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Del Diálogo y El Coito.

Cenando. Me di cuenta que cuanto mayor me hago, más me cuesta digerir el romanticismo cursi. Me crea un ardor casi insoportable que sube hasta el cerebro. Quizás dejé de ser inocente. Seguramente, me estoy haciendo viejo. Y, aunque nunca he sido un apasionado insaciable, empalagoso y para mí insufrible, de esos que muestra un entusiasmo desmesurado a cualquier cosa que les rodea, pues no todo me parece maravilloso. Incluso, a veces, la mayoría de las cosas se prenden de un gris opaco, que atemoriza.

Hace tanto que no soy el rey de la noche que los amaneceres han perdido eternidad. Dejé de buscar musas en cualquier rincón, para pintarlas desnudas en un lienzo que nunca existiría. Volviendo al romanticismo, es como ir de copiloto en una carretera de montaña, repleta de curvas cerradas y con el mareo suficiente para no poder disfrutar del paisaje. Aunque el horizonte frente a ti, sea ante tus ojos un infinito de cordilleras nevadas, sin banderas.

Al acostarme. Desde hace unos días, escucho con más insistencia, cómo si lo hicieran aposta, los ruidos de los vecinos. Ven mucho la tele, hablan poco y follan menos. El otro día, en el ascensor, me tropecé con ella, la vecina, y la verdad es, que me encontré en la encrucijada de decirle, lo que para mí debían hacer, si es que no querían acabar viviendo como dos extraños o separados: Cerrar el televisor, hablar más y acercar sus cuerpos sin ropa, dejando que sus pieles se volvieran a rozar, reencontrándose, igual que lo hacen las pupilas gustativas al saborear esos caramelos que tenía siempre tu abuela, guardados en ese tarro de cristal, que tan solo al abrir, ya se desprendía ese olor que te llenaba la boca de saliva. A ver si a ella, se le humedece otra parte. Pero callé.

Tengo el vicio de no entrar demasiado en la vida de los demás. Es por qué no me gusta que lo hagan con la mía. Sin embargo, hay quién se entromete continuamente, con afán de no sé muy bien qué. -Que les den a todos por el culo.- Decía siempre un amigo mío drogadicto. A los que intentaban ayudarle a cambiar la vida qué llevaba. Debo aclarar, que yo también creo que una vida de drogadicto no es una vida demasiado bien aprovechada, aunque no menos, que una de cura o de monja. A él, le parecía la forma más magnifica de vivir su deseada no muy longeva vida. Y yo, que respeto, que alguien sea capaz de creerse que el hijo de una señora y un paloma, muerto y después resucitado, hijo, padre y Dios. Fue capaz de crear el universo, algo para mí realmente complicado de entender y casi inconcebible, en sólo siete días, pero que en realidad son seis porqué el último descanso. ¿Debo menospreciar el vivir en una realidad alterada por sustancias y no por voluntad? En fin, cada uno que viva como le dé la gana si no condiciona al resto.


Desayunando. Me levantado optimista y con buen pie. Quizás mientras dormía escuche sin darme cuenta que los vecinos follaban y eso me ha cambiado el ánimo. Aunque estoy casi seguro que no, mi sueño desde hace ya unos meses es poco profundo, al revés de lo que me pasa cada vez que me pongo a pensar en tesituras antes casi irrelevantes de mí vida. Debo dejar de pensar, puede que así consiga descansar más.

Debemos hablar más, amor.
NieblaPublicado el 05 de febrero de 2018
Archivado en amor hablar

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4 Comentarios

  • Remi

    Escribes... diferente, es ameno tu texto, con mensaje final, moraleja.
    Un saludo.

    06/02/18 07:02

  • Niebla

    Gracias Remi, con mensaje final si alguien lo escucha, sí.

    07/02/18 04:02

  • Siby

    Niebla te cuento que me gustaron
    tus letras.

    Besitos dulces
    Siby

    30/12/18 12:12

  • Niebla

    Gracias Siby

    31/12/18 06:12

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