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Motor.

Cuánto necesitaba ponerme el casco, las gafas, el abrigo, coger las llaves y salir corriendo, oliendo a polvo y a gasolina, dejando que el viento se lleve mis pensamientos, sin importarme el barro ni los charcos, pisando a fondo para dejar de pensar, para dejar atrás todos los problemas, para descargar esa adrenalina acumulada de toda la semana... Y llegar a casa calada hasta los huesos, con un color totalmente distinto de ropa, irreconocible, pero feliz, con una sonrisa de oreja a oreja.
Sagutri07 de diciembre de 2015

2 Comentarios

  • Imigueldiaz

    Precioso microrelato, creo que se capta bien la emoción que describes :)

    07/12/15 05:12

  • Sagutri

    Gracias por dedicarle tu tiempo :)

    11/12/15 02:12

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