Quizás Lo Nuestro Fue un Teatro, y Tú la Mano que Movió mi Marioneta

Publicado por Oliviaferrer el 30 de septiembre de 2017.
Entonces apareció ella. Radiante como era. Con esa melena pelirroja. Con esas piernas largas y estilizadas. Con esos ojos verdes, capaces de cautivar a cualquiera. Y yo, tozudo de mí, seguía prefiriendo a la morena, bajita, de pelo ondulado y ojos sencillos. De piernas normales. Sin ningún rasgo que resaltar. Bueno, sí. Que era la experta en el trivial, en los libros, en las películas. Experta en decir lo que pensaba con palabras perfectas, respetuosas en todo momento menos cuando se encontraba con un machito de esos que la sacaba de sus casillas. Ella, que iba de un lado a otro con sus apuntes de filosofía, sus lecturas románticas y sus propuestas alocadas. Que me cogía de la mano y me contaba que a veces se preguntaba por qué estaba ella ahí. Al final siempre acababa llegando a la conclusión de que estaba allí porque sus padres decidieron hacerse sus planes en lugar de aguantar las fiestas del pueblo, y que meses después vivían con una criatura pequeña entre sus brazos, que nació con los pelos de punta y que tardaron semanas en actuar a la ley de la gravedad.
Me contaba sus pensamientos. A veces se quedaba absorta, y todos nos sentíamos ajenos a ella.
Aquella tarde fue especial. Yo estaba tumbado en mi cama, con los brazos en el cuello, pensando. Imaginando cosas que probablemente jamás pasarían. Llamó a mi puerta y entró. Llevaba su ropa de estar por casa, el pelo recogido en una coleta que le dejaba unos cuantos pelos sueltos, y aún así me volvía loco. Quizás por la sencillez que siempre la había caracterizado.
-¿Puedo tumbarme ahí contigo?
Entró, dejando la puerta entornada.
Le pregunté si le pasaba algo. Solo quería abrazarme. Decía que se sentía segura. ¿Segura por qué? Si yo nunca fui uno de esos hombres fuertes, ni un caballero de la Edad Contemporánea. Según ella, se olvidaba de lo malo contándome los lunares. A mí no me importaba que lo hiciese.
Seguía abrazándome, rodeándome un poco con su pierna, algo que acostumbraba a hacer estuviese con quien estuviese. Siempre se agarraba a quien estuviera a su lado.
Seguimos hablando. Tonterías de amigos. Me gustaba ese momento.
Pero entonces apareció ella. Radiante, con su melena pelirroja. La misma en la que me intentaba enredar cada noche, pero donde nunca conseguía fundirme como un metal expuesto a altas temperaturas. Las manos de niebla. La directora de nuestra orquestra. Siempre con su carácter de jefa, nunca cooperando en grupo, y después yo era el que nunca le daba suficiente cariño. Y se formó un revuelo. No recuerdo cuantas barbaridades dijo aquella tarde, solo recuerdo mi respuesta.
-No sé a qué viene tanto alboroto. Si para ti querernos consiste en que yo deje de estar con mi mejor amiga, estás equivocada, porque no voy a rechazar su abrazo, ni de tumbarme a su lado por la noche.
-¿Querernos? ¿Es que a caso me has querido alguna vez?-me dijo.
No supe contestar. No era capaz de decir lo que estaba pensando. "Es que quizás jamás te he querido. Fuiste tú la que se empeñó en que saliéramos a cenar, que te llevase al Retiro. La que quiso que me quedara a dormir aquella noche. Cuando tú me preguntaste si quería hacer lo que estábamos a punto de hacer, no me dejaste contestar, te lanzaste sobre mí. Y quizás lo hubiese hecho igual, pero no me habría quedado a desayunar contigo, si hubiera sabido que echaría tanto de menos las tortitas quemadas de ella, antes que tus perfectos bizcochos de naranja. Que estaban ricos, pero quien los hacía no le ponía ni la mitad del cariño." Pero no fui capaz de decírselo, y se marchó hecha un fiera, tirando humo por la nariz.
-Lo siento, si llego a saber que por mi culpa se monta esto, me quedo en mi habitación...
-No es tu culpa. Nunca hemos estado bien.
Me besó en el cuello y me siguió abrazando.


Si la abrazo se queja de que no la dejo tranquila.
Si le doy espacio soy distante.
Si le hago regalos la estoy comprando.
¿Entonces, qué hago?
Porque creo que no te quiero.

Quizás lo nuestro fue un teatro, y tú la mano que movió mi marioneta.

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5 Comentarios

  • Raul_amon

    A veces la sencillez puede pasar inadvertida pero su encanto y su personalidad puede permanecer por más tiempo. Espero que nunca se rompa lo que hay entre ellos dos y él sea capaz de cortar la cuerda con la que le maneja la pelirroja.
    ¡Un beso!

    30/09/17 11:09

  • Antoniof.lee

    Lo digo , e insisto Olivia.Deberias dar el salto al relato o a la

    novela,tu puedes. Con la sencillez se llega a muchos corazones.

    Un saludo cordial...

    01/10/17 07:10

  • Oliviaferrer

    Seguro que sí. Él sabrá qué hacer.
    Ya veré a ver qué puedo hacer yo.
    Gracias por los ánimos.
    Un beso, Raúl y Antonio.

    01/10/17 08:10

  • 2kx

    De nuevo, maravilloso. Tu forma de escribir me parece increíble, cautivadora y llena de sentimiento. Te animo a que nunca lo dejes.
    Gracias por deleitarnos de esta manera.
    Un saludo!!

    02/10/17 12:10

  • Mayoazul

    Que pena de país, con lo maravilloso que es.

    03/10/17 05:10

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