensar todo lo contrario, estaba medio tendido en los escalones, con el cuello incómodamente girado hacia arriba, hacia las escaleras, como si viera a algo o a alguien que los demás no percibían. Y su rostro estaba muy pálido, como si hubiera estado en aquella oscuridad durante meses y sus ojos embriagados miraban un punto perdido felices y asombrados a la vez.
- ¡Levántate!- le gritó Urko mientras le zarandeaba por los hombros -. ¿Qué te pasa?.
- No, nada - pareció despertar de su letargo-, sólo que... sólo que he oído algo.
- ¿El qué? - siguió preguntando Urko- parecías hipnotizado.
- Tranquilízate – le dijo Kochab mientras le ponía un brazo sobre el hombro para sosegarle. - ¿Qué ha pasado?
- No lo sé - dijo más calmado-. Al principio escuchaba un ligero viento a mis espaldas (aunque la idea de que existan corrientes de aire a tanta profundidad me parece muy extraña); poco a poco esos silbidos del viento se fueron matizando hasta ser una carcajada casi perfecta que se hacía notar cada vez más como si se aproximara lentamente desde arriba, acompañada de esos pasos que os mencione antes. Y no era una risa simple e inocente sino burlona y pérfida como si se mofara de mí. Y como ya os he dicho cada vez estaba más cerca. Después escuche un susurro en mis oídos que no me pareció muy humano por su extraño timbre, se trataba de una voz en apariencia dulce y amistosa pero me hizo sentir que ocultaba tras de sí algo inconcebiblemente malévolo y traidor. Entonces tuve que detenerme sin yo quererlo y aunque no entiendo nada de lo que decía estaba absorto escuchando aquella tierna voz, aunque creo más bien, por la rudeza de aquellas extrañas palabras, que blasfemaba cosas horribles sobre todos nosotros. Supongo que no me creéis, y nos os culpo; pero en serio, creo que deberíamos regresar. Además, seguro que allá abajo no nos espera nada nuevo.
- ¿Estas seguro de lo que has dicho? – preguntó Manes asombrado, hablando siempre muy bajo y pegado a la húmeda pared como si quisiera guarecerse.
- Totalmente, os lo aseguro, aquí hay algo extraño.
- Yo no digo que lo que nos has contado sea mentira - dijo Kochab- pero sé razonable, los fantasmas no existen y aquí no puede haber nadie porque lleva siglos cerrado. Lo que yo creo es que has sufrido una alucinación, seguramente a causa del cansancio y el agobio de este lugar. Además, ¿si fuera real porque nosotros no hemos oído nada?.
- Porque vosotros ibais delante y ese lo que fuera estaba detrás. Ya se que os parece muy extraño pero yo se que no ha sido una fantasía- concluyó solemne-. Quiero irme de aquí y os aconsejo que es lo mejor que podemos hacer.
Los demás sintieron al principio el impulso de apoyarle y seguirle porque seguían con aquella extraña sensación de miedo tan incómoda pero las palabras de Urko les hicieron abandonar aquella sensata idea. Dijo que no debían renunciar ahora, que serían unos cobardes y que no podían dejarse asustar por absurdos temores infantiles. Era un perfecto orador demasiado convincente como para ignorarlo, y así fue como todos reiniciaron de nuevo el descenso. Próvido seguía en su propósito de volver pero como sabía que tendría que ascender por el túnel sólo y sin ayuda hasta conseguir llegar a la lejana salida, desistió de aquella idea y se colocó en medio del grupo donde se sintió más seguro. Urko se puso al final de la fila para respaldar a sus compañeros y para comprobar si él también escuchaba aquellas pisadas y susurros.
No hubo ningún incidente hasta que por fin llegaron al final del túnel que ya estaba muy próximo.






