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En El Pueblo Los Bosques Aún Son de Verdad.

La selva de la metrópoli es tan de mentira y envenenada, que a veces, las serpientes pican sin morder.

La vida en la ciudad, hace, que en el momento que tus hijos tengan cierta edad empieces a pasar bastante tiempo sentado en el banco de algún parque infantil. Observando como juegan en ese bosque, barco, laberinto o lo que pueda ser, siempre artificial, o sea, un sucedáneo. Tan irreal que únicamente los niños lo ven.

Para una persona bastante solitaria como yo, eso, es, sin duda, contraproducente. Te relaciones incluso sin querer con gente que no conoces de nada y para nada quieras conocer. Con suerte, normalmente, son madres. Si es así, es mucho mejor para mí, que siempre he preferido al sexo contrario para mantener una buena conversación. Los hombres ya sé como somos. Todos lo sabemos. El mundo de la mujer es tan desconocido para mí, como la época medieval. Es un laberinto infinito en el que perderse y perder a menudo la razón.

El otro día, sin ir más lejos, se sentó al lado una señorita muy dicharachera y empezamos a conversar:

- Hola. Susurró ella, con timidez.
- Hola, buenos días. Contesté.
- ¿A dejar que jueguen un ratito los niños? Preguntó.
- Sí. A ver si se cansan y luego no están tan inquietos.
- Quanta razón tiene. Afirmo.
- ¿Sus hijos? Le pregunté.
- Sí, uno. ¿Por qué lo pregunta?
- Porqué no parece usted una madre.
- ¿Y que tiene que tener un madre que no tenga yo? Me lanzó.
- Yo, diría, que no es lo que tiene una madre, sino lo que no tiene usted que normalmente sí tienen las madres.
- ¿A qué se refiere?
- Hombre, primero no parecer tan joven.
- ¿Qué es malo ser una madre joven?
- ¡Sin duda que no! Resulta mucho más beneficioso para el desarrollo del feto y la evolución como persona del niño. Solté ese rollo porqué por un momento me sentí un poco atacado, por estar en un berenjenal (desconozco porqué un berenjenal es un sinónimo de un embrollo, pues nunca he estado en ninguno)
- ¿Y pues, qué sugiere, con eso de joven?
- En definitiva& ¡Qué está usted muy bien por tener a dos niños tan mayores!
- ¡Ah! Eso. Es que el más grande es un primo, no es mi hijo. Pues usted tampoco parece un padre.
- Pues son mis hijos.
- Está entonces muy bien. Me dijo y me ilusione.
- Gracias, quiere que quedemos para ir a cenar.
- ¿Qué se ha creído? Estoy casada.
- ¡Coño! y yo también.

Por suerte, vivo en un pueblo.
NieblaPublicado el 23 de abril de 2018
Archivado en relato bosque mujer

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2 Comentarios

  • Lasombra

    Tienen un gracia especial tus historias! Estan llenas de ironía

    26/04/18 06:04

  • Remi

    Buen texto, con tu toque gracioso.
    Saludos.

    27/04/18 08:04

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