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¡música, Maestro!

Viernes noche. Me gusta la música. No toda, claro está, pero si diferentes clases. A menudo busco, pruebo, cato otros grupos a los habituales, otros estilos, otras canciones. En distintas plataformas de esta era digital, que para un analógico como yo es fascinante. De los discos a los casettes, después los cds, los pens y ahora la conectividad a un mundo infinito donde encuentras cualquier cosa al instante, sin tener que sacar la cinta y rebobinar con un bolígrafo para hallar casi por casualidad la canción que quieres escuchar una y otra vez igual que ver esa chica que con su sonrisa, porqué las canciones cómo las sonrisas, hacen brillar más el sol, dan luz.

Actuakmente, puedes ver un videoclip infinidad de veces, sin tener que esperar a esos cinco minutos, tan anhelados que una vez por día, era cuando lo pasaban casi de escondidas en un canal de segunda, quizás autonómico, quizás tarde, y se te escapaba la ocasión entre los dedos se transformaba en unas ansias que debías tragarte y digerir porqué hasta mañana no habría otra oportunidad de disfrutar, ni de intentar entender el por qué de todo, en un laberinto de sensaciones casi descubiertas a diario, poniendo todo tu empeño en aprovechar aquellos segundos para aprenderte la canción y estudiar las imágenes, gravando el instante por siempre jamás, para poderla recordar el día siguiente y tararear durante todo el día hasta poder volverla a escucharla en ese programa musical o comprar la cinta de casete y tenerla entre las manos, leer la letra, comprenderla, disfrutarla, sin temer que el instante sea tan fugaz y efímero que únicamente te dé tiempo a echarla de menos. Y ahora, los críos de hoy, lo ven una y otra vez, tantas, que las aburren en seguida. Casi en horas. Sin saborear cada una de sus notas, de sus cosas.

Y después están los conciertos. Esas noches donde la música en directo lo envuelve todo y vives sumergido en ese disco, chillando, bailando, acompañando al cantante, al grupo, en un juego de sincronización que dura lo necesario para creerte parte de la función disfrutando de la noche estrellada, dejando de ser el espectador por perder el raciocinio y entrar en el vaivén de un sueño esperado des del día que compraste las entradas por un espectáculo, que a menudo no defrauda. Y hoy que puedes conectar el pc, buscar un concierto en YouTube y sin salir del sofá escucharlo integro: Nada es igual. Sin duda, no es lo mismo, aunque el sonido sea muy envolvente, la definición de 4k y las ganas casi las mismas.

Pues en pijama no tiene la misma fuerza el: ¡Larguémonos, chica hacia el mar!
Niebla18 de enero de 2019
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3 Comentarios

  • Polaris

    Eso es lo maravilloso de la música, te transporta a sitios idílicos con quien quieres compartir esas vivencias, la música es hacer realidad un sueño, yo no podría vivir sin ella, ahora mismo escucho "SALES - White Jeans". Me trasporta. Siempre e interesante lo que escribes, perdóname si no te contesto, pero te sigo.

    Pol.

    19/01/19 10:01

  • Remi

    Siempre tan ingenioso en tus escritos Niebla. Las emociones han cambiado con el tiempo y la tecnología. Recuerdo muy bien esos cinco minutos de vídeos musicales, maravillada miraba la tele, una canción en imágenes.
    Un abrazo.

    21/01/19 08:01

  • Niebla

    Pol, sí, la música nos transporta a muy distintos sitio, a mundo al pasado. Escucharé tu recomendación, y aquí te dejo la mía: ASAF AVIDAN.
    Un saludo.

    Remi, así era poder saborear algo poco tiempo lo hacía quizás o seguramente más sabroso.
    Un saludo

    23/01/19 05:01

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