III

Aparecieron en una sala muy similar a la del principio sólo que esta era mucho mayor y estaba mucho más perfeccionada. Se trataba de un enorme habitáculo con doce gruesas columnas colocadas en filas de seis, una a cada lado. Soportaban así enormes arcos puntiagudos que se extendían de un extremo al otro de la estancia y parecían hundirse, por su fuerza y resistencia, en el techo blancuzco y enmohecido por la humedad. Las columnas en sí eran simples, no correspondían a ninguno de los ordenes clásicos, los fustes no tenían más adorno que unas simples acanaladuras verticales. No obstante, los viajeros encontraron (idénticas a las del portón antes descrito) otras horribles criaturas demoníacas labradas en las basas de cada columna, y macabras figuras volátiles esculpidas con maestría sobre los enormes capiteles triangulares, como si representaran un cielo infernal impregnado de horror.
El suelo de esta gran estancia estaba compuesto por enormes baldosas cuadradas de un color gris casi negro que mostraba a veces, según le diera la luz de las linternas, extraños destellos violáceos y sanguinolentos tonos rojizos. Las paredes tenían, como era propio de tal lugar, enormes pinturas al fresco de impresionantes dimensiones. Y aquellos dibujos, por el contrario que los anteriores, se encontraban en un estado admirable, con tan sólo algún leve desconchón. Los colores eran todavía vivos y llamativos, sin el menor desgaste, como si sobre ellos se hubiera untado una cristalina capa protectora que los hacia relucir más todavía. Y aquellas pinturas no eran precisamente agradables para la vista, eran tan aberrantes que hubiera sido mejor destruirlos para borrarlas de toda posible vista humana. Recordar tan sólo aquellos paisajes y figuras resulta detestable para la mente humana, todo aquello sólo podía ser obra de una conciencia corrupta o quizás, de otros seres extremadamente depravados.
Lo que allí se representaba era un marco de horror y podredumbre. Ningún humano en sus cabales sería capaz de imaginar siquiera algo tan espeluznante, aquel mural podía asociarse tan sólo al Apocalipsis, un Apocalipsis exacerbado, un juicio final en el que todos serían ( y eran) condenados.
Plasmadas con gran realismo, (hechas sin duda por la mano de un verdadero artista lunático) se veían enormes hordas de criaturas que descendían en fila de lejanas montañas malditas y de volcanes que se estremecían por la incoherencia de su estructura y forma mientras vomitaban sangre oscura y lava del mismo infierno.
A primera vista, este ejercito, aunque endiablado, parecía humano. Sin embargo, observado con más detenimiento, cualquiera podría pensar lo contrario. Se trataba de una especie de hombres (por llamarlos de alguna manera) terriblemente deformados, sus cuerpos moribundos y decadentes no se cernían a las leyes establecidas por la naturaleza. Todo en ellos estaba desproporcionado, aunque expresaban movimiento en postura bípeda, perfectamente hubieran podido ayudarse con los brazos para caminar ya que estos eran enormemente largos (y porqué no decirlo desagradables). Juntos parecían diez mil nauseabundos tentáculos dispuestos a aferrar y despedazar a sus víctimas. Las piernas eran excesivamente enclenques y aparentemente frágiles y no obstante podían soportar aquellos inmensos brazos y un enorme torso esquelético de ingentes costillas y hombros huesudos, muy ancho y adornado cruelmente con innumerables latigazos.
Sin embargo, lo más llamativo de estos engendros, era sin duda el famélico rostro que amargamente sostenían. Y aunque cada uno de ellos era diferente en sus facciones, (como si el pintor conociera con exactitud a todos sus modelos) todos transmitían la misma sensación, como fiel testimonio de la agonía que soportaban. Los ojos, aquellos extraños ojos centelleantes muy hundidos en sus cuencas que con gesto maligno expresaban una furia iracunda y un aborrecible dolor incontenible y al parecer eterno. Y a parte de aquella hostil mirada, destacaba otra desagradable característica que también tenían todos y cada uno de ellos, y es que la mandíbula de aquellas criaturas, aparecía terriblemente desencajada y estirada hacia alante, como si colgara del cráneo y la frágil piel la contuviera, dejando así relucir, unas enormes fauces que esgrimían orgullos como muestra de su poder (o más bien decadencia), cómo si tan sólo fueran un gigantesco grupo de primates, de simples monos prognatos bien organizados pero con un inteligente y malvado propósito. La forma de sus finos y caídos labios transmitía la sensación, casi perceptible, de que todos emitían, al unísono, un siniestro alarido moribundo y desgajado, una plegaria en exaltación de cosas inmundas y profanas, una alabanza a algo terrible y execrable. Y el mismo cielo, repleto de espesos nubarrones negros y mortíferos rayos, parecía comprimirse, gritar, sufrir y retorcerse de manera antinatural al escucharlas.
En resumen, resultaban ser burdas y nefastas caricaturas del hombre, sombras enfermizas y débiles de efímeras vidas. Y a pesar de ello, aquel porte y aquella estampa tan horrible, hacía temblar a los cuatro aventureros que atónitos los contemplaban porque casi podían sentir que, en cualquier momento, aquel ejercito de muertos vivientes saltaría de la pared para hacer real su amenaza, armados de aquellas alabardas oxidadas y de puñales desdentados.
Pero no sólo esta parte debe ser destacada. A la derecha de estos “hombres” decrépitos, ocupando gran parte del fresco, se representaba otra escena despreciable. Era algo indescriptible, un inmenso ser amorfo y cambiante. Una inmundicia incomprensible. Una oscura masa de energía cósmica que levitaba entre tinieblas, como si él mismo y no la naturaleza controlara la gravedad y las leyes físicas que regían su entorno y su mundo. Un Áurea de almas perdidas y agonizantes lo envolvían en una brisa sanguinolenta. En sus pies, bajo la tierra sobre la que él flotaba, otra horda de aquellas criaturas se alzaba más orgullosa que las demás al encontrarse tan cerca de su señor. Y en el interior de aquella aberración morbosa, los viajeros podían ver de alguna manera, a humanos atrapados en sus entrañas, las cuales rezumaban una desagradable sustancia verdosa, como un titánico hongo fúngico ya podrido, como fiel reflejo y resultado de años y siglos de miseria y podredumbre de una raza o de una estirpe condenada al exilio y por ende a la extinción. sentenciados a llevar una vida miserable y deplorable.
