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Cuidado Con Los Miedos Les Encanta Robar Sueños

No importaba de qué índole fuera el problema, La Preocupación siempre se veía sumergida en un mar de dudas e inquietudes. Desde el más banal de los dilemas hasta el más complejo, La Preocupación no podía evitar pensar qué hacer para solucionarlos. Noches sin dormir, pérdida de apetito, nervios a flor de piel, eran sólo algunos de los principales síntomas que estaba padeciendo y cada vez con más frecuencia. Ante la angustia tan amarga que sentía, decidió poner freno a su cruda realidad. A simple vista el hecho de afrontar sus problemas no aparentaba ser algo muy difícil. Parecía lógica la metodología sugerida por los expertos en este campo: seguir una serie de pautas de autocontrol frente a los posibles conflictos que se le presentaran de un momento a otro. Ante un nuevo problema, tan sólo tenía que mantener la calma, analizar todas las posibles soluciones válidas e intentar resolverlo en el menor tiempo posible con el mayor éxito.

Sin embargo para La Preocupación era todo un reto no sentir ese pánico paralizante ante dichas circunstancias, y más aún cuando se trataba de problemas complejos en los que la toma de una decisión u otra podría conllevar diferentes consecuencias.

¿Cuál sería la acertada ante mil opciones a elegir?, ¿y si fallaba en su elección?, ¿cómo afectaría a los resultados su determinación?. La Preocupación estaba desorientada. No podía parar de pensar ni un segundo en todo lo que la atormentaba. Estaba claro que a pesar de poner todo su ímpetu en controlar su carácter, necesitaba pedir ayuda urgentemente.

Tras consultar aquí y allá, su buena amiga La Inquietud, quien entendía cómo se sentía ya que ella también padecía algunos de sus síntomas, recomendó a La Preocupación acudir a un renombrado experto en esos temas. La Tranquilidad era alguien respetado por todos. Su quietud y estabilidad habían hecho de ella todo un referente a la hora de enfrentar conflictos y situaciones difíciles. Su moderación y neutralidad ante cualquier inconveniente la habían dotado de un don especial para no alarmarse y tener bajo control aquello que tuviera entre manos. Y su fama la había convertido en alguien en quien poder confiar en casos de necesidad. La Preocupación vió claramente la salida del agujero en el que estaba atrapada y en seguida contactó con ella ya que era su última esperanza.

_ ¿Qué es lo que no te deja dormir?, ¿por qué tanto desasosiego? _ . Preguntó La Tranquilidad a la desconsolada Preocupación que nerviosa intentaba dar una respuesta.

_ Realmente no lo sé& siento algo dentro de mí cada vez que tengo un problema que me paraliza y no me deja seguir adelante. Nubla mis mejores pensamientos y me hace sentir débil, indefensa& ¿sabe qué podría ser?, ¿será algo grave? _. Atosigó desesperada a La Tranquilidad que la miraba con una pequeña sonrisa inocente.

_ Por supuesto que sé qué es lo que te ocurre querida amiga, y no, no es algo grave. De hecho, es algo que todos padecemos y que no podemos controlar& ni siquiera yo.

_ ¿A sí? _. Cuestionó La Preocupación con gran interés.

_ Todo aquello que no te deja tomar decisiones y te hace sentir pusilánime son tus miedos. Los miedos son los responsables de convertirnos en cobardes ante situaciones de peligro.

La preocupación escuchaba con expectación.

_ Pero experimentar miedo no es siempre malo. El miedo nos hace ser realmente conscientes de la gravedad de la situación y hace percatarnos de que debemos estar atentos. Es el responsable de convertirnos en personas valientes dispuestas a combatir a nuestros más temidos enemigos en terrenos tenebrosos.

La preocupación no daba crédito a lo que escuchaba. Su problema en cuestión de segundos se había convertido en algo que a simple vista, no parecía tan alarmante y sintió un gran alivio en su interior. Tras su absorbente charla, La Preocupación se puso manos a la obra para vencer a sus fantasmas o en el peor de los casos, aprender a hacerles frente y no dejar que tomaran las riendas a la hora de decidir.

Empezó por entender que no todo necesitaba un por qué, que no todo requería de una explicación clara y concisa. Que las variantes de la ecuación del problema eran más de las que podría imaginar y que por tanto, nunca iba a obtener un resultado exacto. Aceptó que no valía la pena preguntarse si su decisión iba a ser la correcta. Una decisión nunca es correcta. Una decisión es simplemente un acto y las consecuencias que derivan de ella, a veces, son incontrolables. Asimiló que sus miedos eran más comunes de lo que pensaba y descubrió un gran desahogo al compartirlos con sus más allegados. Desarrolló una gran capacidad para descifrar sus problemas manteniendo a raya los nervios que antes tanto la traicionaban. Adquirió hábitos en su día a día que la ayudaron a no focalizar sus pensamientos en lo adverso de las cosas y consiguió explorar todo un mundo nuevo de actividades que la entretenían y la mantenían al margen de esa negatividad.

La preocupación empezó a dominar su carácter aún sabiendo que su naturaleza era algo de lo que no podría desprenderse jamás. Y precisamente aquello fue lo que consiguió que se sintiera tan valiente y orgullosa de sí misma. Aceptó la convivencia con sus miedos en un arriesgado pero armónico equilibrio que le proporcionó una merecida valía para sus próximas luchas. Y así, La Preocupación nunca más se derrumbó.
Nereasm09 de octubre de 2016

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