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Uno Sabe que Ha Llegado a la Infancia Cuando Se Da Cuenta que Va a Morir.








Uno sabe que ha llegado a la infancia cuando se da cuenta que va a morir.




A lo mejor todo lo que nos ocurre en la vida no es más que una larga preparación para abandonarla, en lo que nace, tanto podemos sentir lo que nace como pensar lo que ha de morir.
Veo cómo veía, pero por detrás de los ojos me veo viendo; y sólo con ello se me oscurece el sol y el verde de los árboles es viejo y las flores se marchitan antes de aparecer.

Qué tristeza da ver a todas las mujeres progenitoras de pie, cuando en su vientre, sobre el que, a pesar suyo, se hayan dos frutos: un niño y una muerte. Su sonrisa densa, casi opípara en su rostro tan vacío, ¿no vendrá quizás de que sienten a veces crecer en ellas el uno y la otra?

Nacer no es una experiencia, porque es accidental: nos pasa sin más, involuntariamente. La muerte sí constituye una experiencia, puesto que nos sobreviene contra nuestra voluntad.
Para los supervivientes, la muerte inesperada es como un insulto. Protestan indignados como si dijeran: ¡qué indiscreción!

La incredulidad ante tu propia muerte crece en proporción a su proximidad y es que en efecto, es imposible imaginar nuestra propia muerte; y siempre que lo intentamos advertimos que de hecho seguimos estando presentes como espectadores.

Pero si ya sabemos que nada revela tanto la pérdida de un individuo como la continuación de la vida en el mundo, que se aleja cada vez más de los ojos que ya no lo podemos mirar.

Los cielos, sonrientes, se deslizan sobre nuestras cabezas contrariadas sin una sola sílaba.

El sol es para mí el grueso ojo del mundo que me mira con sumo deleite mientras yo me retuerzo en mi tristeza.
Y ahora qué sé que todo acabará, e imagino la nada, me doy cuenta que imaginar la muerte es haber sobrevivido a ella.
En lo sucesivo tendría que tratar a las cosas como son, no como me las imaginaba, pues esta es una nueva versión de la realidad.

En realidad da igual agarrarse de forma crispada a la vida, la vida pasa inexorablemente junto su aliado el tiempo. Siempre hay un último latido, y una imagen que te lleva al off definitivo, la tele se apaga, la vela se consume, no hay escusas, siempre hay un final, un [The End] sin tiempo ni espacio para criticar o elogiar la película de tu vida.

Todos sabemos que nos podemos echar atrás ante los sufrimientos del mundo, y de hecho eso es lo que corresponde más a nuestra más íntima naturaleza. Pero como dice Kafka, quizás ese echarte atrás es el único sufrimiento que podrías evitar.

Quizá estoy aprendiendo a vivir otra vez entre los vivos. Practicando, quiero decir. Pero no, no es eso. Estar aquí no es más que una manera de no estar en otra parte.

Nada es de ningún sitio concreto y el estado más lúcido del hombre es no tener nada y sentirse extranjero siempre.

Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo por perder. Ya se está indefenso. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón.

La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo, y para muchos un favor.

La muerte hace ángeles de todos nosotros y nos da alas donde antes teníamos sólo hombros suaves como garras de cuervo.

Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.

La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.

La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo.
Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte, los valientes gustan de la muerte una única vez.

El día de tu muerte sucederá que lo que tú posees en este mundo pasará a manos de otra persona. Pero lo que tú eres será tuyo por siempre.

Muerte es todo lo que vemos despiertos; sueño lo que vemos dormidos.
La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.

Te veo tan cerca y tengo tantas ganas de conocerte, llevo tanto tiempo esperándote, supe que había llegado mi infancia cuando tuve conciencia de algún día moriría, desde aquel día no entiendo por qué me has dado la espalda, que tengo yo que no tuvieran los demás, acaso temes tu muerte que si yo muero mueras tú también, nunca debiste traerme a este mundo, yo no te he tenido nunca miedo, siempre fuiste mi amiga, aunque como casi todo lo vivido sé que me vas a traicionar y no serás eterna conmigo, ese es tu desdén, tu desgracia, tu pena, el amor igual que tú es eterno, pero el amor es mágico, si existió, nunca se olvida, reina por los siglos de los siglos, y es el inicio de la vida, tú muerte solo eres un punto final, eres lo que lo acaba todo, el amor aquello que lo empieza.




Polaris28 de agosto de 2019
Archivado en:
reflexion

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2 Comentarios

  • Luia

    Te leo, Pol.

    Abrazo enorme

    29/08/19 04:08

  • K03g

    Tremendo

    08/09/19 12:09

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