- Continuemos – dijo Kochab algo consternado y ya recuperado del primer impacto al contemplar tan singular paraíso-. No me gusta seguir mirando esto cómo un tonto. Vamos, todavía nos queda mucho por descubrir – y él mismo se mentía por que ciertamente no quería seguir en aquel lugar ni encontrar nada más por muy bueno que fuera.
Se alejaron de la pintura y se dirigieron al centro de la sala aproximándose ya a otra nueva entrada oscura que daba paso a quien sabe qué maravillas o desgracias. Aún desde allí, aunque le dieron la espalda instintivamente, podían contemplar el mural si se giraban tan sólo un poco por lo grande que era y por la facilidad con la que se iluminaba, tan sólo algún destello de luz, debido sin duda o al menos se esforzaban en creer los viajeros, a aquella especie de capa aceitosa y cristalina que lo impregnaba y lo hacía relucir
- Yo... yo no estoy seguro de que debamos seguir, es que....-volvió Próvido a quejarse.
- Ya empezamos otra vez –se indignó Urko-. Si quieres abandonarnos ya sabes por dónde esta el camino.
- No quería decir eso, es que estoy cansado, muy cansado, no tenemos ni idea de cuanto tiempo llevamos aquí, tal vez ya sea muy tarde.
- Es verdad – le respondió Kochab-. Pero, creo que podemos calcularlo más o menos por el cansancio y por el hambre. Yo personalmente, aunque tengo la sensación de estar aquí durante horas y horas, se que no es cierto porque os recuerdo que sólo hemos comido una vez, yo ya tengo algo de hambre pero no mucha, por lo que no debes de preocuparte, apenas hemos tenido que parar mucho para descansar y si en verdad lleváramos horas andando estaríamos derrotados, ¿no te parece?
- Si, es cierto.
- A mi me apetece comer un poco – interrumpió Manes -. Después de tantas escaleras y galerías estoy algo cansado, pero tienes razón – se dirigió a Kochab- sólo es un poco de agotamiento. Aquí no llevamos tanto tiempo, es por el agobio, la continua oscuridad y todo eso, ha llegado a ser tan monótono que el tiempo nos a parecido que transcurría más despacio. Yo aún tengo bastante comida.
- Y yo – dijo Urko-. Vamos a descansar un poco.
- ¿Aquí? – preguntó Próvido en actitud negativa.
- Que más da, aquí o donde sea. ¿Porqué?
- Es que... no me gusta con esos bichos de la pared mirándonos
- Bueno, no te asustes, aunque tengan el aspecto de pasar hambre, seguro que no te roban el bocadillo.
Todos empezaron a reír incluido Próvido, aunque no dejó de mirar receloso durante todo la comida aquel mural que le ponía los pelos de punta. Los demás, sin excluir a Urko, también observaban furtivamente el cuadro auque no lo hacían ni demasiadas veces ni demasiado atentamente por miedo a algo que no sabían explicar ni comprendían muy bien, pero tampoco lo hacían simplemente por que se les quitaban las ganas de comer.
Retomadas las fuerzas y satisfecho el estomago, reanudaron de nuevo la marcha directamente hacía la nueva puerta que les habría paso a la nueva catacumba, no sin antes observar fugazmente aquel enorme escenario de muerte y dolor tan bien plasmado y curiosamente conservado.
Tuvieron que descender de nuevo otros escalones, pero esta vez, por fortuna para los viajeros, sólo fueron unos cuantos peldaños insignificantes en comparación con los anteriores ya mencionados.
Una nueva galería que se entrecruzaba incesante con otros pasillos similares les dio la bienvenida.
En principio, estos nuevos túneles eran muy parecidos a los de las anteriores catacumbas, pero sin duda, su construcción estaba mucho más retocada y evolucionada. Sus vastos muros, el continuo techo abovedado, reforzado con enormes arcos fajones meticulosamente cairelados en el intradós. Finas y esbeltas columnatas adosadas a los muros. Mosaicos de diminutas piezas rectangulares en la parte inferior de las paredes dibujando complicadas formas geométricas en la que abundaban las estrellas de seis lados. Y por supuesto, en ocasiones en el suelo, y siempre en las paredes, las tumbas de aquellos antiquísimos fieles interrumpidas de tanto en tanto por enormes frescos, curiosa y desconcertantemente tan bien conservados. Y ninguna de estas nuevas pinturas tenían que ver con las de la anterior catacumba, tan simples y humildes sino que en ellas se narraban más y más atrocidades y se plasmaban otras tantas criaturas informes y detestables sino iguales, similares a las de aquel enorme mural ya dejado atrás.
- Este lugar tiene muy malas vibraciones- dijo Próvido a Manes en voz baja y cautelosa.
- No sé si es eso exactamente pero a mí tampoco me gusta. Y creo que a ellos tampoco- señaló a Kochab y Urko que iban un poco más adelante.
Manes se detuvo un momento ante otra pequeña pintura macabra y repugnante, en esta aparecían más de aquellos decrépitos humanos arrodillados ante un altar cuadrado bañado en sangre. Los demás se detuvieron a esperarle.
- ¿Por qué es así este lugar?- preguntó Manes aún sabiendo que nadie podría contestarle-. La catacumba anterior también tenía sus pinturas pero estas no son nada normales, y no solo eso, aquí no encuentro nada normal. No entiendo el por qué de esos dibujos tan horribles, me dan escalofríos con tan solo mirarlos. Es tan desagradable. Me siento como si estuviéramos en el infierno. ¿y por qué aquí nos cuesta más iluminar lo que vemos?, no digáis que no os habéis dado cuenta porque se que no es así, las pinturas relucen y sin embargo todo lo demás se oscurece, es como si hubiera niebla a nuestro alrededor. No me gusta nada este sitio. Todo me hace desconfiar, y ya se que no hay motivo pero simplemente no me gusta- se dirigió a Urko por si este le respondía con la misma excusa habitual.
- ¿Y qué quieres hacer?- le preguntó Kochab.
- Nada, tampoco quiero abandonar. Pero esta claro que este lugar es muy diferente.
- Es cierto- le contestó Kochab-, pero debemos seguir, solo un poco más, ahora no podemos volver. Yo creo que esto es mucho más interesante, aunque tienes razón, yo tampoco entiendo que hacen aquí estas pinturas. Supongo que los que yacen en esta catacumba no eran lo que se dice muy cristianos, sino más bien todo lo contrario.
- Esto debía pertenecer a alguna organización diabólica o algo así – continuó Urko-, ya sabéis, de esas sectas de dirigentes trastornados. En aquella época ya existían y seguro que tenían muchos más adeptos que ahora.
- Es verdad- le apoyó Kochab mientras Manes asentía-. Vamos, avancemos un poco más. Ahora ya no queda ni rastro de esos dementes, no hay peligro.

