Dos Extraños En un Mismo Lugar

Publicado por Raul_amon el 31 de octubre de 2017.
Ella hacía como si no pasara nada, como si todo estuviera bien. Sin embargo, no era así. Tocaba el piano, su canción favorita, la que tanto a él le maravillaba. Lo trataba cual objeto de mucho valor, del que por nada del mundo querría deshacerse, pero aquello no entraba dentro de sus planes, de un momento a otro haría la maleta y lo dejaría allí solo, abandonado. No era algo improvisado, era una idea proyectada en su mente desde hacía días. Intentaba ocultar su intención actuando con normalidad, con relativa normalidad. Se recostaba sobre él en el sofá y seguían viendo juntos sus programas favoritos. Lo seguía abrazando con fuerza, como en la primera vez. Incluso seguía amándolo por las noches, cuando la luz de la luna iluminaba sus cuerpos desnudos, acostados en la cama. Una vez sofocado el fuego, se permitía pronunciar un "Te quiero" que en su interior ya no sonaba igual. Cuando él marchaba a trabajar, aún amaneciendo, ella aprovechaba su ausencia para vestirse, coger el autobús y poner tierra de por medio, durante unas horas, para ver a su amante, a su nuevo enamorado.

Él seguía dentro de una burbuja, de un mundo irreal. Vivía completamente engañado, ajeno a todo lo que pasaba por la cabeza de la joven con la que convivía. O eso era lo que la hacía pensar. Él ya intuía lo que estaba ocurriendo, sabía que esos "Te quiero" no eran sinceros, o al menos no eran sentidos en igualdad de condiciones. Conocía su mirada y sabía que no era la misma que cuando sus palabras desprendían veracidad y pasión. Aunque ella intentara disfrazar sus sentimientos, él notaba que sus abrazos ya nos desprendían el mismo calor ni la misma intensidad. Cuando ella marchaba a trabajar, él la observaba desde la ventana pero la joven ya nunca giraba su cabeza para saludarlo desde la distancia. Todas esas cartas que la escribía a escondidas ya no tenían ningún sentido, no eran más que yesca para encender un fuego que ya no había en su interior. Sabía que, tarde o temprano, aquel lugar no sería más que un vestigio de todo lo que allí había acontecido, pero no quería ser él quien terminara con aquel cuento imaginario.

Eran como dos extraños coexistiendo en un mismo lugar, en distinto lapso de tiempo.

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