Quince Minutos

Publicado por Oliviaferrer el 11 de noviembre de 2017.
Quince minutos para recibirte. Quince minutos para contarte que en tres años no he hecho más que tachar los días en un calendario. Que todas las mañanas he preparado dos tazas de café, pensando que atravesarías la puerta quejándote del hambre que no te deja dormir, de las goteras del baño, de las desastrosas noticias del periódico. Protestando también por esos tres pelos que caen en tu frente, imposibles de peinar.
Pero no fue así. Nunca fue así. Me acababa bebiendo tu taza de café, aumentando así mis nervios, deseando que por fin llegase la noche y con ella despertase un nuevo día.
Ya he vuelto a hacer un hueco en mi armario y he colocado mis ungüentos en bolsitas, para que cuando te instales no te encuentres otra crema anti-edad y me repliques que hago un gasto de dinero inútil. Que con arrugas estoy más guapa, porque solo así se pueden ver en mis rostro las líneas de expresión provocadas por una vida llena de risas, en las que tú has tenido tu papel.
Acabo de tener una acalorada discusión con mi reloj, pues este se empeña en mantener un constante desafío. Yo le he dicho que ha hecho un pacto con el diablo porque sus agujas se niegan a avanzar, y él, el muy cobarde se ha quedado callado. Sí, ya lo sé, parezco una loca y espero que no vengan con la camisa de fuerzas a llevarme al manicomio, ahora no, que estoy tan cerca de tenerte cerca.
Los trenes van llegando pero no estás en ninguno de esos vagones.
Es la cuarta vez que le pregunto la señora de los tickets si anda algún tren con retraso y ha estado a punto de tirarme un jarrón a la cabeza.
Abatida, vuelvo a sentarme en el banco. Ojeo una revista del corazón. "Qué vestido tan bonito". "Quién tuviera ese cuerpazo". "Podría haberse dejado el pelo suelto".
Las famosas deslumbrantes consiguen acaparar mi atención durante un triste par de minutos, pero al instante vuelvo a las andadas. De nuevo, hago visible mi manía de pellizcarme las palmas de las manos. Canturreo una canción pero me callo al ver que una anciana me lanza una mirada asesina. Compruebo que no hay ningún mensaje en mi móvil. Me levanto y comienzo a dar vueltas.
Me pregunto qué habré hecho para que el karma me haga esto.
Vuelvo a sentarme. Procuro no perder los nervios. Mientras mi cabeza se pierde en las nubes, para un tren y baja del tercer vagón un hombre moreno, de unos cuarenta y pocos años, con una melena recortada que amaga unos pocos cabellos blanquecinos. Luce una sonrisa amplia y una mirada aparentemente distraída pero que no pierde detalle alguno. El hombre se posa ante una mujer absorta que anda divagando por el cielo. Y esa mujer soy yo. Tardo unas milésimas de segundo en reaccionar, pero cuando vuelvo a encontrarme con esos ojos color almendra doy un brinco, me echo corriendo a sus brazos y le beso el cuello.
"Qué guapa estás" susurra. "Te ves cambiado" espeto yo, aunque sabes que te deseo con la misma fuerza de antaño. Me tomas de la mano con firmeza y me besas en la frente. Me cuentas tu paso por aquel triste país en guerra, pero te callas y vuelvo a quedarme prendada cuando sale de tu boca un "te quiero, no volveré a marcharme".

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4 Comentarios

  • Raul_amon

    A veces, una angustiosa espera hace que el reencuentro sea mejor aún. Espero que realmente se quede y no se marche de nuevo.
    Un beso!

    11/11/17 09:11

  • Remi

    Leía con una creciente emoción tu texto, termina con un bonito final.
    Me gusta mucho Olivia, besos.

    12/11/17 07:11

  • Polaris

    A veces y solo a veces, el lobo huye al monte y no se come a Caperucita.

    Poema hermoso.

    Pol.

    13/11/17 02:11

  • Chay

    No existe el tiempo ni los relojes cuando se está enamorado.....no nos importa esperar......Precioso como siempre,Olivia.

    14/11/17 12:11

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