De nuevo, todos se pusieron en marcha con el ánimo un poco más fortalecido, ya que cada vez que mantenían una de sus charlas, todo parecía mucho más sencillo y seguro. Aun así, aquel extraño malestar, agobiante y desconfiado seguía rondando por sus mentes.
Atravesaron siete pasillos en línea recta y no se desviaron por ninguna de las galerías laterales hasta que finalmente, la marcha dio un quiebro repentino conduciéndoles asta otro pequeño túnel más amplio, como una pequeña estancia que se dividía en otro montón de galerías paralelas, de las que la vista, no podía alcanzar el fin por lo profundas y largas que eran.
- ¿Y ahora qué hacemos?- se preguntaron los unos a los otros-. ¿Por dónde vamos?
- Lo cierto es que yo estoy muy aturdido con toda esta oscuridad y confusión de túneles y túneles- confesó Kochab-, ¿conocéis bien el camino de vuelta?, porque yo no estoy muy seguro de recordarlo.
- Bueno...- murmuró Manes.
- No creo que sea muy complicado- contesto Urko.
- ¡Genial!- dijo Próvido con una falsa alegría-, eso significa que ninguno de nosotros sabemos volver, ¡es estupendo!
- Bueno, pero no debe ser muy difícil- Urko parecía querer justificarse.
- No nos pongamos nerviosos- interrumpió Kochab, como siempre alentador y juicioso-, somos cuatro y la única dificultad es encontrar la galería adecuada, no será tan difícil. Recordar que siempre tenemos que buscar las escaleras que sin duda nos conducirán hacía arriba. No será tan complicado, además aquí podemos guiarnos por estas pinturas de las paredes, por lo que se ve no se repite ninguna.
- Ya, claro como si eso fuera tan fácil- le respondió Próvido-, os recuerdo que arriba apenas había pinturas y sí muchos pasillos casi iguales.
- Bueno, pues entonces cuando lleguemos, haremos alguna marca en esas galerías para no confundirlas ni cruzarlas repetidas veces.
- Ahora preocúpate de recordar las pinturas que vemos.
- Eso no será muy difícil, no puedo quitármelas de la cabeza.
- De acuerdo, pero después no las confundas. Vamos, no perdamos más el tiempo.
- Además, creo que ya nos estamos pasando con las preguntas y los miedos- se irritó Urko-, parecemos unos niños asustados, ya es suficiente, no os quejéis de nada más a no ser que sea realmente importante y no un absurdo temor infundado por unas pinturas demoníacas que son solo eso, pinturas. Vasta ya.
Los demás se sintieron un tanto ofendidos y desafiados, a partir de entonces nadie más se quejó por temor a parecer asustadizo o infantil y para evitar que cualquier cosa se le fuera reprochada.
- Vale, ¿y que pasillo cogemos?- dijo Kochab tras un breve silencio, como si todo aquello del miedo no fuera con él-. Hay cuatro a cada lado.
- Por el primero de la derecha- se aproximó Manes a una entrada-, este parece más corto.
A todos les pareció bien y recorrieron aquel nuevo túnel y otros tantos a los que este les condujo. Todo por el momento era muy similar, siempre con aquellas detestables pinturas y aquellas tumbas innumerables colmatando las paredes redondeadas.
Después, aunque no era lo acordado, decidieron atravesar una larga y estrecha galería lateral porque se encontraba flanqueada por dos enormes columnas salomónicas cuyas espirales terminaban dramáticamente en dos enormes cabezas de serpientes ornamentadas con centenares de escamas puntiagudas y brillantes.
- ¿Qué habrá por aquí? – se preguntaron todos a la vez.
- Atravesémoslo y lo descubriremos – expuso Urko con firmeza.
- De acuerdo – contesto Kochab dada la conformidad de los demás-. Pero no nos desviemos demasiado porque sino nos perderemos.
- A mi eso me da igual – interrumpió Manes-. Yo ya lo estoy, si estuviera sólo no sabría por donde volver.
Los demás echaron a reír aunque la mayoría de ellos se encontraba en la misma situación.
- Bueno – prosiguió Kochab-. De momento yo si recuerdo el camino de vuelta. No es difícil, lo único que hay que hacer es no desviarse mucho por los laterales.
- Ya pero, ¿a veces como sabes cuales son los laterales y cual la galería principal? – Manes no conseguía situarse.
- Pues este mismo pasillo – contestó-. Si siempre lo sigues en línea recta, llegaras hasta arriba, hasta aquella puerta blindada
- Si, pero lo que no sabemos es por donde ir en la catacumba superior - dijo Urko.
Todos asintieron.
- Será algo complicado pero en cuanto encontremos unas escaleras ascendentes, ya no habrá problema porque conducían a aquella sala de la cruz y de ahí a la superficie – explicó Kochab.
- Bueno – concluyó Urko-. Pues si nos perdemos ya sabemos el camino, así que ahora no perdamos más el tiempo. Entremos.
Y así cruzaron el pequeño umbral tan enigmáticamente flanqueado por sus dos guardianas. Anduvieron un largo rato por un túnel detestable hasta que su camino se vio interrumpido por unas enormes rejas de hierro viejo y oxidado pero no obstante imposible de doblegar. Tan sólo dejaba ver lo que más allá se extendía.
