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Disociación

El ruido de los coches es un murmullo ensordecedor desde mi ventana. Me sirve como recordatorio constante en mi aislamiento autoimpuesto de que el tiempo no se detiene incluso cuando dejas de sentirlo. Puedo percibir como cambia la luz a mi alrededor, la esfera rotando y trasladándose alrededor del sol a una velocidad vertiginosa, pero a cámara lenta.

El goteo del agua de la ducha me recuerda a un grifo mal cerrado y al instante siguiente siento como me sepulta una catarata. Los olores se mezclan con la espuma y mi visión se vuelve borrosa, todo parece estar ahí, pero la tan inexplicable forma de su existencia me resulta agotadora.

La opresión en el pecho desaparece y se convierte en una vibración parecida a la que intuyo que se sentirá al realizar una buena meditación, o así lo asocio. Me gustaría escribirte una narrativa coherente pero la abstracción me embriaga.

Siento mi cuerpo como un caparazón que comienza a desprenderse, endeble y frágil, a la vez marchito como una flor de primavera que ya ha terminado su ciclo vital. Y no comprendo entonces nada más allá de las explicaciones biológicas que me esfuerzo en repetir. Que mi consciencia habita dentro del cráneo como si no fuese un ente propio, aunque esta idea me resulta difícil de creer, puedo moverme, pero el proceso que lo lleva acabo me resulta poco autentico.

Se supone que mi cabeza está ordenando sin palabras a todo el organismo que la alimenta como debe de funcionar en todo momento y ese solo pensamiento me resulta lastimero. ¿Estoy esclavizando mi propio ser?

Más allá del estado físico todo se vuelve difuso, los patrones que me obsesionan parecen mantras que no estoy dispuesta a soltar, a su vez, no consigo explicarlos como si todo aquello que existe fuese simplemente azar.

Pienso en Nietzsche y su “las palabras son conceptos deslustrados” y sin sentido mi mente vuela a la simetría de Wes Anderson y su simetría, las traiciones y heridas que no resultan mortales pero que nunca llegan a cerrar, en un hogar desestructurado, y al instante en mi nace un sentimiento de tristeza por el (o quizá sea por mí, no lo sé). Luego paso a Proust y su "en busca del tiempo perdido” que ni yo he terminado de leer él ni probablemente él nunca quiso terminar de escribir. Abrazados a este concepto en mi mente aparecen Hegel y Dalí, me incomoda este pensamiento, no soporto a ninguno de los dos.

Y no sé cómo, pero vuelvo a mi ventana, o al menos se le parece. La Clef des champs (La llave del campo) de Magritte simplemente se asemeja a lo que yo estoy viendo, aunque el paisaje sea de todo menos similar.

Te diría que te estoy escribiendo lo que pasa por mi cabeza, pero te estaría mintiendo, que es lo que siento, pero tampoco sería verdad. No sé si algo de lo que hay en este papel es cierto o una ilusión, lo cierto es que tú quieres saber lo que pienso, pero yo también quiero saber lo que pienso.

Creo que estoy contando la historia del hombre que está cayendo de la película el odio, que se repite que todo va bien en el descenso, pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje.

Mis principios parecen diluirse lo suficiente con el adderall como para hablarte de verdad, aun así, no confío en que lo que te cuento sea verdad, más allá de mi voluntad por descubrir que es esto está mi capacidad limitada para explicarme.

Ojalá alguien te quiera como te quiero yo, que alguien te odie como te odio yo.
Reid23 de septiembre de 2020

3 Recomendaciones

3 Comentarios

  • Clopezn

    Dejarse llevar en el caos del pensamiento es una buena forma de soltar lastre y desenmarañar ese pensamiento.
    Un saludo cordial.

    25/09/20 11:09

  • Remi

    Buen texto Reid, me ha gustado mucho. Veo en tu escrito meditación en un mar de preguntas.
    Un abrazo.

    27/09/20 06:09

  • Patroclo

    A veces, para tomarle el pulso a la verdad es preciso romper el cristal opaco de lo establecido.

    He disfrutado mucho de este texto. Para mí, una invitación a cuestionar lo ambiguo de la percepción. Me pregunto si has mencionado a Dalí y Hegel por ser contradictorios entre ellos o por compartir un vínculo que desconozco. O simplemente porque no te gustan.
    Un placer haberte descubierto.

    18/10/20 03:10

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