La Mascara



Del otro lado de la línea, guardadora del espanto, estuvo erguida, levantada la cabeza,

ningún demonio de este mundo podría doblegar su espíritu ni su guía.

La conciencia de tener alma en el cuerpo, enlaza como testigo libre de su

sentir, sin el lastre esperpéntico ni anacrónico de su furia ciega.

Relinchos nacen de la misma explosión de la vida, entreveer su cabello al viento,

sediento de vida, se apasionó de su sustancia, con los ojos muy abiertos, guardó sus gestos

dolientes, para desvanecer los misterios metafísicos.

Sintió un insobornable deseo de descansar, de olvidarlo todo, de las tretas de unos y otros

y del enorme lapidario de su presunta muerte.

Mientras suspira un amor, la máscara que lleva en su bolso, le da alas para hacer

lo que siempre quizo, sin reparos, sin hábitos morales que le parasen.

Carente de voluntad, el título de un poema recalcó lo que imaginaba,

realizaría su deseo a costa de cualquier espejismo o restos del ocaso.

Intercambio de caricias, goces, suspiros, besos, no permite por más tiempo

la resistencia y rechazo, es cuando rompe las ataduras impuestas y consigue su dicha.

La inmensidad del universo se hizo una con ella.

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1 Comentarios

  • Diegozami

    Estimada Regina, siempre me sorprendes en tu evolución sin limite.
    Tu viaje encantado en una gran frase final "La inmensidad del universo se hizo una con ella".

    Saludos siempre.

    09/09/18 06:09

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