- Tenemos que dar la vuelta – dijo Próvido.
- Si – dijo Urko-. Pero fijaos – miraba más allá del obstáculo– por allí hay muchos más túneles.
Frente a ellos, el túnel ya tocaba a su fin y la verja dejaba ver un pequeño rellano rodeado por varias bocas de más pasillos que se perdían en la oscuridad.
- Esto debe ser enorme.
- ¿Y qué habrá allí? – preguntó Próvido-. ¿Por qué estará aquí la reja?
- Pues no lo sé – contesto Kochab -, pero de lo que estoy seguro es de que todo esto es tremendo.
- Demos la vuelta – dijo Urko.
- Si, vamos – confirmaron los demás.
De nuevo, llegaron hasta lo que ellos ya habían bautizado como la galería principal, que no era más que montones de largos túneles engarzados los unos con los otros de manera más o menos recta. Así continuaron la marcha con la esperanza de que algo nuevo les sorprendiera. En ocasiones se topaban con más galerías laterales flanqueadas por más esculturas bestiales pero ya no las atravesaban, entre otras cosas porque algunas ya estaban directamente tapiadas con verjas desde el principio.
Por último, se adentraron en otra galería que continuaba en línea recta desde la que ellos venían y para estar seguros de no perderse, iban memorizando los dibujos de las paredes; por ejemplo, aquel en el que se representaban a esos pobres “humanos” ante un altar, algunos de ellos desproporcionados e incluso con protuberancias o con miembros de su cuerpo multiplicados como si fueran pulpos, muchos aparecían retorciéndose en su padecimiento y renegando de las cosas puras. Otro en el que aparecía un rey con rostro de bestia infernal ahorcado y flagelado por criaturas con el semblante de simples e inocentes niños. Otros tantos murales en los que había pintados algo así cómo el bautismo diabólico de bestias cornudas, similares a faunos pero mucho más pendencieras y terribles, bañándose en ríos de sangre bajo la mirada atenta y hostigadora de otros demonios infernales todavía más inmundos, demasiado extraños y cambiantes como para ser descritos. Y sobre todo, aquel gran fresco en el que sin duda, aparecía pintado aquel famoso profeta llamado Daniel en el foso de los leones, pero aquí, por contra de lo que se dicta, aquel pobre hombre era devorado sin piedad y con extremada brutalidad por aquellas bestias malévolas de ojos llameantes, que sin duda disfrutaban de aquel festín y cruel inmolación.
Tuvieron que contemplar todo este tipo de desagradables cosas hasta que llegaron a esta nueva galería en la que su atención se centro en otra cosa y no en aquellos frescos que aún así seguían siendo demasiado abundantes. Este lugar, totalmente igual que los demás túneles, solo que más viejo y deteriorado, albergaba en su interior muchas de aquellas tumbas típicas, solo que la mayoría de ellas estaban rotas y abiertas de par en par, como si alguien hubiera intentado, tiempo atrás, destruir aquel sitio y a sus difuntos. Lástima que no lo consiguiera.
Como el lector supondrá, esta nueva situación, permitía a los viajeros “admirar” sin la menor dificultad a los que en su interior yacían. Si es cierto que anteriormente, en la primera catacumba también pudieron hacerlo porque algunas de las tumbas estaban sin tapiar, pero entonces no encontraron nada llamativo ni peliagudo. Sin embargo, estos cadáveres que en principio no llamaron mucho la atención, eran muy diferentes a los de un humano corriente. No se percataron de ello hasta que se fijaron un poco más detenidamente en un interesante ejemplar , que estaba totalmente expuesto a la luz de las linternas.
- ¡Que hombre más extraño!- dijo Próvido que fue el primero en fijarse.
- ¿Por qué lo dices?- preguntó Urko.
Los cuatro se situaron en torno al hallazgo.
- Fijaos - continuó Próvido-, su cráneo no es normal, es demasiado grande,¡Y qué largo es por detrás!. ¿Y sus mandíbulas?, están deformadas, mirad- las apuntó mejor con su linterna-, parece un simio.
- Que pena.- dijo Kochab asombrado-, sería un hombre malformado.
- ¡Es enorme!- siguió diciendo Próvido- habéis visto sus brazos. Le llegan casi hasta las rodillas y eso que no los tiene completamente estirados. ¡Y esas costillas! Están exageradamente ensanchadas, ¡Que asco!¡pobre hombre!.
- ¡Vaya un cadáver extraño!- dijo Urko asombrado.
- ¡Mirad!- les llamó Manes al observar otro cadáver que también estaba al descubierto-, este es casi igual. Esto es muy raro.- los demás corrieron a mirarlo.
- Es cierto- Próvido se asombró todavía más.
- ¿Que le ocurre en el cráneo?- observó Urko-, tiene dos cosas abultadas.
- ¿El qué?
- Parece que tiene dos pequeños cuernos.
- ¡Cómo es posible!
- Esto es muy raro - repitió Manes.
- ¡Mirad todos las demás tumbas que estén abiertas!
- ¡Este otro es igual!- dijo Kochab al encontrar otro sarcófago abierto-, son todos así.
- ¡Todos están deformados!- se alarmó Próvido-. Aquí hay otros dos exactamente igual.
- ¿Por qué están todos aquí?
- Esto es asqueroso.
- Os habéis fijado- decía Manes-, no os recuerdan a...
