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El Ángel Bobo


Violeta caminaba todas las mañanas hacia su trabajo. Insegura, tímida, y por lo general miedosa, no se relacionaba con nadie en su trayecto a la oficina.
En los últimos tiempos, aunque su viaje a pie se había tornado monótono y aburrido, comenzó a observar a un hombre que se sentaba en el banco de la plaza que daba a la ventana de su oficina. Justo al mediodía, momento en el que ella tenia su hora de almuerzo en el trabajo, se topo con este señor, que muy sonriente le dijo:
-Buen día señorita
Violeta lo ignoró completamente, aunque angustiada, sintió que algo corría por su piel, como si fuera una especie de descarga eléctrica. Esa sensación la dejó inestable por el resto del día, sentía que algo raro estaba pasando, pero no sabia que.
Al llegar a su trabajo, los días siguientes, veía que el hombre que la había saludado seguía allí, firme, sentado en su banco.
Pasaron los días, hasta meses, Violeta seguía con su vida normal, pero sin poder mirar mas allá de su propio horizonte, claro que esto nunca le preocupó, hasta que un día común y corriente, cuando iba al restaurante de a la vuelta de su trabajo, se topó con el hombre -Me preocupa que estés así- le dijo él -Discúlpeme, pero no se de que habla, yo a usted no lo conozco- respondió Violeta, -Claro que si, soy lo que inventas cada día, soy lo que criticas en los demás, soy la creación mas perfecta de tu mente.
Mirándolo atentamente, y sin entender la situación, ridícula para ella, le dijo -Vos sos bobo, eso sos, bobo-.
Violeta siguió su camino hacia el restaurante. Mientras almorzaba, pensó en lo absurdo que era el hombre con el que había hablado, y sintió lastima de él.
Mientras pasaban los días, cada uno de ellos hacia lo de siempre, ella iba al trabajo y el se sentaba en el banco de la plaza.
Un día, más precisamente un miércoles, la ciudad se vio invadida por una lluvia incesante, las calles eran un caos por los automóviles y los paraguas se veían por doquier, esta situación, no fue un impedimento para el misterioso extraño, quien seguía sentado esperando. Esperando por ella claro, que al verlo debajo de la lluvia no pudo evitar ir a su lado y preguntarle que hacia mojándose, pasando frío en ese sucio banco.
-Estoy aquí por vos Violeta, vos me sentás en el banco, le respondió.
-Pero yo no se quien sos, y no quiero que estés acá!
-Si sabes quien soy, el otro día dijiste que soy bobo, y ahora ese es mi nombre.
-Si, lo dije porque me dijo pavadas, disculpe si lo ofendí.
-Eso es verdad, lo de las pavadas. Pero sabes una cosa?
-Que? Pregunto Violeta muy intrigada.
-Todo lo que digo es una creación tuya, son las respuestas que vos misma no te animas a darte. Al ser tan inteligente, creaste una persona que sea capaz de decirte las cosas que vos misma no te animas a pensar.
Violeta quedo perpleja, casi sin poder hablar. Se despidió brevemente y volvió a la oficina.
En los días siguientes, ella dedicaba su hora de almuerzo para conversar con su nuevo amigo, ya que no tardaron en establecer una buena relación. Ella le contaba como eran sus días en el trabajo, como se sentía –por lo general decía que estaba vacía, y que no encontraba nada verdaderamente significativo en su vida-. Increíblemente para ella, Bobo –así lo llamaba, ya que a ambos les causaba gracia- siempre le daba las respuestas que necesitaba, no se trataba de frases que ella quería escuchar, sino que hacia que Violeta encontrara en su interior ese sentido en las cosas, que ella creía haber perdido.
Cada vez más cómoda con la relación, veía que su dolor por los golpes propios de la vida se atenuaban, con el tiempo fue tomando más seguridad frente a los demás, y hasta llego a perder el miedo a arriesgarse. Tanto es así, que un viernes llego a la oficina decidida a renunciar ya que no encontraba motivación suficiente para continuar. Su amigo Bobo, sin decirle que lo hiciera –nunca la impulsaba a tomar una decisión- se alegró por la noticia porque consideraba que era una decisión tomada en conjunto por su cabeza y corazón.
A la mañana siguiente invito a Bobo a emprender un viaje a su casa de campo con el fin de pasar el fin de semana aislados de los ruidos de la ciudad, viaje que fue muy confortador para ambos, aunque a él le alcanzaba con que ella estuviera bien.
Luego de dos días muy divertidos, en los que realmente rieron y la pasaron bien, Violeta decidió inscribirse en una escuela de baile clásico, era lo que siempre había soñado pero que por vergüenza, inseguridad o vaya a saber que, nunca lo había hecho. Con el paso del tiempo decisiones como esta fueron moneda corriente en la vida de Violeta, sentía que estaba viviendo una vida plena, y que nada podía ser mejor, a la vez que su relación con Bobo se afianzaba día a día.
Producto de las actividades que comenzó a realizar –cada vez mayores- su vida social se acrecentó, y pronto pudo darse cuenta de que era una de las chicas mas codiciadas de la ciudad. El cambio en su persona había sido total, se la veía mas linda que antes, muy segura de si misma y siempre con actitud ganadora; por supuesto que gracias a los consejos de su amigo, nunca perdió su esencia, siguió siendo humilde, divertida y familiera; en los momentos en los que ella estaba a punto de desviarse, su amigo siempre le mostraba el camino correcto, y el que verdaderamente ella quería.
Pronto conoció a Pedro, un joven contador que había llegado a la ciudad para trabajar en la empresa constructora más importante de la ciudad. A medida que lo fue conociendo, sintió que por fin, todo en su vida cerraba perfectamente. No dudó en intentar establecer un vínculo mas profundo con el joven. Tal es así, que en pocos meses pasaron de ser solo buenos conocidos, a ser novios y los dos estaban realmente felices.
Bobo se encontraba muy alegre por la vida que había podido lograr su amiga, tenia la satisfacción propia del deber cumplido, después de todo sabia que había sido creado por la mente de Violeta porque algo andaba mal. Lo curioso para él, es que empezó a sentirse también –como antes le pasaba a su amiga- vacía, y creía que su existencia ya no tenía razón de ser.
Entre los preparativos para su boda, y su nuevo trabajo, Violeta tuvo que resignar algo de tiempo que antes era para sus amigos, en especial para SU amigo. Pronto dejó de verlo, pero casi que no sintió su ausencia, ocupada en sus asuntos, ya casi no se acordaba de Bobo.
Luego de dos meses sin que lo viera –nunca se percató del tiempo transcurrido, ni se acordó de él- y a raíz de una pelea con su madre, Violeta se sintió muy triste, y mientras caminaba a paso lento, dolida, lo vio. Tuvo una rara sensación en su interior, sintió alegría por verlo, pero a su vez parecía algo extraño, ya que en ese momento se dio cuenta que lo había olvidado.
-Apareciste Bobo- le dijo mostrando solo su alegría.
-Violeta!!- gritó contento. –La que apareciste fuiste vos, yo siempre estuve acá, o donde vos quisieras-.
-No bobo, imposible, si hacia mucho que no te veía-
-Claro, bueno- hizo una pausa –el tema es que siempre estuve, solo que tu felicidad hizo que no puedas verme, pero en fin, aquí estoy-
Violeta quedo pensativa, la última frase de su amigo la había conmovido, y sabio como siempre, había dado en la tecla. Luego de intercambiar algunas palabras, y ya mas tranquila siguió su camino pensando. Sabia que lo que le había dicho Bobo era verdad. Sin saber por que, la tranquilidad se apoderó de su alma -quizás el solo hecho de haber visto a Bobo le daba la certeza de que cada vez que lo necesitara él estaría ahí- y pudo continuar, hasta dejo de lado la pelea con su mamá y volvió a casa.
El 12 de diciembre de ese mismo año, Violeta se caso con su novio, todos sus familiares y amigos estuvieron presentes. Ella realmente se veía feliz, había esperado por mucho tiempo este momento, el que tanto había soñado.
Las dos semanas siguientes las pasó –junto a su flamante esposo- en Bali, lugar elegido para su luna de miel. Era una noche calida en la isla, cuando Violeta decidió dar un paseo a solas por la playa, cuando vio a un hombre sentado a orillas del mar. Se acercó lentamente, y al verlo, enseguida lo reconoció, pero antes de emitir alguna palabra, entendió el por que de la presencia de su amigo, y decidió sentarse a su lado.
Luego de algunos minutos de paz, Bobo decidió comenzar con el postergado diálogo, -Violeta sabes por qué estoy acá?- le preguntó, -Si bobo, te traje yo misma, porque me siento vacía, me falta algo y sigo sin descubrir que-. Ambos permanecieron en silencio.

