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Mi Baston









MI BASTÓN

Me basto con mi bastón
para seguir caminando,
porque me voy convenciendo
que muchas veces me canso
y le da estabilidad
a mi esqueleto agotado.

No es que camine de prisa,
porque correr, ni soñarlo,
ya corrí cuando era joven
que apenas tenía descanso,
para que nunca faltara
en mi lar lo necesario.

Pero fueron otros tiempos,
ni mejores, ni más malos,
el tiempo siempre es igual,
sólo nosotros cambiamos
trepando las primaveras
y los otoños amargos.

Las cosas pintan distintas,
que todo tiene su cambio,
todo cambia poco, a poco,
y nos vamos transformando,
que la agilidad se pierde
sin remedio de evitarlo.

La verdad, yo no me quejo,
y despacio voy tirando,
mucha botica, eso sí,
que siempre ronda algún daño
y a cierta edad el demonio
se nutre con el pasado.

Lo mejor es mi bastón,
vaya acierto de regalo,
por Navidad, cuando nieva,
los Reyes me lo dejaron,
para sostén de mis piernas
y puntal de mi cansancio.

Mi bastón, mi fiel amigo,
del cual nunca me separo,
y a todas parte lo llevo
con mis temblorosas manos
y cuando nadie nos mira
le cuento cosas de antaño.

Jamás le sentí quejarse:
ni aquellos más allegados
mantienen tanta paciencia
a mis eternos relatos:
algunas veces sonríe...
y las más, imita el llanto.

Con él me paso los días
entre la ciudad y el campo,
ando un poquito, me siento,
si es que me llega el cansancio,
que están los ejes sin grasa
de tantas vueltas rodando.

Lo que se llama un amigo
es mi bastón, sin dudarlo,
que no pide recompensas
por el bien que va sembrando:
y no abunda por el mundo
quien nada nos pida a cambio.

Yo le tengo gratitud
y cuando deje de usarlo,
si no lo entierran conmigo
sea de todos mimado,
que es corta la caridad
en estos tiempos que andamos.

El siempre estará dispuesto,
ayudar nuevos ancianos,
cuando se apaga el calor
y el sol les niega sus rayos,
el será como una luz
que guiará nuevos pasos.

Mi bastón me dio su alivio,
mi bastón me dio descanso,
guardarlo como recuerdo,
si no fuera necesario,
que hay que ser agradecido
con quien nos tiende su mano.

Quién sabe si alguna vez
os puede servir de amparo,
como remos de la barca
y aliviaros del naufragio,
pues las tormentas se acercan
para todos los humanos.

A mí me dio compañía
sin recompensas ni pagos,
me ayudó en mi soledad
igual o más que un hermano,
por eso cuando me muera
con mucho mimo cuidarlo.

Yo le ofrezco mi poema,
que me auxilió en mi calvario.
¡ Cuando arrastraba la cruz,
vencido ya por los años !

.oOo.

-Manuel Cornejo González-







Poetav31 de marzo de 2011
Archivado en:
vejez

1 Comentarios

  • Vocesdelibertad

    Don Manuel:

    Sin duda estoy frente a un escritor de los grandes. Comparte horas tan bellas con un bastón, que muchos quizá no lo visionamos y pueda que nos acompañe; pero hoy trajo a mis recuerdos el bastón de mi abuelo, cuando él falleció todos querían tenerlo y, yo pensaba, pelearse por un bastón, pero HOY con franqueza confieso que quisiera tenerlo, aunque a mi me quedó la mejor parte el tiempo compartido, sabias enseñanzas y un amor que permanece.

    Bellísima poesía!!!

    Muchas bendiciones :o)

    01/04/11 12:04

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