Todos sabían a qué se refería y preferían no oírlo.
- Ya sabemos a qué se parecen- le interrumpió Urko-, no hace falta que nos lo recuerdes.
- Es que son tan idénticos...- siguió diciendo-, hasta la boca la tienen igual que las criaturas de todas estas pinturas - señaló otro de los abundantes frescos de la catacumba, situado en la parte superior de la pared.
- Ya lo sabemos- se molestó Próvido que verdaderamente comenzaba a asustarse aunque no pensaba demostrarlo a los demás.
- ¿Creéis que se trata de ellos?- preguntó Manes con su habitual falta de tacto.
- ¿Por qué tendría que tratarse de ellos?- le replicó Kochab ya que no le gustaba admitir esta idea aunque él también la pensara.
- Es evidente. Son iguales. Unos esqueletos deformes, demasiado grandes, prognatos y bastante desagradables.
- Queréis asustarme, pero no lo vais a conseguir- dijo Próvido a la defensiva aunque la conversación no fuera con él.
- Yo no pretendo asustarte- contestó Manes-, pero esta claro que son muy parecidos a esos humanos de los dibujos, no podéis negarlo- se dirigió a todos.
- Tienes razón- confesó Kochab-, no me gusta mucho pensarlo pero es evidente que son iguales. De todos modos no hay porqué preocuparse ya que están bien muertos.
- Que curioso- dijo Manes-, creía que aquellas criaturas de los murales no eran humanas.
- Bueno, ¿y qué?- Urko le hizo callar por que sabía que su compañero enredaría más las cosas y seguramente aunque sin quererlo, asustaría a Próvido.
- No... nada, sólo que...- Manes no estaba muy seguro de querer decirlo- me refiero a que entonces, todas esas pinturas están inspiradas en estas cosas que aquí yacen, y esto me hace pensar, que todo lo que aparece representado, esos bichos y todas las barbaridades que hacen en todos los frescos, también fue real. ¿No os parece?
- No lo creo- le contestó Kochab-. Los monstruos no existen, y esto que sin duda se trata de algún tipo de secta, seguramente esta muy exagerado en las pinturas.
- ¿Recordáis la cruz de arriba- dijo Próvido-, aquella de madera con cadenas y todo?
- Si- contestó Manes-. Esta claro que ahí se hicieron sacrificios, incluso el suelo todavía estaba manchado de sangre.
- Es muy probable que así fuera- reflexiono Kochab-, pero eso no tiene que ver con lo que se refleja en las pinturas. ¿es que creéis en esos infiernos que aparecen, en esas bestias inmundas y en esos ejércitos que son como estos pobres difuntos?
- Yo no creo en eso- prosiguió Manes-, pero si es muy cierto que estos muertos son el reflejo de esos seres dibujados y si una cosa existe, lo demás también puede ser real.
- Lo cierto es que a mi no me parecen muy humanos - dijo Próvido-. No me lo parecían ahí en las paredes y menos me lo parecen ahora aunque sólo veamos sus esqueletos. ¡incluso algunos tienen pequeños cuernos!
- ¿Y qué crees qué son, demonios acaso?- por fin Urko que había estado muy callado comenzó a hablar.
- No demonios- contestó Próvido-, pero si otro tipo de criaturas.
- ¿Y es que no pueden ser simplemente humanos con malformaciones?- Kochab trató de hacerle entrar en razón según su punto de vista.
- ¿Y si es simplemente eso- Próvido le respondió-, por qué están todos juntos; como si formaran parte de algo, por qué hay tantos y por qué algunos tienen esa especie de cuernos, eso me parece más que una simple deformación.
- Pues no hay otra explicación- Kochab se resignó-, solo puede tratarse de una anomalía generalizada. Tal vez en aquel entonces hubo una terrible enfermedad o algo así que afectó a un gran número de personas y por miedo a que esto se extendiera o por lo que fuera, se las aisló y se las enterró aquí a todas juntas, separadas de los demás.
- Bueno- dijo Manes que se sentía extrañamente emocionado al pensar que aquellas cosas no eran humanas-, y si es así, por que están pintadas por todas partes en esta galería, ¿tan importantes eran?
- Tal vez si- siguió Kochab-, ya se sabe de las supersticiones y creencias de los antiguos. Podrían considerarlos como dioses o simplemente, estos hombres tan desgraciados, se unieron entre ellos y crearon una hermandad perversa como protección del rechazo de sus semejantes. Seguramente los odiaban a muerte igual que los demás hombres los odiaban a ellos y por esta causa, en esas pinturas aparecen una y otra vez los sacrificios y muertes de los humanos normales.
- No hablemos más de esto- dijo Urko más sereno que nunca-. Cada uno que piense lo que le parezca, lo importante es que ahora están muertos y ya no pueden hacernos daño. Yo también pienso que es muy extraño. Lo que dice Kochab es lo más sensato y razonable pero me sigue pareciendo muy desconcertante, de todas formas, como ya he dicho, esto ya no nos importa por que al fin y al cabo ya están muertos.
- Ya que ninguno me hacéis caso no diré nada más- dijo Kochab por último-. Yo solo digo que es lo más lógico.