Luego de dos horas, Violeta abrió los ojos, algo confundida, se vio sola en la playa y enseguida notó que se había quedado dormida. Se sorprendió al ver que Bobo se había ido sin despedirse, una rareza en él ya que siempre había cuidado mucho de ella. Preocupada por lo que pudiera pensar su esposo, metió la mano en su cartera para tomar el celular, pero dentro de ella había una nota:

“Fuiste capaz de crear una persona que cuidara de ti, que funcionara perfectamente, estuve en cada momento en el que me necesitaste.
Esta claro que todo esto sólo lo pueden lograr una mente y un corazón brillantes como los tuyos, pero ni la máxima brillantez del mundo pudieron impedir que esta maquina sintiera, sintiera el olvido en el que tu me hiciste caer, en todos esos días en los que no me viste, algo pasaba dentro de mi.
Ahora es tiempo de partir, me despido sin mas palabras que las necesarias y verdaderas, DISFRUTÉ EL CUIDAR DE TI.

Tu ángel, Bobo”

Las lágrimas de Violeta abrazaron su rostro, entendió que todas las personas del mundo están ahí, al alcance de cualquiera, solo que a veces no les damos la oportunidad de participar en nuestras vidas, o se la damos a unos y no a otros. A veces esos unos u otros pueden ser los correctos, a veces no. Sólo el corazón de Violeta sabrá el lugar que Bobo ocupará en él.

Violeta se secó las lagrimas, y regreso a la habitación con su esposo.

Bobo seguirá buscando, en algún lugar, esa mente brillante que haga que ya no sienta.
Pabloberru31 de julio de 2012

1 Comentarios

  • Lau927

    Increible. Fantástico.

    15/11/12 12:11

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