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Demasiado Pelo para Tan Poco Gato

Tengo un gato. Es realmente muy curioso; cómo todos los gatos supongo. Lo he encerrado en casa. No lo dejo salir nunca, pues una vez se me escapó y anduvo deambulando por esos mundos de Dios a saber con qué gatas, a saber por qué tejados, durante tres días y sus tres noches. Fue entonces cuando al regresar decidí aprisionarlo entre el comedor y el recibidor.

Se pasa la horas en la ventana. Mirando al exterior con tal mirada de nostalgia que se asemeja a un humano. Incluso, a veces, con la pata no sé si acaricia el cristal o lo restriega intentado descubrir el tacto de la libertad tan añorada. Su pulso parece detenerse al ver un pájaro volar o desbocarse al observar un gato o una gata cruzar de una carrera la calle. Y cuando pienso que ya no soporta más la soledad es cuando maúlla igual que Kurt Cobain en The Man Who Sold The World. Yo lo observo todo sentado en mi sillón de las cuatro patas rasgadas por el estrés de los días de lluvia.

Al abrir la puerta para irme siempre lo tengo detrás frotándose entre mis piernas, cómo si me quisiera dar cariño para conmoverme y dejarlo salir sólo una vez más, para disfrutar de lo necesario. La verdad es que no lo comprendo; lo cuido, lo alimento, lo lavo, lo peino, le doy caricias, todo mi amor, tiene un collar de diamantes, un pelo reluciente y unas uñas impolutas. A menudo me gustaría poder hablar con él para comprender ese vacío que siente él, que siento yo. Pero no puede ser.

Y al salir, me veo obligado agarrarlo y forzándole a que no se escape mientras él se exalta con una furia que asusta, incluso en alguna ocasión en esta trifulca le he pillado la cabeza con la puerta. Después vuelve hacía dentro con una resignación que me causa dolor hasta a mí. Y es entonces cuando me pregunto: ¿Se fugará algún día o se someterá a la condena? Y cuando elija cualquiera de las dos, ¿cuál será la razón?
NieblaPublicado el 06 de marzo de 2019
Archivado en relato

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6 Comentarios

  • Remi

    Si decidiera algún día escapar del encierro, seguro pensaría en todos los peligros que eso conlleva, en los infortunios que el mundo tiene para un gato. Mas la sensación de sentirse vivo solo la tendría siendo libre, y es lo que quiere ser libre. Creo que lo seguirá intentando, peleara por salir, yo lo haría.
    Como siempre tus relatos no me dejan indiferente.
    Un abrazo Niebla.

    06/03/19 05:03

  • Oliviaferrer

    Supongo que cuando queremos a alguien, por mucho que en otro lugar fuera más feliz, preferimos encadenarlo a nosotros, porque somos así de egoístas y solo pensamos en nuestro bienestar.

    07/03/19 08:03

  • Niebla

    Remi, correr peligros o tumbarse en la comodidad... ¡Depende!

    Olivia, seguramente, a parte de que nos dominen miedos, egos y otros tantos sentimientos incontrolables. Pero, que muestra de amor es mayor ¿Dejarlo salir o encadenarlo?

    Gracias a las dos, aportáis cada una el punto de vista des de un lugar distinto, des de los dos protagonistas.

    08/03/19 06:03

  • Lasombra

    ¿Que sucedería si le abres la puerta? Saldría corriendo eso seguro. Pero,¿volvería a ti, con el brillo recuperado en la mirada, sin rastro de tristeza? ¿Sería entonces más sincera su compañía, más tiernas sus caricias, más dulce el ronroneo?
    ¿Podrías tú, soportar sus ausencias a cambio de su lealtad, de puertas abiertas?
    Propones buenas preguntas de respuestas complicadas.
    Me gustó mucho tu reflexión.

    10/03/19 09:03

  • Creatividad

    A mi me gusta tu gusto por lo que escribes

    13/03/19 07:03

  • Niebla

    Lasombra, seguramente saldrá corriendo pero al volver, quizás valore más las caricias, los cuidados, el amor, el hogar. O puede que no vuelva. A saber.

    Creatividad, me alegra que te guste mi gusto por lo que escribo.

    16/03/19 11:03

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