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Caminando Sobre un Sueño

Y allí estábamos, caminando entre árboles, aislados de la civilización, rodeados nada más que de naturaleza. Pese a haber crecido acorralado de tanta tecnología, este era el plan perfecto para mí (o se le acercaba al menos). Puede que ella también fuera la persona perfecta, me había pedido dar una vuelta sin apenas saber algo de mí. Excepto mi nombre no conocía nada, el resto no le importaba. Claro que... Yo estaba en las mismas condiciones, no sabía de dónde era, ni su edad... Pero me daba exactamente igual. Aquello que me transmitía no lo había sentido antes. Podría ser la mayor asesina en serie del mundo que no me importaba, no quería saberlo.
Por el camino me habló de su vida, de su abuela que vivía en Alemania y a la que quería mucho, del trabajo tan interesante que tenían sus padres, por el cual no podía pasar mucho tiempo con ellos. De hecho, debido a esto último, tuvo que cambiar varias veces de colegio, cosa que hizo que no tuviera más que unos pocos amigos. No hacía mucho que se acaba de mudar nuevamente, yo era lo más parecido a una amistad para ella. Si ella me lo permitía no dudaría en ser su amigo.
Nos sentamos un rato en la hierba de un cerro cercano, desde allí podíamos contemplar el pueblo. En un momento de silencio me quedé contemplando sus ojos y, como no podía ser menos, me pilló con las manos en la masa.
- ¿Por qué me miras? Estás muy callado. ¿Pasa algo?
- No, perdona, miraba tus ojos, son muy bonitos.
- Gracias, los tuyos también lo son.
- Los tuyos son azules, los míos marrones.
- Pero tienes las pestañas largas, me gustan.
Ella sonrió y apoyó su cabeza en mi hombro. Me cogió de la mano. Mi corazón cobró vida en ese momento, parecía querer salirse del cuerpo. Intenté relajarme, por nada del mundo iba salir corriendo tras él, dejándola a ella allí, en el césped. Tenía sentimientos encontrados, parecían haberse reunido todos y estar celebrando alguna fiesta. No sabía si llorar, reír o ponerme a saltar. Su actitud no podría ser más que un signo de cariño o amistad hacia a mí, pero para mí ya era mucho todo aquello. No quería que fuera otro desengaño a los que estaba tan acostumbrado. Era tarde y lo mejor era regresar a casa. Allí volvíamos los dos, ella caminando sobre un manto de hojas y yo sobre un sueño del que no quería despertar.
14 de octubre de 2017

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2 Comentarios

  • Antoniof.lee

    El amore ,sentimiento piu grande de la vita.Bien expresado Raul,y además sin caer en la ñoñeria que suele ocurrir con este tipo de
    textos,algunas veces.Bravo..Saludos cordiales....

    15/10/17 10:10

  • Raul_amon

    Pues sí, el amor es de los sentimientos más grandes que puede haber. Gracias por comentar, Antonio.
    Saludos!

    15/10/17 11:10

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