Desapareciste

Publicado por Reid el 25 de diciembre de 2016.
Ahí estabas tu, sentado en el mismo sitio de siempre, al otro lado de la sala estaba yo, tratando de mantener una conversación trivial con mis amigas, al igual que todas las mañanas. Y es que esta historia va de rutinas, por que tu te sentabas cada mañana durante 5 años en el mismo sitio y yo te miraba tratando de encontrar la valentía para hablarte. Quizás fuese la forma en la que mirabas el cielo cuando estaba despejado, o la mueca de interés que se formaba en tu rostro cada vez que comenzabas un libro nuevo, pero me resultabas sumamente interesante. Parece que fue ayer cuando le dije a la que por entonces era mi mejor amiga que quería conocerte, una mueca de asco y espanto se formó en su cara, no recuerdo las palabras exactas que me dedicó pero si su tono, era una advertencia, y estaba cargada de falsa preocupación, fingí espanto tras su advertencia, aunque ambas sabíamos que tu no suponías ningún peligro, mi amiga solo estaba tratando de protegerme, nos metería problemas si no seguía las normas de la jerarquía social, aunque pensándolo bien quizás nunca estuvo preocupada por mi, más bien tenía miedo de lo que pensaban de mi, que por consiguiente, le afectaba directamente a ella. Lo dejé pasar, mi mejor amiga me lo había pedido, y ahí cometí mi primer error, dejar de ser lo que yo quería ser por subordinarme a los deseos de los demás, fuesen quienes fuesen. Siempre que hablaban de ti era para alimentar un nuevo rumor, si no contaron más de cien historias diferentes, no contaron ninguna, aún siento rabia al pensar en todo lo que te llamaban y como tu te mantenías impasible, te encogías de hombros y rodabas los ojos, quizás fue por eso que me sorprendí tanto cuando te metiste en aquella pelea, en el momento no entendí que era lo que tanto te había enfadado, "esquizo" no entendía que significaba, no lo entendí hasta hace relativamente poco, hasta que fue demasiado tarde. Al llegar a mi casa le pregunté a mi madre que significaba, quería entenderte, de verdad que quería. Ella me dijo que era una enfermedad que te hacía abstraerte de la realidad, tener alucinaciones y que cambiaba tu personalidad en cuestión de segundos, eso me fascinó,

Cada día tenía mas ganas de hablar contigo y contarte que yo también me sentía así, que a veces me olvidaba del mundo, que mi cabreo era de combustión espontanea y que no eras el único diferente, yo me sentía igual que tú. Ahora me doy cuenta que si hubiese ido a hablar contigo y te hubiese contado aquello te lo habrías tomado como una burla, habrías creído que era otra de esas personas asustadas. Lo que realmente les pasaba era que tenían miedo, no te odiaban, el problema era que no sabían como afrontar la realidad, es muy difícil ver un color nuevo estando acostumbrado a una escala de grises constante. Últimamente ya no sonreías tanto, ni ponías esa adorable mueca de concentración, ¿que te estaba pasando? Estabas ido, pero no de la forma de siempre, ahora parecías apagado. Me harté de esperar a que volvieses a ser el mismo de siempre y decidí tratar de hacer algo por mi cuenta, ahí fue cuando me acerqué a ti y te hablé, podía ver la confusión en tus ojos grises cuando me senté a tu lado y te ofrecí un trozo de mi bocadillo, supongo que no te lo esperabas, tranquilo, yo tampoco. No tenía reloj, y no se cuanto tiempo pasó, pero ojalá hubiese sido eterno, tu me hablabas de la novela que estabas leyendo, y yo escuchaba con atención para después contarte un poco de que iba la historia que estaba escribiendo, te prometí que uno de mis personajes tendría tu agudo sarcasmo, ¿te acuerdas? Seguro que no. Y así pasamos las siguientes dos semanas, ya no traté de forzar más conversaciones triviales, me bastaba con sentarme a tu lado para que las palabras fluyesen, eras especial, siempre lo habías sido. Mis amigas estaban enfadadas, pero a mi me daba igual, no necesitaba su aprobación, tu amistad era todo lo que yo estaba buscando, me hacías sentirme intelectualmente inquieta como poca gente podía hacerlo, y cuando hablar contigo se había convertido en la mejor de mis rutinas, despareciste.

No hubo ni un adiós, tampoco un me voy, no dijiste nada, simplemente dejaste de estar, te esperé, esperé en tu sitio durante días, pero nunca volviste, y yo en parte lo entendía, nada te ataba a nuestro colegio, y mucho menos a mi, aun así esperaba que tuvieses alguna buena razón para quedarte, o una mejor excusa para irte. Se que no fue mi culpa, pero debí haberte hablado antes, pude haberte apoyado, quizás si te hubiese defendido más te habrías quedado, hubieses sonreído más. Y aunque no te conociese, ya te estaba echando de menos. Me gustaría encontrarte de nuevo, ofrecerte mi amistad una vez más, por que he aprendido, solía ser la típica persona que se sentaba al borde del andén, tratando de decidir si saltar, coger el primer tren que pasase o irme. Podía pasar horas con los auriculares puestos paseando por cualquier lugar con tal de olvidarme de la realidad, pero nunca era suficiente, pero he aprendido a saltar al vacío sin red ni seguridad alguna, así que, querido y añorado desconocido ven a mi lado, y saltemos juntos, te prometo que mientras caigamos no te soltaré, el ruido de la sociedad no será tan ensordecedor cuando estemos enfrascados en nuestras propias conversaciones. Vuelve, déjame quererte, y dime ¿donde has estado?

4 Comentarios

  • Luzponce

    Muy buen texto, lo ame.

    03/03/17 06:03

  • Dairo

    Es un texto que una vez comenzada su lectura, te toma de la mano y te acompaña hasta que lo finalizas, nunca te suelta, muy bien logrado, en hora buena Reid, me gustó mucho.

    13/03/17 03:03

  • Reid

    Muchas gracias Luzponce :)

    14/04/17 03:04

  • Reid

    Es un placer leer comentarios como el tuyo Dairo, un abrazo.

    14/04/17 03:04

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