- ¿También esto te parece una anomalía? ¿esto te parece razonable?-. Manes que no paraba de husmear por aquella galería encontró otra cosa interesante.
Los cuatro contemplaron con asombro y no sin horror un cadáver muy significativo y desconcertante.
- Al principio creí que no eran suyos- comentó Manes- pero están claramente unidos a él.
Y los cuatro mostraban tan sólo un asombro fingido por el hallazgo en sí mismo y no por el terror que se cernía sobre ellos. Y la aparente sobriedad de cada uno hacia fuerte al otro y retrasaba más todavía, que uno; cualquiera de ellos, rompiera aquella farsa, demostrara a gritos sus temores y propusiera una sensata retirada que los demás aprobarían, y sin embargo, todos seguían avanzando despacio sin apenas mediar palabra.
Aquel cadáver, aparte de sus dos largos brazos, tenía debajo, casi como una prolongación externa de las costillas, otros dos huesos ligados, un humero y un radio en los dos lados coronados por unos pequeños huesecillos (o lo que quedaba de ellos) iguales que los de una pequeña mano.
- Tiene claramente cuatro brazos – admitió Kochab estupefacto-. Los inferiores son más pequeños pero son claramente unos brazos. ¡Es increíble!
- No es sólo una deformación.
- Ya pero todo puede ocurrir sin tener que tocar con las cosas extrañas, ya sabéis que por ejemplo, a veces nacen niños unidos por la cabeza, un brazo...
- No puedes negar lo evidente, también estos “hombres” con más de un miembro de lo normal aparecían en las pinturas. Seguro que hay más en esas tumbas tapadas. Creo que recuerdo a uno de una pintura anterior que incluso tenía dos cabezas.
- Tal vez tengáis razón- admitió Kochab al recordar con desagrado las mismas pinturas a las que se refería su amigo-. ¿Pensáis que hemos descubierto una raza diferente?
- Posiblemente.
- ¡Vaya!- dijo Manes-, tal vez si haya merecido la pena bajar hasta aquí. ¿Y si abrimos las otras tumbas?, tal vez si encontremos cosas todavía más raras.
- No seas animal- le contestaron todos casi a la vez-. No podemos hacer eso.
- Además seria de muy mal gusto- concluyó Próvido -. No entiendo como esto te puede alegrar, es horrible y repugnante. Ya te dije que aquí no había buenas vibraciones.
Manes se calló y esta vez, ni siquiera Urko le corrigió ni intento quitarle esa especie de miedo y desconcierto porque él también lo tenía.
- ¿Y ahora qué hacemos?- preguntó Kochab- ¿seguimos o volvemos?
- No lo sé – contestó Urko que estaba francamente confundido y miedoso aunque por nada del mundo lo habría confesado.
- Yo creo que ya hemos investigado bastante - dijo Próvido.
- Es cierto- contestó Kochab-. ¿Tu qué opinas Manes?
- Bueno... la verdad que nunca me ha gustado estar aquí pero ahora siento más curiosidad que nunca.-Próvido le lanzó una mortal mirada de reproche-. Es que ¡es increíble! - ignoró a Próvido-. ¡tal vez hallamos encontrado una subespecie distinta que se extinguió no hace mucho tiempo, ¿os dais cuenta de lo importante que es?
- Ya- Kochab le apaciguó-, pero no te hagas muchas ilusiones porque puede que yo tenga razón y que esto solo sea algún tipo de anomalía o enfermedad o yo que sé, que afectó a un gran numero de simples personas como tu y como yo.
- Si- le replicó-, pero también puede que no y que yo tenga razón.
- A mi no me importa quien lleve la razón- intervino Próvido-, yo lo que quiero saber es si vamos a irnos o no.
- Yo no quiero- dijo Manes en tono desafiante.
- Pues yo tampoco- siguió Kochab.
- Entonces yo tampoco- dijo Urko que no quería quedarse detrás.
- Hacer lo que queráis- dijo Próvido asqueado-, ya se que no hay manera con vosotros.
- Bueno- dijo Manes mientras salía ya de aquella galería y se adentraba en otra-, sigamos.
El ultimo en abandonar aquel pasillo tan revelador fue Próvido que le hecho una ultima mirada de desapruebo mientras suspiraba molesto por la absurda abnegación de sus compañeros.
Fue entonces, en el primer instante en que todos se encontraron en el nuevo túnel, exactamente igual a todos los anteriores, cuando algo casi estremecedor irrumpió a través de todo aquel sistema de galerías con un propósito perfectamente maquinado.
Fue una fuerte corriente de aire, un susurro ensordecedor, una nube fugaz, un espectro veloz que atravesó aquel nuevo túnel rozando sus cuerpos con violencia a una perpleja velocidad para llegar hasta el túnel anterior que acaban de abandonar, para provocar de alguna manera, que toda su estructura, las tumbas, las pinturas, sus muros y el techo se vinieran abajo estrepitosamente levantando una densa polvareda y bloqueando casi con seguridad el camino de vuelta.
Todos se quedaron perplejos por aquella masa amorfa e invisible que casi les había traspasado impregnándolos de un frío mortuorio. Desolados, sin apenas poder mediar palabra, miraron la galería que ahora yacía entre los escombros.
- ¡¿Qué ha pasado?!- preguntó Próvido perplejo -. ¡¿Qué era eso!?
Todos se alejaron unos pasos del
Morenilla17 de octubre de 2008

4 Comentarios

  • Morenilla

    es una historia que escrib? hace tiempo y q m gustaria compartir con la gente, para saber opiniones y q tal esta en general.
    gracias a quien me lea.

    17/10/08 02:10

  • Abyssos

    Ahhh!!! que malvada...! me estuve alededor de unos 38 minutos leyendo y me dejas sin saber lo demas... que mala onda.... ese "fantasma" es el mismo que les venia siguiendo desde la primer y larga escalinata? aquel que se "manifestaba" con ese viento venido de algun lugar?? mmm :( ahora no podre ni dormir por la intriga.

    Que puedo decirte, tu forma de narrar es asombrosa, todos los innumerables detalles que das del entorno, las pinturas o relieves de esos seres grotescos, los detalles que provocan escalofrios como el de los relojes detenidos, las sensaciones de los personajes, los olores, los dialogos... sencillamente TODO es perfecto y se nota claramente la estupenda influencia Lovecraftiana.

    Sinceramente escribes de forma sublime, ojala decidas poner el resto, por lo pronto ya tienes un admirador en este rincon de la web.

    Mis felicitaciones y un fuerte abrazo de bienvenida.

    17/10/08 07:10

  • Morenilla

    q alegriaa!!! m alegra mucho q t haya gustado!!!
    muchas gracias por tu comentario de verdad, m subes mucho la moral jaja, ahora mismo voy a poner la continuacion, spero q t guste igual, para mi lo mejor es el final que es bastante inesperado.
    un beso y muchas gracias.

    18/10/08 04:10

  • Neokhayth

    Prodigiosa la forma en que detallas cada cosa, hace que parezca algo tal real que cuando lo leo olvido por completo a nuestros 4 aventureros y siento que soy yo quien esta en la catacumba. Y en la parte de la segunda sala me olvido por completo de todo y me transporto a aquel campo de batalla sinti?ndome uno de los desdichados que enfrentar? ese ej?rcito aborrecible. Definitivamente tengo que seguir leyendo la historia, espero que la pongas completa.

    23/10/08 09:10

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